martes, 28 de julio de 2026

ESPACIO POÉTICO



Los poetas sobreviven y se entienden entre ellos en "los apartes". Recobran fuerzas en los "descansillos" de la vida cotidiana. Nada les es ajeno, porque aman la vida y todos sus entreactos. Escribo, forjo, construyo, hago camino, comparto para entenderme, para encontrarme entera en mi unidad, para seguir tejiendo mi deseo, para recordarme que todo lo que me sucede le ocurre también a los demás. Para que otros labios me dejen sin aliento.

Elena Larruy


BESTIARIO DEL DESEO de Juana Gallardo.


AQUÍ ESTOY, ESTA SOY

Poco a poco recobro

a la que he sido.

No a la que he sido en esta vida

o en otras

en las que me cuesta tanto

creer,

sino a la que tejió mi deseo,

a la que, en mi imaginación,

ha vagado,

con el anhelo de ser algún día

algo más que un esbozo.

Aquí estoy, esta soy.

La cobarde y

la que saltó a mil abismos,

la que habló sin cesar

y la más silenciosa.

Soy aquella que,

cuando todo parecía perdido,

logró salvar el amor.

Ahora que la materia pierde

perfiles y formas,

ahora que los ojos impacientes

dejaron de buscar horizontes,

ahora que ya no hay

nada más que el ahora

aquí estoy

esta soy.


EL MIEDO

Te he guardado dentro

como botella

con tapón bien ajustado.

Tienes el sabor a astilla

de las almendras verdes,

su dureza.

y para digerirte he tenido que tragar piedras

igual que los caimanes.

Pero la vida es efímera

como un haz de luz inesperado

y, aunque nosotros, los vivos,

no lo sepamos

nada distingue a un muerto

de otro muerto.

Te dejo aquí, amante vacío

de alcobas clandestinas.

Te dejo con la soledad del vencedor

pues solo los vencidos aprenden

a hacerse compañía.


LA VEJEZ

En cada estación del año

me parece

habitar algo de ella.

No creas que voy a decir

que me convierto

en

tormenta

amapola

ola de mar

hoja seca.

En cada estación

me siento

un poco más vieja

y, como esto de envejecer

cuesta tanto,

me dan ganas de dejarlo todo

y encerrarme en casa a dedicarme

solo a eso:

a hacerme vieja

y a hacerlo bien.

Pero luego entra el sol,

o me da en la calle

una racha de aire fresco

y se me olvidan estas zarandajas.

Me pongo de nuevo

a escuchar al mundo

y a cantar

las canciones

que me llegan de él.

Y se me abren las alas de grulla

y otra vez estoy dispuesta

a viajar donde sea,

a donde el aire me lleve:

sin pensar en nada.



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