Obra del escultor Davide Dall´Osso
Se apaga el verano con la luz de los días. Es septiembre un mes esquinero de despedidas y de reinicios donde cambian las intenciones, la identidad de los actos y los atuendos de los roperos. Es también un tiempo de vendimia y de recogida, de saborear los recuerdos dulces del último verano y de valorar los amargos. Porque nada es, ni pasa en vano. No son los propósitos una carga cuando se persigue la conquista, si le ponemos empeño y corazón a la intención.
Son las seis y cuarto de la mañana, me despierto temprano. Estoy en la hermosa ciudad imperial de Viena mientras escribo estas palabras, he venido con mi amiga Carme. No importa donde me encuentre, me gustan todos los amaneceres que me despiertan y me traen la luz y la calma que necesito, preparo mi primer café del día y me siento a escribir, quiero acabar el texto, septiembre está encima.
El Meteosat anuncia un descenso de las temperaturas, que será un día de tormentas y de lluvias, probablemente eléctricas, que de cara al medio día tendremos nubes y claros. El estado del tiempo es como el de las personas, siempre variable: de ánimo templado, de sangre caliente, de corazón helado, de sentimientos inestables. Adaptable y voluble, polivalente como las conversaciones de los adultos rellenando silencios incómodos cuando se encuentran y no tienen nada que decirse.
En la climatología como en los accidentes cotidianos que a menudo nos suceden, hay mucho margen de error, salvo cuando un tornado de guante blanco y origen desconocido fulmina tu ordenador y te deja en estado de shock dos días, que es lo que me sucedió a mí el pasado verano, cuando me disponía a trabajar en un relato. Arrasó todos los registros que encontró en su batida. No hubo indulgencia, ni posibilidad alguna que salvara el contenido de mis archivos.
Lo cierto es que existen nubes que conservan memorias, discos duros con recordatorios a modo de trasteros, como yo los llamo, donde se guardan y almacenan todo tipo de cosas al desgaire, sin ningún arbitrio. Muchos de ellos de nulo interés operativo, que los sistemas que operan en nuestras computadoras y en nuestras vidas los almacenan a su manera, restando capacidad. Y yo que soy de otra época, no acostumbrada a la tecnología dominante de este momento, no puse la atención necesaria para evitar las consecuencias de ese accidente en el que perdí trabajos de valor.
Cuando no me ocupo bien de mí y de mis cosas, se acaban dando circunstancias mil, que otras personas o sistemas las gestionan de manera impuesta, entendidas y finalmente aceptadas. Ese atropello me obligaba a poner atención y enmendar errores de orden en mis cosas, las que realmente son importantes para mi trabajo. Lo vuelvo a recordar ahora, en el mes nueve, donde se abren las oportunidades, los retos de las nuevas etapas, para hacer posible renovar la belleza de tantas cosas como son necesarias. Andamos todos muy atropellados, en un clima de temperaturas elevadas, que modifica nuestro estado de bienestar por un lado y por el otro, nos induce a comportamientos que anulan nuestra voluntad y nos arrollan como un tornado.
Las nubes deberían estar para soñar, imaginar, fantasear, desahogarse y echarse a llorar de tanto en tanto, cuando el cuerpo lo pide; no para guardar memorias con resacas, obsoletas y trasnochadas, sin vitalidad alguna, que embotan y restan capacidades. Otra cosa es ocuparse en conservar aquello que consideramos importante. Ser activos y selectivos; reflexionar, elegir, pararse a pensar en cómo hacer bien las cosas, avanzando con el fluir de la vida, para volver a empezar tantas veces como sean necesarias.
La actitud ante los sucesos es determinante. Las situaciones que no podemos cambiar nos desafían a hacer cambios en nosotros mismos. Durante este verano he cambiado de país en cuatro ocasiones, en dos de ellas mi teléfono itinerante se bloqueaba; la primera vez me obsesioné pensando que debía ajustar algo que desconocía; revisaba las configuraciones y no conseguía línea, la segunda pasó algo parecido, hasta que finalmente alguien me dijo: apaga tu teléfono y vuélvelo a encender, y así es como funcionó y se acabaron los problemas. Los reseteos tecnológicos y los reinicios ordenan nuestros aparatos y nuestras vidas, nos ponen en línea y dirección.
Si hay un mes propicio para el cambio, este es septiembre, como empecé diciendo, Hay que darle cuerda al corazón y a la cabeza, van juntos de la mano, como las dos saetas del reloj.
La humanidad evoluciona porque supera lo que es y lo que tiene, y lo hace cambiando conductas y hábitos que le abren caminos y puertas nuevas, deja en nuestras manos las herramientas necesarias, los maestros, los libros, a las personas que nos van a acompañar. Todo nuestro trabajo consiste en volver a empezar, porque la vida no envejece, continua y se renueva, siempre está en marcha. No solo en movimiento giratorio circular, sino también ascendente, lo que significa en evolución. Cuando nos atascamos, la vida nos manda fontaneros con formas políticamente incorrectas, pero que acaban solucionando nuestros desajustes. Para evolucionar, escribió Siddhartha, hay que dejar morir una versión antigua de ti: un hábito, una excusa.
En nuestro trabajo diario ─no en el sacrificio y la resignación─ se gesta la belleza del esfuerzo que mas pronto que tarde dará su fruto. Entonces el mundo se vuelve más amable, dispuesto y colaborativo, nos sonríe no solo a nosotros, sino a todo lo que es, porque estamos contribuyendo en cocrear conjuntamente nuevas realidades, que mejorarán las condiciones de vida de todos, en especial de los que más lo necesitan. Eso es belleza y progreso.

Como bien dice tu texto, septiembre es inicio y a menudo cambio. Para poder avanzar hace faltar andar y no se puede andar sin propósito . Andar por andar es terapeutico y nos hace falta , solo andar sin propósito puede llevar-te a girar en redondo sin llegar a ninguna parte. Estoy de acuerdo que septiembre es un buen momento para renovarnos, al menos a mi me funciona y a menudo mis propósitos se materializan más y mejor que para fin de año. Buenos inicios para ti tambén Elena en este septiembre. un abrazo
ResponderEliminarGracias Carmen, compañera de viaje y de fatigas, hemos hecho muchos kilómetros juntas este verano, nos hemos traído bonitos recuerdos de muchos lugares visitados y de todo lo vivido. Ahora comienza otra etapa a superar, a seguir aprendiendo y siempre disfrutando, según entendemos nosotras la vida. Gracias por tus consejos. Un abrazo
EliminarEs cierto lo que comentas, Septiembre podría ser un mes de reflexión debido a que normalmente se vuelve a la normalidad, cada uno a la suya.
ResponderEliminarLa verdad es que yo los ajustes y objetivos me los marcaba al final de Diciembre. Ahora no, ahora lo dejo en esa nube que llamo Todo,
pues ahí está lo que hay y lo que no se ver.
Gracias por compartir, gracias por tus relatos y gracias por esa fuerza que te impulsa a que tus amigos te queramos, cada dia, un poco mas.
Un abrazo muuuy fuerte y gran beso.
Gracias por tu comentario, tus palabras de cariño y de M.Dolors, que agradezco de corazón y por supuesto por tu comentario. Nos vemos pronto amigo. Un abrazo fuerte
EliminarQuerida Elena tus relatos siempre invitan a la reflexión. Me encanta la idea de ver Septiembre como un tiempo de reinicio, de poner orden, de soltar y volver a empezar. Me gusta como entrelazas los recuerdos, la tecnología, los viajes y los cambios interiores, por que dejas resonando la idea de que la vida no envejece si no que continúa y se renueva constantemente. Gracias por compartir tus maravillosos relatos.
ResponderEliminarQuerida Carol, gracias por tus lecturas, por encontrar las mías siempre interesantes, por el acierto de tus comentarios, por entenderme también como lo haces. Personas como tu, que dan valor y ponen oído a la experiencia de los que llevamos viviendo más rato, nos enriquece a la gente de mi edad. Nos hace estar más vivos. Me siento igual de agradecida contigo. Te envuelvo con mi cariño.
ResponderEliminarSiempre he visto septiembre como un volver a la rutina, cuando de verdad es un volver a empezar. Me encanta el aliciente de volver a empezar y la esperanza de lo nuevo a lo que sea. Me has dado un nuevo enfoque de la vuelta. Muchas gracias y un abrazo Elena querida.
ResponderEliminarEs todo un poco, el enfoque y la perseverancia en el proyecto, la ilusión, el deseo por la conquista...todo nos ayuda a superar las vueltas, para vivirlas como nuevos comienzos. Gracias por tu comentario amiga M.Cruz. Un abrazo
Eliminar