miércoles, 27 de mayo de 2026

LA AMISTAD



Cuando conocí a Darya

Ayer conocí a Darya, vive en mi mismo edificio, a escasos metros de mi casa. Quien me iba a decir después de tantos años viviendo aquí en esta casa que iba a conocer a una escritora que vive en mi mismo portal. Claro que por lo que acabo de conocer ella solo lleva dos años viviendo aquí, poco después de conocer a su pareja. eso explica porque no la conocía de antes.  Darya es Bielorrusia, llegó un día de de vacaciones a nuestro país con dieciocho años  y ya nunca más lo dejó. Siempre sintió una especial atracción por España, hizo de este país su casa. No fue fácil al principio, echaba de menos a su familia, se sentía muy sola, pero tenía claro que la clase de vida que su país le ofrecía no era para ella.
He de admitir que antes del encuentro busqué en el mapa donde estaba este país en conflicto, del que tenía noticias  por los telediarios, con escaso interés por mi parte. De él cuentan que tiene un presidente dictador que no logran echar de su mandato ni con cubos de lejía. Un hombre tramposo y corrupto, nos cuenta Darya, que controla y maneja al pueblo desde el año 1994, como si fuera su propia hacienda.

Es Bielorrusia un país pobre en recursos, apenas algo de agricultura y una estructura industrial de carbón y minería, de pequeño valor, que conserva, de cuando perteneció a la Unión Soviética.  Las posibilidades de desarrollo profesional son escasas y pobres, por eso ─ Cuando me fui  y conocí España ya no volví, nos cuenta Darya. ─Mi país tiene poco interés extranjero, su economía es pobre y sus recursos también, tan solo Rusia la sostiene con sus importaciones,  manteniendo un interés estratégico  por tratarse de un país fronterizo con Europa. Nadie más defiende la tremenda injusticia que se está cometiendo en su territorio. Se cuenta de Lukashenko, su dictador, que lleva años gobernando, reelegido a base de hacer trampas en las urnas. Esta vez han sido las nuevas generaciones de jóvenes los que se han sublevado y han salido a pelear por sus derechos a las calles, indignados de sus tropelías, cansados de tanta injusticia y miseria como sufren sus habitantes,  mas de  9.400.000.  Lukashenko se defiende con fusil en mano como si estuvieran liberando una guerra en la jungla, para impedir que nadie le usurpe su poder. Tiene comprado al ejército, subyugado y atemorizado al pueblo, sin que nadie pueda hacer justicia y devolver el poder a las urnas de manera fiable y trasparente.  

Son ahora poco más de las seis de la mañana, Darya es una apasionada de la escritura, me contó que ella también se levantaba temprano, que era su hora preferida; a esas horas la mente está despejada, los pensamientos claros, se ordenan mejor. -Mi pareja es diseñador gráfico, me contó. Trabajamos los dos en casa, él en el salón, yo en la habitación del fondo, en la misma que escribo yo tres pisos por encima del suyo. Estoy muy entusiasmada de tener una mujer escritora tan cerquita. Ya he dicho que siento admiración por ellos y también mucho respeto por este oficio, que para algunos es arte. Darya tiene publicados dos libros. Puedo aprender de ella, quiero hacerlo, yo tan solo soy una principianta. Seguro que puede enseñarme muchas cosas. A ella y a mi nos separa la edad, podría ser mi hija. Es una joven madura, dulce, despierta, delicada en el trato. Nos cuenta que Eloy y ella viven con dos gatos, que  adoran, que es feliz con el, que es un "angel" que la salvó cuando su vida se torció e iba en caída libre. Acababa de salir de una relación tóxica. Durante un largo tiempo había estado viviendo con una persona que la anulaba psicológicamente. Lo cuenta en su libro. Le costó darse cuenta. Finalmente lo hizo,  logró alejarse y  huyó, no antes de aconsejar a su maltratador  que debía ponerse en manos de especialistas para que le ayudaran: se estaba destruyendo y destruía la vida de las personas que tenía cerca, a lo que este le contestó que antes que ponerse a deconstruir su vida para volverla a construir prefería dejarla como estaba. Uno no puede por más que imaginar ¿Qué vida estará desmontando ahora?

 Darya dice haberlo perdonado, porque ya no le odia y le desea lo mejor, a lo que Andrea, mi querida amiga Andrea, que también participaba en la charla y vive en el mismo edificio, le preguntó: ¿pero serías capaz de decirle: te amo. No como pareja claro, sí como hermano, de alma a alma. Dicen que hasta que no se perdona así no se perdona de verdad.  Sorprendida Darya le contestó con un rotundo no, hasta ahí no, a lo que Andrea le contestó que el perdón no es completo si no sabes decir esas palabras. ¿Cómo puedo decir te amo a una persona que me ha hecho sufrir tanto? le dijo Darya. El Ho`oponopono te enseña, ¿Sabes lo que es? No respondió ella. Es una técnica de sanación que consiste en repetir un mantra: Lo siento, perdóname, gracias, te amo. Decir a una persona que te ha maltratado, te amo, es perdonar de verdad. Es saldar una cuenta. Es limpiar tu corazón de toda mancha.  Darya repitió, de verdad, que no le deseo ningún mal,  pero nunca podría decirle te amo.  Me cuentan los amigos que cuando oye mi nombre no quiere escucharlo, también que me sigue maldiciendo. Fruto de esa relación tan dañina  aparecieron trastornos que se convirtieron en una fibromialgia que me rebrota cada vez que entro en crisis por un problema o una tensión y que debo tratar con relajación y cuidando mucho la alimentación. Hago yoga cada día y también algo de ejercicio, sé lo importante que es,  por lo demás me siento afortunada de estar con la persona que me rescató de ese infierno y que me demuestra quererme.

Ayer fue una tarde diferente, conocer a esta joven y talentosa escritora de tan solo treinta y ocho años. Nos llenó de alegría a mi y mi amiga Andrea.  Charlar con ella, juntas las tres mientras  nos comíamos un delicioso bizcocho preparado por ella misma nos llenó de buena energía a las tres.  Darya se presentó con dos libros que había escrito ella, uno para cada una,  con sus dedicatorias. Nos contó no sentirse muy orgullosa, pues ahora con lo que sabía lo escribiría de otra manera muy distinta. El libro hablaba de su  historia personal con la persona que la maltrató - aunque ella nunca lo llamará así-  y de la relación que mantuvieron desde que se conocieron hasta su separación. 

El libro que leí, apenas salió por la puerta, estaba tratado de manera valiente y respetuosa, desnudando sus sentimientos, valorando las cosas buenas que hubo en esa relación, que las hubo. Poder contar esa historia le ayudó a liberarse, nos contó a mi y a mi amiga, - me abrió los ojos y pude entender muchas cosas.  -Ojalá hubiera sido con menos sufrimiento.  

Andrea abrió una botella de cava, brindamos por nosotras, por la  nueva amistad y hablamos de su libro. Yo tenía mucha curiosidad, pero no quise atosigarla el primer día que la acababa de conocer. Algo me decía que teníamos una tarea común, que no estábamos ahí por casualidad. ¿Pero que era? El tiempo lo diría.  Por lo demás la tarde acabó sin su presencia, pues Darya nos dejó, debía atender  asuntos que no podían demorarse y se fue con la promesa de volvernos a encontrar en un futuro próximo, manifestando su interés por conocer todo lo nuestro. Mirándonos a la cara nos reconocimos como mujeres luchadoras que éramos las tres, dos adultas y una no tanto,  haciendo cosas interesantes que despertaban recíproco interés, así que nos despedimos con la promesa de repetir otro encuentro.  

Hoy me he levantado con las ganas de escribir,  pues entre los acertados consejos que Julia Cameron explica en su maravilloso libro El Camino del Escritor,  uno que se repite constantemente es la necesidad de escribir y escribir sin dejar de hacerlo. Así es como se aprende, así es como se logra ser escritor. No es escritor solo el que publica, es escritor el que escribe, se lo he oído decir esta misma tarde a Darya. Se llega a ser un buen escritor cuando se ha escrito mucho y se ha leído también mucho. Así que movida por esa necesidad de la escritura he contado una tarde entre amigas que se acaban de conocer, despertando la curiosidad del descubrimiento. Personas valientes y valerosas que tienen en común una manera de interpretar la vida, que están en sintonías afines. Tres mujeres que abandonaron  su lugar de origen para encontrar su verdadera casa, tres mujeres que hoy viven bajo un mismo techo y que estoy segura que no es por casualidad.




domingo, 10 de mayo de 2026

LA CONSCIENCIA Y SU DO DE PECHO

Dejo en mi jardín de  Primavera una excelente reflexión sobre la Vejez; artículo con el tituló Reválida, que  fue publicado en Mayo de 2015 por Francisco Calvo Serraller en el diario El Pais. con motivo de la publicación en España de Vita Nova, poemario de la Novel americana Louise Gluck





"Me he convertido en una anciana. / He acogido con agrado la oscuridad / que tanto temía”, escribe la laureada poeta estadounidense Louise Glück (Nueva York, 1943) en un reciente libro traducido a nuestra lengua con el título Vita Nova (Pre-Textos), el mismo sello editorial que publicó, hace nueve años, El iris salvaje, galardonado con el Premio Pulitzer. Pudiera parecer paradójico que alguien, ya adentrado en una edad de irremisible declinación biológica, elija como título Vita Nova, tomado de Dante, para un poemario donde trata de rendirse cuentas a sí misma durante el ceremonial del adiós; pero ella misma lo explica en otros versos: “Sólo se sabe después de muchos años. / Sólo después de una larga vida si uno está preparado / para entender la ecuación”. Y esa ecuación es la de saber que las pérdidas, según y cómo, pueden trocarse en ganancias, como, por ejemplo, la de adquirir ese genio del maestro, “en cuya mente ágil / el tiempo transcurre en dos direcciones: hacia atrás / desde el acto al motivo / y hacia delante hacia una decisión justa”.


De manera que ya lo estamos viendo: según se desmedra el cuerpo, parece amplificarse la mente, que no es sólo el mero rebullir de unas neuronas cada vez más apocopadas. Porque ahí interviene de manera decisiva ese procesador del siempre superabundante cerebro que llamamos consciencia, la cual rinde poco o casi nada durante la pletórica infancia; muy parcialmente todavía durante la apoteosis neuronal de la adolescencia, y aún con muchísimos agujeros en blanco incluso en la juventud. Ya que, en cualquiera de estas etapas de creciente plenitud física, hay poco que procesar: nos falta experiencia. No en balde la vida hay que vivirla hasta el final, porque a nadie se le alumbra la consciencia sin haber visto venir la muerte, que avanza de puntillas, quedamente, “tan callando”. O como nos advierte Glück: “Tenía miedo del amor, de que me llevaran lejos. / Los que temen al amor, temen a la muerte”.
Es verdad que a esta ciencia de la consciencia se llega por muy diversos caminos, pero sólo a través del arte, que se deja mejor conjugar con tiempos imperfectos y en modo subjuntivo; es decir: que no teme zambullirse por entre las pantanosas aguas de lo conjetural, nuestra consciencia da, nunca mejor dicho, su “do de pecho”, ya que entonces empieza a pensar con todo el cuerpo, y, de esta manera, alcanza los vislumbres de un paisaje ilimitado. O como nos espeta súbitamente Glück: “Eso es el mar: / existimos en secreto”.


Por eso Glück emplaza su ecuación precisamente en el equívoco quicio del arte, que nos impulsa retrocesivamente hacia el pasado para adelantar la futura decisión justa, esa comprometedora promesa nunca alcanzada por inalcanzable. Pero ¿acaso se puede abarcar la realidad sin elevación, sea onírica, imaginativa o a través de cualquier otra de las antenas no conceptuales de las que dispone nuestro cuerpo para palpar la naturaleza? “¿El despertar puede quitarme lo que me ha sucedido?”, se pregunta, por su parte, Glück, que confiesa a continuación: “Soñé todo, me entregué / por completo y para siempre”.


Una vida nueva, desde la alta cima de la consciencia artística, es siempre una reválida, que sólo cobra sentido en las postrimerías. Así nos lo declara Glück: “Sin duda me han devuelto la primavera, esta vez / no como amante sino como mensajera de la muerte, pero en cualquier caso es primavera, en cualquier caso lo hacen / con ternura”. Y aún más paladinamente, si cabe: “Qué dulce es mi vida ahora / en el descenso hacia el valle, / el valle no cubierto de niebla / sino fértil y apacible. / Así que por primera vez me encuentro / capaz de mirar hacia delante, capaz de mirar al mundo, / incluso de acercarme a él”. Quizá no nos sea posible más que aproximarnos a una decisión justa, pero, sin la reválida vital de descender al valle, ni siquiera imaginaríamos la existencia de esa crucial opción."


martes, 17 de febrero de 2026

IA Y POESIA

    IA Y POESIA

Al inicio de este texto como tantas otras veces me pasa no sabía donde me dirigía. Recopilaba citas y apuntes de la bibliografía de Julio Cortázar, sobrevolando sus pensamientos de urdimbres afines, tejidas a base de referencias y de experiencias necesarias; binomio imperdible de vida.


Para defender un pensamiento que pueda ser atribuido como legítimo, se ha de vivir en primera persona; los pensamientos que se heredan no nos pertenecen.

Inclinada como soy a perderme entre prosas y versos de autores y admirados poetas, que con suma brevedad y palabras bien escogidas ayudan a esclarecer la materia gris que nos enturbia, atendí un Podcast que me enviaba mi amiga Carol, de la APP Laberinto Histórico. Se trataba de un trabajo de la IA que resumía en cuestión de segundos el  libro de José Saramago «Ensayo sobre la ceguera». De esa escucha sorprendente, que atrajo mi atención por su contenido y brevedad,  surgió finalmente este texto, encaminado hacía el mejor pasto ─como el rebaño de Pessoa─ más por instinto que por voluntad propia.  

De la misma manera que el cuerpo necesita nutrientes para mantenerse saludable y vivo, la mente necesita conceptos, conocimientos y desafíos; experiencias que contribuyan al desarrollo de su capacidad cerebral plástica, para seguir descubriendo universos.

Mientras escuchaba el Podcast, me llegó el recuerdo de un momento familiar muy divertido que se vivió en mi casa hace dos veranos y  que guarda relación con lo que vengo a explicar. Durante la sobremesa mi hijo mayor y su esposa sorprendieron al padre, en el día de su cumpleaños, haciendo sonar una canción, cuya letra hablaba de  sus gustos y aficiones, de su temperamento y actividades, de sus platos preferidos... lo describía con tal detalle, que nos dejó a todos perplejos. Más aún cuando supimos que lo que acabábamos de escuchar era fruto de la IA, y que la misma había sido creada en cuestión de segundos. Cuando se fueron todos y me quedé sola, corrí a  descargarme la APP para probar con un poema que compuse años atrás para una nieta. No había transcurrido ni treinta segundos que ya estaba sonando la primera canción de las dos versiones que me ofreció. Si la primera era bonita la segunda aún lo era más. La música y la voz femenina, acopladas ambas con maestría, se adaptaban a los versos de forma delicada y hermosa. (La podéis escuchar aquí https://suno.com/s/UsjH1P55gzBV2hnl)
Enseguida probé con otro poema, esta vez más corto, y volvió a suceder lo mismo; en esta ocasión el programa añadió versos, pues dada la brevedad, la composición lo requería. https://suno.com/s/FlEtMsRzFcUXNHvf
Tan entusiasmada estaba imaginando lo que podía hacer musicalizando mis poemas, que esa noche me costó mucho dormir.   

Regresé por segunda vez a la escucha del Podcast, esta vez con oídos más críticos, quería entender el proceso y en parte desmontar el halo de misterio que lo envolvía. ¿Cómo era posible "semejante milagro"?  Imaginé los pasos que un sistema inteligente daba, conducido por cerebros expertos, hasta obtener resultados tan espectaculares.    

Lo primero que observé fueron los enunciados, a modo de titulares: Dejar de ver lo esencial cuando creemos saberlo todo/Ver de verdad exige responsabilidad interior/Muchas personas miran, pero pocas observan. Una voz masculina radiofónica estiraba frases, las extendía con conclusiones calibradas, que mejoraban la exposición; la completaban:  Porque cuando recuperas la conciencia recuperas también la humanidad/Ver con claridad también es un acto de valentía.  Encadenaba lecturas, parafraseando citas y aforismos de fácil recopilación;  extraídas bien del propio libro, bien de otros autores y agentes literarios hablando de él, o mediante críticas, entrevistas, epílogos, prólogos, presentaciones diversas, tesis doctorales y un número extenso de fuentes donde la IA  acudía para extraer información, que tratada con complejos cálculos matemáticos en procesos operativos; dando órdenes efectivas  (Prompt) con las que obtenía resultados de diferente calado. Para llegar a conquistar, como así era,  a un mercado altamente impresionable y consumista ─con la conciencia en el área de descanso, mayormente─  que deslumbrado por el impacto, se dejaba capturar a modo de instantánea por un disparo fotográfico. 

El resumen concluía de manera didáctica: ¿Qué nos enseña el libro? preguntaba. Y con la misma solvencia, respondía:  Que la indiferencia es una forma de ceguera/Que quien ve con claridad no puede decir que no entiende/Que cuando la conciencia se apaga todo se desordena (De ahí nace la ley de la conciencia despierta). Para acabar en un lenguaje empático y cautivador, con frases de este tipo:  «Abre los ojos, no solo los tuyos, los del corazón». Y aquí finalmente es donde el oyente se rinde/me rindo a la evidencia de tanta «proeza tecnológica» De una inteligencia artificial surfeando la nuestra ¡tan de estar por casa!. 

Los procesos de búsqueda de la IA  son los mismos que los míos, al escribir este texto: Recopilar información/Ir a las fuentes de valor donde encontrar datos/Conectar ideas/Volcar recuerdos/Manejar un lenguaje empático/Pensar en titulares que capten la atención. Conectarme con pensamientos afines/Entroncar respuestas... Errar y hallar soluciones sobre el terreno, una y otra vez. La gran diferencia entre la IA y EL, que soy yo, es que yo no trabajo para nadie. Me mueven impresiones, intuiciones y sentimientos  que la IA ignora, como ignora fundamentos éticos, de equidad y de justicia, no solo por carecer de inteligencia autonómica, también porque la sociedad que la instruye con sus gobernantes parecen tener calcificados los valores que fundamentan la Vida. Estamos ante una grave desprotección tecnológica, en el sentido más amplio de la palabra.  

No debemos olvidar que  somos los creadores de la IA, aunque a veces dada la magnitud de su alcance se nos haga inasible su entendimiento. De la misma manera que la IA nos puede beneficiar también nos puede destruir, si le asignamos roles y tareas insanas y contaminantes. No somos la rueda de recambio que viaja en el maletero. Somos el vehículo, el cuchillo el martillo... Existe un peligro real que todos percibimos y que nos obliga a ponernos en guardia por un lado, y por otro en acción atenta: desde nuestra propia individualidad. Todas las políticas necesitan ser regeneradas, con la misma urgencia que las nuevas tecnologías necesitan ser reguladas. Mientras eso no suceda deberíamos protegernos,  pensar con calma y actitud, para crear una conciencia operativa poderosa y transformadora... al servicio de todas las inteligencias. Con poética y con alma, mejor ─lo más parecido─  para que replique en todos los contornos humanos y, con la misma intención ordene e instruya a todas las IAs. Allí donde el corazón se incline que el pie y la conciencia camine.  



 Un mercado rendido es un mercado vencido, no tiene rumbo ni finalidad: ni camino, ni recorrido. A veces hay que pararse, estarse quieto para no ser arrollado. Pararse a pensar, no es enrocarse. Aquietarse no es rendirse, es actuar con Inteligencia Activa.  

lunes, 12 de enero de 2026

CUANDO EL CORAZÓN ENFERMA

 

Artista Christian Schloe


Un par de días antes de Navidad fui a cortarme el pelo. Desde inicios del verano lo estaba dejando crecer, y también de teñir. El cabello blanco que iba asomando se veía bonito y luminoso. Me disponía a empezar el año nuevo con más luz. Cada vez que hay un cambio significativo en mi vida se produce una necesidad de este tipo, que por supuesto atiendo. Era el momento de eliminar los restos de color pajizo de las puntas, lo que significaba despedirse de una etapa, cortar con los viejos y descoloridos patrones.  Todo apuntaba que ese cambio me favorecía, mi pelo crecía más fuerte. 

Esa mañana llegué temprano a la peluquería, Melina la peluquera, me había dado hora a las ocho cuarenta y cinco. Al recibirme me dijo amablemente,  Elena llegas muy pronto, a lo que le respondí:  las nueve menos cuarto, la hora que me diste por teléfono. Soy puntual como un reloj suizo, si tengo que llegar a otra hora siempre es antes, pero ese día no era el caso.

Encontré a la peluquera trabajando afanosamente en la  cabeza de una señora de edad incierta. Melina alisaba su larga melena rizada, no era una persona joven, tampoco mayor. Habría que verla con su peinado acabado, sonreí para mis adentros, las señoras con la cabeza mojada estamos muy irreconocibles. Lo cierto es que ese día no me importaba tener que esperar,  Melina era una mujer agradable,  charlaba con sus clientas de manera amistosa: las conversaciones se escuchaban todas,  pues la peluquería era de dimensiones pequeñas, y una no podía evitar la escucha incluso atenta y otras incluso de participar. Además ese día llevaba lectura y no tenía prisas. Así que me dispuse a esperar pacientemente. Al poco entró otra clienta, ella sí se anticipaba a su hora, por el comentario que hizo. 

Cuando Melina acabó con la señora del pelo largo, que por cierto una vez peinada era bastante más joven de lo que me había parecido en una primera mirada, y mientras se despedía de ella, esta le contó que le venían días muy difíciles, pues acababa de comprar una casa que le estaba dando muchos problemas de humedades; en la inmobiliaria  le habían ocultado información importante, había sido muy confiada y ahora no había marcha atrás. Le aconsejaron que los demandara, y así lo  hizo, había ido a consultar a dos abogados, y los dos coincidían en que no tenía nada que hacer.  

Carmen, la señora que acababa de entrar, intervino en la conversación de las dos mujeres, aconsejando a la clienta que se asesorara bien, pues su caso era demandable, estaba claro que había sido víctima de un engaño encubierto.  Yo pensaba lo mismo, por mi larga experiencia profesional, había visto muchos casos así, donde clientes confiados son víctimas de vendedores rapaces cuyas prácticas de engañosa profesionalidad tienen un claro y prioritario interés por llenar sus bolsillos, y el de las empresas para las que trabajan. Ocultan información para cerrar la venta.  Yo no quise intervenir, pues no tenía más que añadir que lo que Carmen aconsejaba a la mujer, si acaso reforzar la idea de agotar las posibilidades de demanda, pues era evidente el caso de fraude mercantil, con graves consecuencias económicas.  Actuación que más pronto que tarde ─oído a lectores y oyentes─ la vida  acaba por pasar factura a los trúhanes y tramposos, con el VMC  ─valor merecido correspondiente─ que viene a ser como el IVA, todo un fastidio:  porque la vida engaña al que engaña y castiga al que castiga,  porque ella sí sabe,  más por  sabia que por justiciera. 

Cuando Carmen escuchó los trastornos que la mujer sufría incluido el insomnio, corrió a su bolso y sacó un frasquito de esencias florales que puso en las muñeca de la mujer, con su permiso, invitándola a inhalarlas: te ayudaran a relajarte le dijo. Para a continuación explicarle que debía averiguar qué andaba mal en su vida, qué le estaban diciendo los hechos que debía atender. La invitó a revisar la parte económica y emocional. Los acontecimientos le estaban hablando ¿Cuál era su lección¿ ¿Qué era aquello que no quería aprender?  Cuando la escuché, pensé, Carmen "es de mi cuerda". La vida siempre nos habla de muchas maneras. Y de muchas otras, nosotros la dejamos de atender.  

Cuando la mujer de nombre desconocido se fue, nos miramos Carmen y yo, le di mi opinión y le dije que pensaba lo mismo que ella. La conversación fue fluyendo entre nosotras de  manera amistosa, como si fuésemos viejas amigas que se acaban de encontrar.  Yo le conté que a mi esos días me dolía el corazón, y no de una manera metafórica, me dolía con una pulsión de tipo muscular que asustaba, sentía su hondo latido de tristeza; me estaba poniendo en aviso de que algo no estaba bien. Cosa que ya sabía y que había ocultado, pues no quería preocupar a nadie, solo lo hablé una vez con una amiga de confianza, de nombre también Carmen. Esas cosas de desánimo y tristezas son mucho mas normales de lo que queremos hacer ver, no podemos andar por la vida diciendo que padecemos desencantos y desánimos, que  la vida a ratos nos cansa, y que otras nos desatiende, nos apea y nos deja tirados en húmedas cunetas. La cuestión era que no quería dar pena, ni que me miraran como a un alíen: hay gente rebosando alegría mientras otros agonizan, y aunque mi caso no era tan grave, lo cierto era que me pesaba mucho la tristeza.

Cuando los pálpitos empezaron a repetirse coloqué mis dos manos sobre el pecho para calmar el latido del corazón y le hablé para consolarlo. Sentí esa necesidad. Le dije que me hacía cargo de él, que lo entendía y que lo iba a cuidar, que no estaba solo, que nos teníamos el uno al otro. Como yo ahora tenía a Winni y él a mi. Era como hablarle a un hijo convaleciente mientras duerme. Me hice cargo de él, y sé que me escuchó,  porque poco a poco se fue calmando, y cuando días más tarde volvió a repetir su convulsión  yo volví a hablarle con mimo y cuidados, hasta que desaparecieron todos los síntomas, y yo entendí que debía deshacerme de pensamientos viejos que no me convenían,  reforzarlos con otros de carácter constructivo y reparador. Amorosos. Me di luz.  

Cuando un corazón maduro como el mío altera sus pulsiones, cuando parece que quiere traspasar el pecho, cuando enferma porque no sabe gestionar su dolor, antes de acudir a un profesional que lo ponga en lista de espera para una prueba de esfuerzo, o un electro, se le ha de escuchar con atención estetoscópica, saber porqué bombea a otro ritmo, que impurezas en forma de pensamientos corren por sus venas, familiarizarnos con su idioma, y esperar sus respuestas: unas veces se dan, otras solo hay que acercar el hombro para que descanse o llore en él, todos andamos muy solos. Dejar que exprese su aflicción, acompañarlo hasta lo más hondo de su conciencia unas veces, otras hasta su médico de cabecera, cuando los tapones de la ceguera ni ven ni escuchan de tanta cera vieja. El corazón como los otros órganos vitales del cuerpo son nuestros asistentes, tenemos el deber de socorrerlos cuando nos necesitan,  porque les debemos la vida de cada día. Porque somos su razón de ser, y ellos la razón de la nuestra.  

Si el dolor te dice que te quiere, pregúntale para qué. 

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