sábado, 7 de mayo de 2016

VIVO EN CASA DE MI GATO

Vivo en casa de mi gato,
soy -de momento- su alquilada.
Nos estamos conociendo. . . 





Me gusta su distinción,
su trato,
sus rasgos felinos,
acariciar su pelo fino,
sus andares, 
su mirada fiera,
su porte elegante,
su manera de querer,
su ronroneo, cuando se pone zalamero.

Su vivir independiente:
nunca invade mi espacio.
Me gusta cuando se muestra ufano
y hace la croqueta,
y se esconde juguetón
bajo el primer cartón que encuentra.

De su higiene personal se ocupa con esmero
afila sus uñas en cualquier madero.
Aunque algo caprichoso con la comida, 
nada exige,
cuando se indigesta
no hay receta ni doctor, 
solito se cura con hierba.

Políticamente incorrecto:
inadecuado a ciertas visitas,
no se anda con rodeos:
acaricia tus pies si le gustas 
o huye sin titubeos.

Cuando su instinto "fotoeléctrico" lo ponen en guardia,
cola y chepa pierden su compostura
y con un soplido y el gesto furo 
a modo de espasmo huye del susto.

Y si de copular se trata 
a otra casa va
a encontrarse con las gatas.
Aunque él es el amo, yo no soy su esclava.
En casa practicamos otro amor
el que custodia  y acompaña
el que se ocupa y protege,
el que se reconforta con un gesto
sin que medie  palabra,
el que abriga,
el que atiende,
el que guarda.
Así es nuestro hogar
así su casa.

Hazme caso:
¡deja que te adopte un gato!

Elena Larruy


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