Un par de días antes de Navidad fui a cortarme el pelo. Desde inicios del verano lo estaba dejando crecer, y también de teñir. El cabello blanco que iba asomando se veía bonito y luminoso. Me disponía a empezar el año nuevo con más luz. Cada vez que hay un cambio significativo en mi vida se produce una necesidad de este tipo, que por supuesto atiendo. Era el momento de eliminar los restos de color pajizo de las puntas, lo que significaba despedirse de una etapa, cortar con los viejos y descoloridos patrones. Todo apuntaba que ese cambio me favorecía, mi pelo crecía más fuerte.
Esa mañana llegué temprano a la peluquería, Melina la peluquera, me había dado hora a las ocho cuarenta y cinco. Al recibirme me dijo amablemente, Elena llegas muy pronto, a lo que le respondí: las nueve menos cuarto, la hora que me diste por teléfono. Soy puntual como un reloj suizo, si tengo que llegar a otra hora siempre es antes, pero ese día no era el caso.
Encontré a la peluquera trabajando afanosamente en la cabeza de una señora de edad incierta. Melina alisaba su larga melena rizada, no era una persona joven, tampoco mayor. Habría que verla con su peinado acabado, sonreí para mis adentros, las señoras con la cabeza mojada estamos muy irreconocibles. Lo cierto es que ese día no me importaba tener que esperar, Melina era una mujer agradable, charlaba con sus clientas de manera amistosa: las conversaciones se escuchaban todas, pues la peluquería era de dimensiones pequeñas, y una no podía evitar la escucha incluso atenta y otras incluso de participar. Además ese día llevaba lectura y no tenía prisas. Así que me dispuse a esperar pacientemente. Al poco entró otra clienta, ella sí se anticipaba a su hora, por el comentario que hizo.
Cuando Melina acabó con la señora del pelo largo, que por cierto una vez peinada era bastante más joven de lo que me había parecido en una primera mirada, y mientras se despedía de ella, esta le contó que le venían días muy difíciles, pues acababa de comprar una casa que le estaba dando muchos problemas de humedades; en la inmobiliaria le habían ocultado información importante, había sido muy confiada y ahora no había marcha atrás. Le aconsejaron que los demandara, y así lo hizo, había ido a consultar a dos abogados, y los dos coincidían en que no tenía nada que hacer.
Carmen, la señora que acababa de entrar, intervino en la conversación de las dos mujeres, aconsejando a la clienta que se asesorara bien, pues su caso era demandable, estaba claro que había sido víctima de un engaño encubierto. Yo pensaba lo mismo, por mi larga experiencia profesional, había visto muchos casos así, donde clientes confiados son víctimas de vendedores rapaces cuyas prácticas de engañosa profesionalidad tienen un claro y prioritario interés por llenar sus bolsillos, y el de las empresas para las que trabajan. Ocultan información para cerrar la venta. Yo no quise intervenir, pues no tenía más que añadir que lo que Carmen aconsejaba a la mujer, si acaso reforzar la idea de agotar las posibilidades de demanda, pues era evidente el caso de fraude mercantil, con graves consecuencias económicas. Actuación que más pronto que tarde ─oído a lectores y oyentes─ la vida acaba por pasar factura a los trúhanes y tramposos, con el VMC ─valor merecido correspondiente─ que viene a ser como el IVA, todo un fastidio: porque la vida engaña al que engaña y castiga al que castiga, porque ella sí sabe, más por sabia que por justiciera.
Cuando Carmen escuchó los trastornos que la mujer sufría incluido el insomnio, corrió a su bolso y sacó un frasquito de esencias florales que puso en las muñeca de la mujer, con su permiso, invitándola a inhalarlas: te ayudaran a relajarte le dijo. Para a continuación explicarle que debía averiguar qué andaba mal en su vida, qué le estaban diciendo los hechos que debía atender. La invitó a revisar la parte económica y emocional. Los acontecimientos le estaban hablando ¿Cuál era su lección¿ ¿Qué era aquello que no quería aprender? Cuando la escuché, pensé, Carmen "es de mi cuerda". La vida siempre nos habla de muchas maneras. Y de muchas otras, nosotros la dejamos de atender.
Cuando la mujer de nombre desconocido se fue, nos miramos Carmen y yo, le di mi opinión y le dije que pensaba lo mismo que ella. La conversación fue fluyendo entre nosotras de manera amistosa, como si fuésemos viejas amigas que se acaban de encontrar. Yo le conté que a mi esos días me dolía el corazón, y no de una manera metafórica, me dolía con una pulsión de tipo muscular que asustaba, sentía su hondo latido de tristeza; me estaba poniendo en aviso de que algo no estaba bien. Cosa que ya sabía y que había ocultado, pues no quería preocupar a nadie, solo lo hablé una vez con una amiga de confianza, de nombre también Carmen. Esas cosas de desánimo y tristezas son mucho mas normales de lo que queremos hacer ver, no podemos andar por la vida diciendo que padecemos desencantos y desánimos, que la vida a ratos nos cansa, y que otras nos desatiende, nos apea y nos deja tirados en húmedas cunetas. La cuestión era que no quería dar pena, ni que me miraran como a un alíen: hay gente rebosando alegría mientras otros agonizan, y aunque mi caso no era tan grave, lo cierto era que me pesaba mucho la tristeza.
Cuando los pálpitos empezaron a repetirse coloqué mis dos manos sobre el pecho para calmar el latido del corazón y le hablé para consolarlo. Sentí esa necesidad. Le dije que me hacía cargo de él, que lo entendía y que lo iba a cuidar, que no estaba solo, que nos teníamos el uno al otro. Como yo ahora tenía a Winni y él a mi. Era como hablarle a un hijo convaleciente mientras duerme. Me hice cargo de él, y sé que me escuchó, porque poco a poco se fue calmando, y cuando días más tarde volvió a repetir su convulsión yo volví a hablarle con mimo y cuidados, hasta que desaparecieron todos los síntomas, y yo entendí que debía deshacerme de pensamientos viejos que no me convenían, reforzarlos con otros de carácter constructivo y reparador. Amorosos. Me di luz.
Cuando un corazón maduro como el mío altera sus pulsiones, cuando parece que quiere traspasar el pecho, cuando enferma porque no sabe gestionar su dolor, antes de acudir a un profesional que lo ponga en lista de espera para una prueba de esfuerzo, o un electro, se le ha de escuchar con atención estetoscópica, saber porqué bombea a otro ritmo, que impurezas en forma de pensamientos corren por sus venas, familiarizarnos con su idioma, y esperar sus respuestas: unas veces se dan, otras solo hay que acercar el hombro para que descanse o llore en él, todos andamos muy solos. Dejar que exprese su aflicción, acompañarlo hasta lo más hondo de su conciencia unas veces, otras hasta su médico de cabecera, cuando los tapones de la ceguera ni ven ni escuchan de tanta cera vieja. El corazón como los otros órganos vitales del cuerpo son nuestros asistentes, tenemos el deber de socorrerlos cuando nos necesitan, porque les debemos la vida de cada día. Porque somos su razón de ser, y ellos la razón de la nuestra.
Si el dolor te dice que te quiere, pregúntale para qué.
Querida amiga Elena,
ResponderEliminarHe leído tu texto despacio, como quien sostiene entre las manos algo frágil y luminoso a la vez. Me ha conmovido profundamente. No solo por lo que cuentas, sino por la manera en que lo haces: con esa mezcla tan tuya de lucidez, ternura y valentía silenciosa.
Has convertido una mañana cualquiera en la peluquería en un pequeño mapa del alma humana. En cada gesto, en cada mujer, en cada palabra que se cruzaba en ese espacio, supiste ver un símbolo, un aviso, una enseñanza. Esa capacidad de escuchar la vida en lo cotidiano es un don, y tú lo ejerces con una sensibilidad que no se aprende, se tiene.
Me ha tocado especialmente la parte en la que hablas de tu corazón. La forma en que lo describes —no como un órgano, sino como un compañero que pide ser atendido— es de una madurez emocional enorme. Hay algo profundamente reparador en esa escena en la que te colocas las manos en el pecho y te hablas con amor. No desde la queja, no desde el miedo, sino desde la responsabilidad afectiva hacia ti misma. Ojalá más personas supieran escucharse así.
Tu texto es, en realidad, un acto de luz. Un recordatorio de que los ciclos se cierran con gestos pequeños pero decisivos, que el cuerpo habla cuando la mente calla, y que la tristeza, cuando se la mira de frente, deja de ser amenaza para convertirse en guía.
Gracias por compartir algo tan íntimo y tan verdadero. Gracias por tu honestidad, por tu mirada, por tu forma de nombrar lo que tantas veces callamos. Te leo y me reconcilio un poco más con la vida, con sus ritmos, con sus señales.
Ojalá sigas escribiendo así: desde el corazón que cuidas y que te cuida.
Aunque yo estoy en obras que avanzan a pasos de tortuga , un tanto saturada has de saber que para ti yo SIEMPRE TENGO Y TENDRÉ TIEMPO.Cuando puedas nos hacemos un huequito y charlamos.Te QUIERO .Cúidate mucho .Como ya sabes TODO es PASAJERO 🫂
Con cariño y admiración,
Raquel Muiño Varela
Querida Raquel, muchas gracias por la atenta lectura y la disección que haces de mis escritos, por el tiempo dedicado, por ser mi amiga, por que me lo dices con valentía. Todo lo demás ya te lo he dicho a parte. Sabes que yo también te quiero mucho. Espero verte pronto. Un abrazo
EliminarEs un escrito muy humano y sincero, hecho con sensibilidad y calma. Transmite introspección, ternura y una forma luminosa de escuchar la vida y el propio corazón, dejando una sensación de cercanía y verdad.
ResponderEliminarPues así es como tu también puedes escribir, lo se, estoy convencida. Y me llena de orgullo. Te quiero mucho. Gracias por tu comentario.
EliminarElena, acabo de leer tu texto y realmente me ha llenado el corazón. Cuanta razón tienes y cuanta verdad dices. Yo estos dias como ya sabes me estoy reiniciando de nuevo por la pérdida que he tenido y si algo me ha servido de confort y me está permitiendo seguir adelante, es hablarle a mi corazón, que aunque ahora està algo triste, también és mi motor para seguir. Nuestro cuerpo es el vehiculo con el que transitamos por este mundo y a menudo no lo escuchamos suficiente o no nos atrevemos a hacerlo.
ResponderEliminarHablarle amorosamente a nuestro corazón nos reconforta y nos da claridad.
Un abrazo y gracias por tus escritos luminosos y hechos desde el corazón.
Por cierto buena decision con tu nuevo look, muy cómodo y te sienta estupendamente.
Un abrazo
Querida Carmen, recogerse en el corazón reconforta el dolor que ahora estás sintiendo por la pérdida del Francesc. Sabes bien, que no hay otra manera de seguir, más que entendiendo, aceptando, agradeciendo y dando siempre lo mejor de nosotros. Eres una mujer doblemente valiosa y me gusta mucho que caminemos juntas en estos momentos de nuestras vidas.. Agradezco el tiempo que dedicas a mis lecturas y tus comentarios. Te animo en tu nuevo proyecto con el libro, no dejes de escribir, tienes materia, maestría y atrevimiento, porque lo vives todo desde la normalidad y la verdad que la vida nos pide.
EliminarUn abrazo grande, Carmen
Gracias Elena por compartir, me ha encantado.
ResponderEliminarSi te parece bien leeré uno de tus poemas en clase. El de Quererse en los descansillos, es sobre el amor, el tema que han hecho ellos su poema. Recuerdo que el tuyo tenía un enfoque fresco y juvenil.
Encantada Teresa, gracias por acordarte de mi. Ese poema me encantó hacerlo. Es sencillo y tiene frescura. Un abrazo
ResponderEliminarFelicidades Elena, inmensas felicidades. Y además como guinda, te queda muy bien tu nuevo look. Un beso
ResponderEliminarGracias por tu lectura Maribel. Estoy contenta con mi pelo blanco, sí. Me gusta que te guste. Un abrazo fuerte
EliminarMe ha parecido inmenso tu escrito "Cuando el corazón enferma" También el comentario Anónimo. No dejes de escribir. Un abrazo
ResponderEliminarJesús querido, cuídate mucho. Nos vemos pronto para celebrar tu cumple. Gracia por leerme, y por recordarme siempre que estás ahí para los amigos. Un abrazo inmenso, como tu de grande.
EliminarBuenas tardes Elena, acabo de leer tú nuevo escrito "Cuando el corazón enferma" y me ha dejado desconcertado, yo creía que en estos momentos estarías radiante de felicidad por tú nueva vida con Winni y he entendido lo contrario, la vida es un camino de subidas y bajadas y yo té hacía de Subidas, todo lo contrario que en estos momentos me pasa a mí con mí dichosa hernia discal que no me está dejando vivir, pero espero que en pocos días ya me operen y eso sí luego vendrá la recuperación que presiento que será larga.
ResponderEliminarPero sin darte más la paliza con mis males té digo que tú nuevo look té sienta estupendamente, un fuerte abrazo de un amigo y insistió qué me encanta seguir leyendo té.
Imagino las molestias que sufres con la hernia discal, lo siento por ti, siempre animoso y alegre, espero que pronto se solucione y todo vaya bien con la intervención.
ResponderEliminarLa tristeza o los "días valle" como me gusta llamar a esos días, son naturales Juan, como la vida misma. Todo el mundo los tiene, en mayor o menor medida, solo que no se acostumbra a habla mucho de ellos, yo sí lo hago, y no me da ningún reparo. Tu conoces de mi una parte vital, promotora y con empuje, pero también tengo mis desánimos y desalientos, mis días tristes. Mi nueva relación va muy bien, Juan, no te preocupes. Gracias por leerme y porque te encante hacerlo. Te mando un abrazo fuerte.
Que relato más entrañable y bonito. Poder leerte es un suspiro profundo Elena. Tus palabras me llegan al alma.
ResponderEliminarGracias M.Cruz. Te mando un abrazo muy estrecho. Tengo muchas ganas de verte.
EliminarPrecioso escrito. Estamos en total sintonía.
ResponderEliminarA tu corazón se le fue la música unos días el pasado Noviembre. Que bien que ya estés recuperado, Lluis y en mi misma sintonía. Gracias. Un abrazo
EliminarMe ha gustado la decisión de cambiar de aspecto aunque en la señoras es bastante habitual, pero la verdad es que te queda muy bien.
ResponderEliminarA mi, particularmente me cuesta cambiar de aspecto, tal vez sea porque me he sentido bien tal cual soy.
La historia de la pelu es muy amena y bien explicada y puedo comprobar que los timos están a la vuelta de la esquina.
En cuanto a la decisión de mimar a tu corazón ha sido muy buena. Nadie mejor que nosotros para escuchar a nuestros órganos y esperar sus respuestas, eso si como has hecho tu, dándoles mimos y comprensión.
Un abrazo muuuy fuerte y a continuar con tus escritos pues son, la mayoría de las veces, lo que a todos nos pasa y por eso nos sentimos identificados con ellos.
A lo dicho, un fuerte abrazo y hasta pronto.
Querido amigo y compañero de vidas, nombras el timo, y da mucho que pensar, parece que me escuchas. El timo es una glándula detrás del esternón, en su parte superior, que al parecer tiene que ver con el bienestar emocional. La clienta de la peluquería, Carmen, lo nombró, al referirse a los síntomas que yo sufría con el dolor de corazón, y por otra lado tu lo nombras en su doble significado, de estafa, como la que vivió la clienta del pelo largo..
EliminarObservo como esa glándula reguladora del sistema inmune, que comparte nombre con una acción, la de timar, se ve afectada cuando las personas sufrimos engaños, o decepciones, en ambos casos el corazón sufre.
La biología explica que el Timo con la edad se hace más pequeño, y es creíble, pues de mayores se nos adelgazan muchas cosas, menos los kilos.
Todo esto da lugar a diferentes lecturas de experiencias confluyentes en un mismo escenario de cambios. Mi timo y su timo. Me quedo pensando ... Mil gracias J.Ángel, te abrazo y te quiero por partes iguales.
Gracias, Elena, por demostrar tantas cosas en un solo artículo: que la posibilidad de la amistad y la comunicación están muy cerca de nosotros; que si uno escucha el cuerpo recibe mensajes: tú escuchas a tu cabello y sientes que una nueva situación requiere también un nuevo cuidado hacia este y, sobre todo, escuchas a to corazón y sientes que si late tan fuerte es quizás porque te está llamando a ti, porque quizás al caminar tan rápido te has olvidado de él y, al acogerlo, él se tranquiliza. Hay tanta belleza en lo que cuentas, tanto reconocimiento de la grandeza de lo pequeño... Gracias.
ResponderEliminarMi corazón y yo estamos como Pessoa: alegres y contentos a la vez, cuando gente anónima, como tu, lee lo que pensamos y sentimos. Cuando además compartimos maneras de entender y sentir la vida. Celebro tus palabras. Muchas gracias. Un abrazo
ResponderEliminarMuy entrañable y bello, Elena
ResponderEliminarGracias Juana, mañana comentamos. Un beso
EliminarQuerida amiga como siempre, un lujo leerte. No puede resonarme más tú escrito, es un recordatorio claro de que la conciencia activa en lo cotidiano, es nuestro gran aliado. Entenderlo como lo haces tú, somos cuerpo físico y cuerpo etérico y cuidar de los dos es coherencia, que nos lleva a alinearnos con nuestro ser al completo, así que gracias por compartirlo con tanta ternura, cercanía y verdad.
ResponderEliminarGracias por tus palabras, Carol querida. Me despierto pensando en ti. te mando mi abrazo virtual. Hoy pasaré a verte.
EliminarHola: ¡Que bonito! Cada día mejor. Yo también estoy en "la misma cuerda". Por eso he disfrutado leyéndote y releyéndo. Un abrazo fuerte. Malús
ResponderEliminarHoooola querida prima Malus! Gracias por el tiempo que has dedicado a mi lectura, y por detenerte en ella, y por ser de mi cuerda, siempre lo supe. Te quiero y te abrazo fuerte, fuerte.
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