
Entre el ser y el parecer, decía Saramago, hay siempre un punto de entendimiento. Entre lo real de lo que somos y la apariencia externa de lo que nos gustaría ser. La personalidad se construye día a día. Le vamos dando forma y consistencia al carácter, dependiente siempre de factores biológicos, culturales y socio económicos. Adquirimos cualidades que nos gustan fijando la atención en modelos que actúan como arquetipos, que nos hacen sentir más seguros y mejor valorados. Pero con frecuencia sucede, cuando no hay un ejercicio de autoconciencia, que nos transformamos en copias falsas, de lo que otros quieren, que acaban cayendo como soles por el ocaso. Recogemos las piezas rotas y nos recomponemos en otras máscaras sociales para seguir caminando por los empinados caminos de la vida; porque «nadie se atreve a parecer lo que es», decía Rosseau.
Entregados a la interpretación y a las luces del gran carnaval, nos vendemos, y sí, nos compran como a criptomonedas de dudoso valor, carentes de fundamento que las sostenga. Nos convertimos en mercaderes de lo efímero, títeres de Guiñol, incompetentes subvencionados... inánimes.
Lo que diferencia al ser humanos de las monedas de cambio, es el alma. Un alma humana intangible, de naturaleza inmortal, cuya identidad está conectada a todas las otras almas. Su voz diáfana, se distingue claramente de los ecos, no necesita ser elevada para hacerse entender. Ni argumentos con razones que la justifiquen. Solo silencios. El silencio del yo.
El alma proyecta luz y certezas. Cuando se percibe no solo como un ente conectado a la conciencia de base material, que actúa atendiendo estímulos neuronales y químicos, si no también cuando se acepta que algo superior que va más allá trasciende al entendimiento científico y al pensamiento académico, que se percibe con un sexto sentido, por legitimar. Pondré un ejemplo; en términos humanos las sentencias jurídicas no siempre son justas y acertadas, se indulta o castiga al encausado en base a pruebas y evidencias que marca la ley. Sin embargo un juez sabe por su larga experiencia y por olfato (indicios) cuando un causante que ha sido condenado debería haber sido indultado, y viceversa. Hay leyes universales que no necesitan ser probadas ni explicadas, para saber que son verdad. El amor es una de ellas.
Cuando entendemos la vida como un proyecto edificante maravilloso, en un discurrir infinito de luces y sombras, cuando aceptamos que la felicidad nunca es completa, que ha de negociar con las dependencias, en un constante ejercicio de adaptación; porque la vida no es vida sin voluntad, sin sentido de pertenencia y sin vocación de uno mismo, cuando experimentamos que envejecemos y nos dañamos con el transcurrir del tiempo y nos entregamos al trabajo interno de derribar los vicios ocultos, las memorias oxidadas o los sentimientos de desecho, cuando hay reflexión y determinación y se crea una conciencia de colaboración, unidad y entendimiento con nosotros y con los otros, se abren y cooperan las dos conciencias entre lo que somos y lo que queremos hacer; solo entonces aparecen cualidades nuevas que nos dan brillo y autenticidad, renovadas estructuras psicológicas y físicas más sólidas se crean, que nos ayudan a retirar las máscaras y sus personajes. A dejar de parecer, para ser algo más legítimo y próximo a la verdad.
Cuando nos salimos del guión, desaparecen personas que ya no deben estar, otras nuevas entran que nos enriquecen; un nuevo rostro más auténtico aparece en el lienzo de la vida. Ahí está la belleza y la esencia de lo que realmente somos. Una obra de arte. Sin trampa ni moraleja.
Uuaaauuuu muy filosófico
ResponderEliminarGracias por tu lectura Marian. Un abrazo
EliminarUn texto poético y profundo que invita a reflexionar sobre la autenticidad con sensibilidad y coherencia emocional.
ResponderEliminarMi reflexión mientras escribía Héctor, era sobre lo cerca que estamos de que la ciencia ponga nombre a lo que para muchos de nosotros es notorio y manifiesto: que el alma es mucho más que un estimulo mental futo de conexiones neuronales y sustancias químicas. Cada vez estamos más cerca. Muchas gracias por tu comentario. Te quiero mucho.
EliminarNunca deja indiferente leerte, gracias por escribir y por compartir.
ResponderEliminarTodo lo que dices provoca reflexión y emoción, pero, si me permites, ese penúltimo párrafo es sublime! he masticado con avidez su maravillosa narrativa deslizándome por su tobogán de coherencia delicada y rotunda.
El párrafo que señalas Maribel, esta misma mañana me comentaba Aurelio que debía escribirlo de manera más entendible, y justo le he dicho que no, que era así justo como quería expresarlo, me alegra mucho tu valoración y te agradezco de corazón tu lectura y comentario.
EliminarUn abrazo muy fuerte
Madre mía Elena, cada escrito que haces te superas, la verdad que en el camino de la vida te encuentras toda clase de obstáculos, pero yo creo que son emocionantes y a todos se le saca la parte positiva.
ResponderEliminarMe encanta de ti Juan tu espíritu siempre positivo ante la adversidad, tener personas como tu cerca es un regalo para la familia y para los amigos. Gracias por tu amistad
EliminarSilencio Elena es lo que necesito para reflexionar en tu escrito tan profundo. No lo tengo por ahora. Intentaré de todos modos. Te quiero amiga
ResponderEliminarY yo a ti. Gracias amiga Adriana
ResponderEliminarQuerida Elena. Siempre es un gusto poder leer tus textos y reflexiones, repletas de inteligencia y profundidad Gracias una vez más por compartir.
ResponderEliminarMe emocionan tus palabras Ferran, siempre tan generosas. Muchas gracias
ResponderEliminarMuchísimas gracias Elena por compartir. Me encanta leerte. Profundo mensaje para darnos a entender que a pesar de todo y de la necesidad de adaptarnos al entorno nuestra esencia está alli, siempre presente.
ResponderEliminarMuchas gracias querida Eliana, gracias por tus palabras, por leerme, por decirme que te parece mi escrito y por ser la persona tan hermosa que eres. Un abrazo fuerte
EliminarQue bonito y cierto lo que dices. Que bien escribes!
ResponderEliminarGracias Juana, preciosa.
EliminarElena, sinceridad, profundidad y nutrición álmica , es lo que he sentido al leerte. Ahora más que nunca es momento de ser quien somos realmente y salirnos del guión , como muy bien dices creo que ya es inevitable. Gracias por tu aportación a ello. Una brazo y a seguir...
ResponderEliminarGracias a ti Carmen, siempre tan dispuesta a colaborar con todo y en todo. Caminamos juntas, nos nutrimos, como tu dices, de las mismas cosas, porque sentimos el latido del alma. Un abrazo grande Carmen
ResponderEliminarMaravilloso escrito Elena. Tienes un don para transmitir, no dejes nunca de escribir.
ResponderEliminarEste texto invita tanto a la reflexión que seguramente dejará huella en más de un lector ( me incluyo ).
¡Un beso enorme, tengo ganas de verte!
Elisenda.
Querida amiga Elena,
ResponderEliminarhoy tengo día libre y he podido por fin DELEITARME con tus escritos SUBLIMES.Aún me faltan unos cuantos pero voy a seguir. He leído este texto con la misma atención con la que se contempla un cuadro que no solo muestra una escena, sino también la luz que la sostiene. Hay en tus palabras una profundidad serena, una lucidez que no necesita elevar la voz para hacerse entender. Lo que escribes no es un análisis: es una revelación.
Me ha impresionado cómo transitas del ser al parecer sin caer en lugares comunes. Nombras el carnaval social con una precisión que desarma, como quien ha visto de cerca las máscaras y también el cansancio que dejan en la piel. Tus metáforas —las criptomonedas sin respaldo, los títeres de guiñol, los arquetipos que se derrumban— no son adornos: son diagnósticos. Y son certeros.
Pero lo más hermoso de tu texto es el giro hacia el alma. La manera en que la introduces, sin solemnidad ni dogma, como si fuera lo más natural del mundo. La describes con una claridad que solo puede venir de la experiencia: silenciosa, conectada, luminosa, sin necesidad de justificarse. Ese “silencio del yo” que mencionas es una de las imágenes más poderosas que he leído en mucho tiempo.
El ejemplo jurídico me ha tocado especialmente. No solo porque conozco bien ese territorio, sino porque lo utilizas con una inteligencia impecable: para mostrar que hay verdades que no caben en un expediente, que existen leyes universales que no necesitan pruebas para ser reconocidas. Y que el amor —como dices— es una de ellas.
La última parte de tu texto es un mapa de transformación interior. Hablas de derribar vicios ocultos, de limpiar memorias oxidadas, de unir lo que somos con lo que queremos ser. Lo haces con una honestidad que no juzga, que no moraliza, que simplemente ilumina. Y el cierre es perfecto: la autenticidad como obra de arte, sin trampa ni moraleja.
Gracias por escribir así. Por pensar así. Por atreverte a mirar debajo de las máscaras sin perder la ternura. Tus palabras no solo invitan a reflexionar: invitan a SER.
Sé consciente de tu GRANDEZA y no permitas que NADA ni NADIE te impida DISFRUTARLA y recuerda que hay cosas que no están en nuestras manos , que son así por una razón aunque no lo comprendamos. Sé que lo sabes SOBRADAMENTE pero a veces va bien que nos lo recuerden.
Con admiración y cariño,
Raquel Muíño Varela
Querida Raquel, como siempre me dejas ruborizada y sin palabras. No puedo más que darte las gracias, por el tiempo que me dedicas y por quererme así. Mil abrazos
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