jueves, 13 de marzo de 2025

TÚ AMAS LA CIENCIA, YO LA METAFÍSICA Y A TI.

 


Supe de Winni antes que él de mí. La primera vez que me hablaron de él, fue la mañana del treinta de diciembre, a finales del pasado año, en plenas fiestas navideñas. Vicente, ese es su nombre de pila, también me estaba buscando. Para su sorpresa aparecí yo, con el nombre que él me deseaba, como flecha que atraviesa corazones.

Winni cree en la ciencia, yo en la metafísica y en él. Porque creo en la inteligencia de los seres humanos, en sus mentes prodigiosas de alto rendimiento, donde se orquestan ilimitadas capacidades, pero también palpo con mis sentidos extrasensoriales esos otros espacios intangibles y difusos donde suceden acontecimientos de difícil control, para los estudiosos de la ciencia, donde el conocimiento es de textura velada, a falta de mayor luz. Las manifestaciones de lo que sabemos con lo que entendemos, aparentemente dispares, en mi caso, son colaborativas, nunca enfrentadas. Y siempre contrastadas con la experiencia personal.

Las personas intuitivas tenemos el don de la respuesta inmediata, a cuestiones o preguntas que incluso antes no han sido formuladas.  Conocemos el «modus operandi» de su actuación «a ciencia cierta». No somos ilusos, ni tenemos que defendernos con argumentos de la razón lo que otros niegan. Tampoco necesitamos la autoridad de la ciencia, ni su permiso.

Cómo perro inquieto alborotado que sabe de su amo antes de que aparezca por la puerta, presentí la llegada de Winni días antes de conocerlo. Eran fiestas navideñas. Yo me sentía muy alegre, sin un motivo especial. Días más tarde escuché decir a la neurocientífica Nazaret Castellanos que el cuerpo sabe antes que la cabeza lo que va a acontecer. Era una evidencia, una prueba más, que me hablaba, y se manifestaba en mi cuerpo, pues estaba especialmente feliz y contenta, sin motivo aparente, más bien todo lo contrario. El día de Navidad celebrábamos en la que había sido mi casa hasta separarme, la comida familiar, de la que nos encargábamos mi ex y yo. Convinimos con él hacerlo de esta manera. Recuerdo que el cuerpo me pedía bailar, y así lo hice sin ninguna compañía. Me sentía radiante. Lo mismo pasó la noche de fin de año, que la pasé sola y sin embargo me sentía acompañada y era extrañamente feliz, como los días que siguieron hasta que apareció él.  

El hombre maduro y atractivo, de porte educado y académico que vieron mis ojos unos días más tarde, me gustó desde el mismo instante  que se cruzaron nuestras miradas. Le sonreí por primera vez, la tarde del nueve de enero y nunca más de dejado de hacerlo. Winni había venido a mi vida para mejorar mi sonrisa, para hacerme feliz y para quererme. Ese era el motivo de mi anticipada alegría. 

La primera vez que escuché su voz por teléfono, me encantó su tono lírico, la manera como se expresaba y se entregaba a la conversación, el interés y el entusiasmo con que me recibía. Pasó una semana hasta que nos conocimos personalmente en una cafetería de la Diagonal. Yo llegué un poco antes y reservé una mesa, me preocupaba que me esperase fuera y no me viera. Salí a su encuentro, y en ese momento él entraba. Cuando se encontraron nuestras miradas, nos reconocimos, sonreímos ampliamente, nos llamamos por nuestro nombre y nos dimos dos besos. A mí me salió cogerle de la mano para llevarlo hasta la mesa que había reservado. Ese hombre alto y delgado, de aspecto agradable que acababa de conocer, estaba en buena forma, se veía una persona cuidada, tenía algo más edad que la mía. Nos mirábamos, sonreíamos, estábamos encantados de conocernos, de estar sentados uno en frente del otro.  Empezamos a charlar con la naturalidad de personas que ya se conocían antes. Con la felicidad de personas que se estaban buscando y se acababan de encontrar.  Su hablar era fluido, tenía una soltura natural cuando hablaba de sentimientos y de emociones, cosa poco común en un hombre. Los dos nos entregamos al plácido juego de la conquista, a dar lo mejor de nosotros, sin dejar de ser quienes éramos. Era nuestra primera cita.

La agencia me advirtió que había muchas más mujeres que hombres, insinuando que no iba a ser fácil encontrar a la persona que buscaba. Escuchar esa afirmación no me desilusionó, tenía confianza. Una confianza no basada en la lógica, ni en la razón, pero sí en la metafísica, porque creo en las batallas que se ganan tejiendo sueños cuando se persevera y se trabaja para conquistarlos. El hombre que había soñado, lo tenía sonriendo delante de mí. Estaba muy contenta de ponerle cara, pues en la agencia no lo hacían. No facilitaban fotos de los candidatos, cosa que me parecía bien, pues las imágenes tienden a ser discriminatorias, no lo muestran todo y hasta pueden ser engañosas.  Todos en algún momento mostramos lo que queremos ser más que lo que realmente somos, y nunca la otra cara, la que nos completa. Al rechazar a una persona por la imagen, se puede cometer la imprudencia de perdernos lo más valioso de la misma. Ahora tocaba conocerse: gustarse, atraerse, admirarse, quererse, desearse, amarse.  Emparejarnos con otra persona afín a nuestros gustos y valores. Ese y no otro era el deseo compartido. La finalidad.

Unos meses antes yo escribí en un cuaderno, los atributos y condiciones que debía tener el hombre que yo quería como mi nueva pareja. Buscaba un compañero de vida. Quería una persona saludable, física y mentalmente, que fuera cariñoso, que se quisiera y supiera querer, y que tuviera algún tipo de formación, si era académica mejor. De los siete atributos y condiciones que escribí, Winni los reunía todos. La sonrisa se me iba fijando en la cara de manera permanente, cada vez que hablábamos y en los encuentros que vinieron después. 

Se llamaba como mi abuelo materno, Vicente, y como su hijo, mi tío Vicente. Al poco de conocernos, me propuso llamarle Winni. Me preguntó si me apetecía llamarlo así, pues  Vicente le parecía un nombre antiguo. En una relación nueva ha de haber cambios: me dijo. Winni es el diminutivo de Vicente en inglés, y suena bien. ¿Te gustaría? Acepté gustosa, pues Vicente, efectivamente, sonaba a pasado. Y si algo éramos Winni y yo, era presente y futuro.

Si bien éramos personas de avanzada edad, nos sentimos como dos jóvenes maduros, apasionados, con una vida común por delante, que queríamos compartir, con amor y cuidados el uno con el otro. Si teníamos más edad, solo era porque algunos «cogimos carrerilla y nos adelantamos al nacer». Eso también tenía sus ventajas. El conocimiento, la experiencia y por supuesto el buen juicio, nos hacía sentir personas de valor; hemos aprendido a querernos más y mejor, a no necesitar el aplauso de nadie —aunque sí el abrazo—, ahora sabemos con mayor claridad lo que no queremos. No queremos vivir en ninguna sombra, que no sea la de la higuera, a la fresca en verano, en el lugar elegido, y mucho menos en los sótanos de la vida, donde a menudo se abandonan los cuerpos gastados de las personas mayores, vencidas por la edad. En un vivir de triste soledad y de derribo.

Cuando buscamos respuestas, como hago yo ahora,  a cambios que suceden en nuestras vidas tan transcendentes, —como es amar y ser amada por un hombre distinto después de separarte del que fue tu marido durante cincuenta años—  como es empezar una vida nueva a los setenta años de edad, si echamos la mirada atrás buscando entendimiento, encontraremos ─como es mi caso─ cómo hemos ido recogiendo «miguitas de pan» en el camino siguiendo la ruta correcta: la nuestra, para no perder la pista de aquello que perseguíamos y que era bueno para nosotros. En otro momento contaré como llegué hasta aquí, de qué manera insistente se repetían las señales que debía atender, concretamente una en particular, que me hablaba de manera insistente y muy significativa, del gran cambio que se iba a producir en mi vida, y que yo no lograba descifrar.

Hacía un año que mi exmarido y yo nos habíamos separado. Lo hicimos de manera amistosa. Todas las casualidades tienen un principio de causalidad que origina lo que nosotros llamamos el azar. Todo en el universo se rige por ese principio de causa-efecto, en un orden natural. Cada uno de nosotros somos universos sometidos a esas reglas. Reglas que a menudo quebrantamos o irrumpimos por desconocimiento, por intrusismo, por falta de actitud y de experiencia. Cuando no seguimos las reglas naturales del vivir, otras nos someten. Nos desorientamos y enfermamos, perdemos fuerza. Una señal de que hacemos las cosas bien, es cuando todo a nuestro alrededor discurre de manera no forzada: natural, sin agresiones, ni contratiempos, sin fricciones, sin demoras. Los acontecimientos fluyen, se suceden de manera oportuna, cuando corresponde, cuando no hay impedimentos ni enfrentamientos. Cuando entendemos las entrelíneas y las reglas no escritas y actuamos participando de ese orden armónico. Las señales, los símbolos, los patrones que se repiten de manera continua en nuestras visas, como señales de tráfico que nos indican la dirección exacta y nos orientan en el buen camino, no son tan difíciles de reconocer, si las atendemos. La vida discurre mucho más amable. Nos sonríe, nos va bien. Somos menos engañados. Nos pasan cosas maravillosas y encontramos el amor.

Winni es una persona sana, en el término más amplio de la palabra. Inteligente y compasiva. Defensor de las personas más vulnerables y necesitadas. Es un excelente compañero y maestro, del que tengo mucho que aprender. Hay una cualidad en él, que me gusta de manera especial: es un apasionado de la vida, con una mente motivada y activa, en pleno rendimiento. Un ser entrañable, de gran corazón, lleno de amor por los seres humanos, y ahora por mí. Desde el segundo día tomó mi mano, y no la ha soltado más. Y yo lo he alojado en mi corazón. 

Juntos estamos colocando los cimientos de lo que será nuestra nueva vida. Construimos un futuro con proyectos ilusionantes y lo hacemos desde el cariño y el respeto, desde la admiración y la diferencia, desde la atención y la escucha, desde la pasión, desde el detalle más insignificante que sabemos hace feliz al otro.  Le hemos puesto un nombre a esto nuestro: se llama AMOR.  




domingo, 5 de enero de 2025

CORAZÓN EN MUDANZA

 



CORAZÓN EN MUDANZA

Empecé el año 2025 bailando, con una extraña alegría que no reconozco en mí. Celebré el fin de año sola, con el alma desdoblada, que no descosida. En serena y presente despedida, sin desconciertos mentales ni añoranzas de ningún tipo. Con un adiós, como cuando despides a una visita pesada, que no deseas volver a recibir en tu casa. Vete en paz, 2024. Gracias por lo que aprendí de ti y contigo, ahora me voy a por otro. Año de bienestar y bendiciones, así lo presiente mi corazón.

Me fui a la cama, con la Pedroche y un cocinero ocasional, que no era su marido. No sabía si aguantaría despierta hasta las doce, pero resistí. Tome gajos de mandarina en lugar de las uvas. No soy nada convencional con las tradiciones. Aunque reconozco que todas tienen un sentido que deberíamos entender, para vivirlas con conciencia de lo que se celebra, o no vivirlas. Tengo amigos que no soportan estas fiestas, las sufren más que otra cosa, y procuran vivirlas al margen de celebraciones y comidas familiares. Siempre podemos elegir lo que nos hace estar bien.

Yo este año crucé muchos deseos, besos y abrazos; el WhatsApp, la alegría, la energía especial que se mueve estas fechas ─no la comercial─ y la copita de cava, facilitan el momento. Mandé besos de los que no di, ni me robaron. En remoto abracé a personas queridas que se alejaron sin nada que decir, como si el dolor fuera exclusivo, o tuviera rango, y el mío estuviera desclasificado. Como si retirarse a la callada fuera elegante. Hay muchas formas de distanciarse, de ir cada uno a lo suyo, sin abandonar. Y hay silencios dolorosos, y personas muy poco entrenadas para heroicidades.  

Celebrar en soledad las fiestas de fin de año ha tenido sus ventajas. No me enfadé con nadie. Al día siguiente amanecí sin resaca ni cuentas pendientes de ningún tipo, pues no hubo cuñado pesado al que reírle los chistes malos, ni parientes cansinos al que aguantar. Yo tampoco aburrí a nadie con mis hazañas.  Me acosté con una sonrisa, que hoy, víspera de reyes, aún perdura en mi cara.  Duermo con ella puesta todas las noches. Es un fenómeno extraño que nada lo justifica, al que me gustaría ponerle cara y nombre, pero de momento solo pienso que los astros se han alineado a mi favor. Y como dice un amigo al que acabo de conocer: “se ha de estar a la altura del azar”. Palabras de Nietzsche.

Mientras espero sin desespero, distraída en mis cosas, tengo un pálpito. Siento la vibración de una fuerza arrolladora, la que se tiene cuando alguien o algo bueno está por llegar a tu vida. En estos momentos de la mía, me siento una mujer sin edad, y a la vez las tengo todas. Soy como el árbol que crece dibujando anillos y echando raíces. Siento la savia serpenteando mi cuerpo, despierto cada mañana fecunda, echando brotes, flores y frutos. En todas las extensiones sensitivas de mi cuerpo hay pájaros cantando y anidando vida.

Mi corazón está de mudanzas. He llorado mucho este año llenando cajas con recuerdos, con ropajes viejos que ya no me servían. Otras de álbumes y nostalgias para quemar en la hoguera. Nada del pasado ha de ser una barrera, me dicen los que saben. Para mudar una vida, para cambiar de ropero, de techo, de casa, de dirección, de compañero has de despejar el camino.

Elena, en cuanto el universo pase a abonarte lo tuyo: PREPÁRATE QUERIDA, me dice una buena amiga. Y yo me preparo en esta noche de Reyes, para estar a la altura de esa circunstancia apenas velada, solo intuida, que está por llegar. Y que espero merecer y, me encuentre, por capricho del azar o por designio divino de algo superior que se me escapa. O simplemente porque yo ya escribí mi carta, y creo en los Reyes.

Feliz año 2025 a todos. Que lo mejor esté siempre por suceder. 

viernes, 29 de noviembre de 2024

SABER LO QUE TODOS SABEN ES COMO NO SABER NADA

 



Una de las cosas que más me ha motivado en mi vida adulta, ha sido el conocimiento y las ganas de saber. La curiosidad por todo aquello que atañe a lo personal. A ese hipercomplejo mundo que habita en nosotros, que habla de lo nuestro y nuestras relaciones exteriores, y al enriquecedor descubrimiento de tantas materias y ciencias cuyo conocimiento mejora nuestra condición humana y la de nuestro entorno.

Escuché decir en una entrevista al historiador, filósofo, ensayista y profesor universitario Antonio Escohotado que el querer saber era una de las razones que le hacían seguir viviendo con interés, de manera apasionada, en un estado permanente de complacencia y alegría. Manifestaba que el placer era mayor que el de un orgasmo.

Coincidía con él, en que esa condición de vida no podría ser la misma ─ni tan apasionada ni entusiasta─ si no fuera acompañada por el amor o el cariño de una persona próxima, como una pareja. De una persona incondicional que estuviera a tu lado, resguardando esa fortaleza. Cuando le preguntaban si creía en el matrimonio, respondía con sonrisa medio irónica: fíjate, si creo, que he estado casado tres veces.

Desde muy pequeño ya apuntaba formas; se interesaba por los volúmenes más pesados de la biblioteca familiar, y copiaba sus fragmentos con pueril seriedad. Lo que le llevó a convertirse en un magnífico experto, erudito de muchas ciencias, cuyo virtuosismo estaba y sigue estando ampliamente reconocido en academias y sociedades intelectuales de más prestigio.

Su manera de gran pensador, siempre predispuesta al «saber», lo convirtió en una persona satisfecha y alegre con su vivir, en contraposición a la nuestra actual: ansiosa y convulsa. Distraída y relegada, que nos exige resultados inmediatos y, que acaba con nuestra salud.

Las sociedades envejecen y se transforman: cambian. La de mi generación es una sociedad de largo recorrido. Tiene muchos elementos comparables históricos, científicos, económicos, académicos y sociales, para poder valorar y opinar, para enriquecer, complementar y emparejarse a la toma de decisiones de generaciones más jóvenes que nos gobiernan y dirigen, como es de ley que sea. Pero a nosotros nadie nos escucha. Somos gobernados y guiados por otros que nacieron más tarde, a menudo con visiones más pobres y sesgadas. Su recorrido de vida es más corto, lo que no quiere decir que el nuestro, por largo, sea más sabio, pero si afirmo que tiene valores y criterios acertados que deberían ser escuchados.
Muchos son los que desconocen el alcance de su vivir estrecho y reducido ─por encontrarse rodeados de ruido, inmersos en el torbellino de locura donde se vive ahora─ y, hasta qué punto son utilizados, pensados y dirigidos por estrategias de terceros, de poderosas élites organizadas, cuyo alcance desconocen. Controlan nuestro mundo y nos hacen vivir bajo su yugo esclavo, en un aparente bienestar, pero en el fondo de forma insana y estrecha. Las nuevas generaciones deben avanzar no solo en el progreso científico y tecnológico, sino también en el humano. 

La tecnología, en los últimos cincuenta años, ha transformado de extremo a extremo nuestros hábitos de vida. Aceptamos lo que hay sin reflexión [cada día sabemos más y entendemos menos] y cuando nos ponemos a ello, porque somos más maduros y solventes y hemos reunido convicciones y certezas, ya nos hicimos mayores, ─que no lerdos, como algunos creen─ y entonces sucede que nos retiran "los permisos" la voz y la determinación. No sea que los ignorantes, los dormidos, los que saben poco, y los que nacieron más tarde, nos escuchen y se cuestionen dudas ─como principio del conocimiento y del cambio─ que les hagan rebelarse. Porque saber, lo que todo el mundo sabe es como no saber nada. El saber comienza allí donde el mundo comienza a ignorar.

Olvida lo que crees saber; plantéate la duda, cuéntate, y construye tu propio relato, porque nadie puede saber por ti, crecer por ti, buscar por ti. Ser feliz por ti. La existencia no admite managers ni representantes. El mundo necesita gente despierta, autónoma y sana. ¿Te apuntas?


sábado, 26 de octubre de 2024

POESíA ERÓTICA PARA UNA TARDE DE SÁBADO





Las lluvias de Octubre mojan las calles con fuerza y humedecen tristezas. Como queriendo penetrar la soledad y la nostalgia de los apagados del mundo. Hoy es sábado, veintiséis de Octubre, cae una intensa lluvia donde me encuentro. La tormenta eléctrica es muy fuerte, ilumina los cielos, poco antes del amanecer. Al poco se hace de día, miro por la ventana y no hay un alma. Todas están al refugio. No hay sospechas de ningún rayo de luz. Ningún indicio de color. Los toldos de las terrazas  se habrán de recoger, cuando dejen de llorar. Dejar que que entre la luz y el calor que necesitan los cuerpos, ahora que se acerca el invierno. Mientras tanto podemos jugar a embriagarnos de vida, debajo de las sábanas, un sábado de otoño como el de hoy, gris ceniza y lluvioso. Jugar al juego del amor. El día es propicio; se presta. Además todas las horas, de todas las tardes, de todos los sábados, de todos los otoños, están hechas para darse al placer, al sexo, a la lujuria de un pensamiento que se desborda y quiere morir desecho en la orilla de otro cuerpo. Acariciando sus comisuras y lindes, sus zonas prohibidas. Deslizándose por vertientes pendientes, oquedades y precipicios. Con ternura y suavidad del iniciado, primero, con firmeza tensa de amante experimentado, después. Susurrar al oído palabras clave que abren puertas y cavidades. Misterios indescriptibles. Hay que estar dispuestos a morir en el asedio con su arma de fuego apuntando al cielo. Darlo todo para su deseo y el tuyo. 
No hay mayor placer, que disfrutar del amor con tu pareja, o en su ausencia, con lo que más a mano tengas. Todo está permitido para alcanzar la dicha en un cielo que no discrimina.
Amar y gozar, entregarse al placer sin límites. Dar todos los besos que nos guardamos, los que no dimos. Volar. Derramarme en ti, contigo, o en tu ausencia remota: conmigo. Ese es el plan amor. Vente conmigo. 




SÓLO TU MISMA EN EL ÁCTO 

Extendida, carnosa, húmeda.
Un temblor sin lapso. Sin equívoco. Torbellino en torno de la flor de blando terciopelo, acorazonada, que nace del clima
de tus piernas como un grito nocturno. Flor que se liba.
Sombra de flor. En la sinfonía ciega de las corrientes lozana forma de mis manos sin ojos. Cuerno remoto de los rendimientos.
Llego navegando ondulaciones desesperadas. Soy dichoso.
¿Cuál es el color de esta fruición desencadenada, cómo llamarla, qué dios nos ha entregado esta conjunción? Me iré, Venus,
me iré, pero antes quiero apurar la copa. Ahogar los límites mollares, sofocar los cerrojos albeantes, vencer la sombra leda
de la desnudez, sacrificar el sonrojo numerado.
No me marcharé hasta que esta vegetal confusión de ondas no se haya cumplido. En tanto mi animal lamedor no esté sosegado.
Amo los blandos linderos de inefable tinte, ondulantes en la selva enana y espléndidamente libre que sobresale de tu cuerpo
como mil vocecillas frutales, el letífico aroma, el muelle calor, el ansioso tremar. Toda tú adunada por mareas geométricas
a mi piel. Toda presión, jadeo, huida, retorno, blancor, demencia. Nadadora. Extensión que amamanta mi vicio. Sombra
del láudano bajo mi pesado tiempo.
No partiré sin llevar una hora feliz en la corola, giradora, vencida y celante de los ojos que como al sol te reciben.

Poesía de Rafael Cadenas



ME DESORDENO, AMOR, ME DESORDENO.

Me desordeno, amor, me desordeno
cuando voy en tu boca, demorada;
y casi sin por qué, casi por nada,
te toco con la punta de mi seno.

Te toco con la punta de mi seno
y con mi soledad desamparada;
y acaso sin estar enamorada;
me desordeno, amor, me desordeno.

Y mi suerte de fruta respetada
arde en tu mano lúbrica y turbada
como una mal promesa de veneno;

y aunque quiero besarte arrodillada,
cuando voy en tu boca, demorada,
me desordeno, amor, me desordeno.

Me desordeno, amor, me desordeno
(…) Me desordeno, amor, me desordeno
cuando voy en tu boca, demorada;
y casi sin por qué, casi por nada,
te toco con la punta de mi seno.

Te toco con la punta de mi seno
y con mi soledad desamparada;
y acaso sin estar enamorada;
me desordeno, amor, me desordeno.

Poesía de Carilda Olivier




EN LA DOLIENTE SOLEDAD DEL DOMINGO

Aquí estoy,
desnuda,
sobre las sabanas solitarias
de esta cama donde te deseo.
Veo mi cuerpo,
liso y rosado en el espejo,
mi cuerpo
que fue ávido territorio de tus besos,
este cuerpo lleno de recuerdos
de tu desbordada pasión
sobre el que peleaste sudorosas batallas
en largas noches de quejidos y risas
y ruidos de mis cuevas interiores.
Veo mis pechos
que acomodabas sonriendo
en la palma de tu mano,
que apretabas como pájaros pequeños
en tus jaulas de cinco barrotes,
mientras una flor se me encendía
y paraba su dura corola
contra tu carne dulce.
Veo mis piernas,
largas y lentas conocedoras de tus caricias,
que giraban rápidas y nerviosas sobre sus goznes
para abrirte el sendero de la perdición
hacia mi mismo centro
y la suave vegetación del monte
donde urdiste sordos combates
coronados de gozo,
anunciados por descargas de fusilerías
y truenos primitivos.
Me veo y no me estoy viendo,
es un espejo de vos el que se extiende doliente
sobre esta soledad de domingo,
un espejo rosado,
un molde hueco buscando su otro hemisferio.
Llueve copiosamente
sobre mi cara
y solo pienso en tu lejano amor
mientras cobijo
con todas mis fuerzas,
la esperanza.

Poesía de Gioconda Belli



EL DESAYUNO

Me gustas cuando dices tonterías,

Cuando metes la pata, cuando mientes,

Cuando te vas de compras con tu madre

Y llego tarde al cine por tu culpa.

Me gustas más cuando es mi cumpleaños

Y me cubres de besos y de tartas,

O cuando eres feliz y se te nota,

O cuando eres genial con una frase

Que lo resume todo, o cuando ríes

(Tu risa es una ducha en el infierno),

O cuando me perdonas un olvido.

Pero aún me gustas más, tanto que casi

No puedo resistir lo que me gustas,

Cuando, llena de vida, te despiertas

Y lo primero que haces es decirme:

«Tengo un hambre feroz esta mañana.

Voy a empezar contigo el desayuno».

Poesía de Luis Alberto de Cuenca




Y DE POSTRE

De entre las frutas sabrosas
que a los postres nos esperan
en la mesa del deleite

melocotones
plátanos
fresas
peras.

Descartadas las manzanas,
de entre todas
yo prefiero
ese momento salvaje de

león come a gacela.

Poesía de Elena Larruy



miércoles, 11 de septiembre de 2024

UN LUGAR DONDE NO QUEDARSE

 




Sucede a veces en las redes de contacto que das con una cara que despierta tu interés, lees su perfil y no es para ti. Tú lo que buscas es una persona preparada, cariñosa, con presencia: a poder ser. Insistes, pasas al siguiente y no te dice nada, o si te gusta su aspecto, no da la talla: tres centímetros por debajo de la tuya.  Puede que tú no le gustes, por edad ─imaginas─ porque la respuesta en el mejor de los casos, es la callada. Te gusta que se cuide, que tenga pelo en la cabeza —más que menos─ que no fume, y no sea un trasnochado. Los hay que se presentan con seudónimos estrafalarios que de inmediato quedan descartados. Otras son tímidos “descafeinados”, tan callados que apenas tienen un hilo de voz y no te despiertan nada. Tampoco quieres un engreído, narcisista, de los que venden humo. Los “pechito palomo”, que van tres veces por semana al gimnasio, y ninguna a la biblioteca, porque les queda a desmano. Exhiben su cuerpo maduro, esculpido a lo “tableta trenzada de treinta”. Luego los hay que yo llamo de “alta gama” se fotografían con guantes blancos y palos de golf, y/o montados en esquís de alta montaña. Los amantes del mar, sentados al volante en medianas embarcaciones de motor. Bronceados hasta la visera, con ropas de firma y pose de: ¡cómprame, mira que interesante estoy!". Tras unos y otros, fondos marinos y montañas nevadas. Estos son los que dicen que van a la ópera y que escuchan música barroca. Que tengan la vida resuelta y gustos refinados no te parece mal, si lo que ves es sólido. Hombres sensibles, de valores consistentes, llano su saludo y sus formas. Que les guste la lectura y conversar. Tridimensionalmente buenos, en el sentido más amplio del término. Íntegros, conciliadores, que no lleguen "desgastados y rabiosos" a una relación nueva.  A veces te parece dar con uno, de los que no llevan gorra que les tape la calva, ni gafas la mirada, y te ilusionas y, en un par de noches se esfuma el sueño: cruzas un me gustas, un saludo, dos WhatsApp y, tres correos, y en menos que canta un gallo, te surge el “pero” y los reparos. ¡Era solo un espejismo, Elena! No encaja en tu mundo, y viceversa. Los hay que van de artistas, independentistas, con sus títulos caducados, trotamundos, sin un duro en la cartera, miembros de fundaciones muy ocupados, a los que siempre les esperan. También están los honestos y sinceros ─porque así se describen─ y a la que rascas un poco, se les descuelgan las mentiras, los vicios ocultos o se les inflama el ego. Hasta los hay que les crecen los colmillos y las orejas, como al lobo de Caperucita. De inmediato. Hombres que se acaloran y como los dragones, echan fuego por la boca cuando hablan de la señora que les tocó por esposa. Francotiradores con escopeta de feria, que disparan antes de apuntar. De todo me he encontrado. Los de la edad de piedra, que no le crecieron las ideas y que se encogen, como suéter de lana en la secadora, cuando te tienen cara a cara. Algunos de ellos me han contado que lo que ven al otro lado de sus pantallas son señoras con gafas oscuras, de edades que probablemente falsean, y muchas mascotas y nietos junto a ellas. Pero tú insistes en soñar, en encontrar al tuyo, al bueno, «a tu albatros» al que busca algo más que una compañera de cama, de mesa, o de paseo, al que quiere a su lado una mujer a quien querer y que le quiera, con quien seguir creciendo y aprendiendo, de quien tomar su valor y ofrecer el tuyo. "Un hombre vitaminado" sin “óxido de odio”. Mentalmente sano, salubre, que se cuide y sepa cuidar. Con mente abierta y despierta. Que se quiera [...] y sepa querer/me. Bien. Que no confunda la valentía con su "florín" masculino. Ni muestre debilidad en la ternura. Alguien en quien confiar y poder apoyarse cuando lo necesite. Que vea en el futuro un comienzo de vida de un Nosotros, sin congojas otoñales ni oscuridades de ocasos. 

Después de varias citas y bastantes contactos, entre muchos, no encontré a la persona/s con la que me hubiera gustado sostener una amistad estable, con posible futuro afectivo, o no. Descubrí hombres de mi edad muy solos, dañados por el pasado, con historias de enfrentamientos y desengaños, buscando curas paliativas a su dolor. Pero lo más decepcionante, fue la empresa de contactos a la que por mi bien no nombraré, cuyo rigor y profesionalidad brillaba por su ausencia. De afán pura y exclusivamente recaudatorio.

Pero no me voy de vacío. Esta experiencia, tan pobremente enriquecedora como frustrante, me ha dado opinión. Ahora se bien lo que es una página de contactos y citas. Un espacio de soledades no elegidas. Donde lo que más se da son los desencuentros.  Un lugar donde mejor ni estar ni quedarse. 



Música - Rubén Tuesta
Tema - Mejor solo que mal acompañado



jueves, 18 de julio de 2024

CUANDO ¡ESTOY BIEN! ES NO DECIR NADA

 


CUANDO ¡ESTOY BIEN! ES NO DECIR NADA.

Hay jornadas que deberían descontarse del cómputo general de lo vivido. Esas en las que te levantas para ir al baño por la noche, y al pasar por delante del espejo ves la cara de tu madre cuando tenía tu edad. Regresas a la cama y está vacía. Te enroscas como un feto huérfano en su seno de sábanas blancas, y te entregas al sueño reparador del mañana inmediato. Pasará, te consuelas. Pero la noche pasa lenta, el reloj se para a las cuatro. Te desfragmentas en trocitos de hielo y bagatelas, de un dolor extraño —como nuevo— esperando que se haga la luz. Al rato, de nuevo, siguen siendo las cuatro. Estiras el brazo para alcanzar el Smartphone que está en la mesita. ¡Oh, sorpresa! Aparece una yegua pariendo dos potrillos en TikTok. Renqueantes y ensangrentados se levantan del suelo y empiezan su marcha por caminos distintos, cada uno por el suyo. Cómo tu y yo. Sonríes. Y les pones nombre. 

Cuando una relación de pareja, tan larga como ha sido la nuestra, se acaba, dos vidas nuevas comienzan; nacen adultas, cansadas, expertas, canosas, resabiadas, ladeadas y solitarias [...] y también esperanzadas. 

Los recuerdos se vuelven amarillos, húmedas las palabras que lo significan. Entendibles los sucesos, porque te hiciste mayor. Has elegido y, tienes la experiencia de los años vividos. Pero al corazón, que es de otra textura y condición, no está para palabrerías ni verbos. Ninguna razón escucha. 

Al levantarte por la mañana, te vuelves a inventar para la alegría, para el deseo, para seguir viviendo con un corazón trasplantado.  Sobrellevas el duelo de estar sola, y te asomas a la terraza a hablar con las plantas crasas y los  geranios. Echas de menos una mascota hembra con la que poder hablar. Inventas nombres que le pondrías, —mientras tomas el primer café. Lila/Jamaica/Odisea. Revisas los WhatsApp, te aseas con desgana. Te vistes para estar en casa. Sacas la lasaña vegetal del congelador, o lo que toque comer ese día, y te sientas a escribir: estoy sola.  

Te salva la escritura y el cielo despejado y limpio que encuentras algunos días cuando subes las persianas y descorres las cortinas del cielo.  Cuando te centras en la escritura, tu mejor aliada. Entonces no hay ráfagas de tristeza colonizando tu cuerpo. Ni lloro, que no sea de  alegría. Ni nada que entele tu mirada, ni resfríe tu corazón al desnudo.     

¿Cómo estás, Elena? Estoy bien, le respondo a mi sombra. Pescado o verdura: ¿Qué querrás para cenar? Desvarío por momentos. He de reconfigurar mi programa, modificar sus desajustes.    

Conforme pasan los días de verano, se va sedimentando la materia arenisca de la separación.  Se queda en nada la fortaleza que fuimos. A los ojos de los otros perdemos valor, como «un todo fragmentado», nos devaluamos.  También a nuestra propia mirada, desde un sentimiento de abandono. Lástima y dolor por aquellos días hermosos de verano cuando todo era para dos: tú eras Júpiter y yo Venus. Las cañas, los paseos, las paellas,  las reservas, la cama, los billetes de avión, el café, las caricias, los sueños, los proyectos, las lecturas a medias, las cuentas, las preocupaciones, las regañinas,  nuestro amor [...]. 

   Las raíces de mi cuerpo/ha bendecido el amor. / He florecido en la espuma/regada por la pasión/Por el semen generoso de la vida/y el dolor.

De todo aquella materia combustible, ahora solo quedan virutas de cariño, celebraciones familiares, besos en las mejillas, llamadas logísticas y álbumes sepia. Y un sabor agridulce en mi boca que fermenta amargor, mientras veo irse de vacaciones de verano a las familias todos juntos y alegres  y yo me quedo aquí sola.    

¿Cómo estás, Elena? Me preguntan los amigos desde la lejanía más próxima. Y yo les respondes, que bien.  Y les digo la verdad, hasta cuando miento. Lo cierto es que no lo estoy,  estoy triste y siento un profundo dolor. El dolor tiene el movimiento de una mecedora antigua, no te deja avanzar. Es la hoja de ruta que no te lleva a ningún lugar. 

Deshago mis pasos en la noche oscura de mi soledad. Los seres queridos que podrían sujetar mi mano ya no están, se fueron para siempre. Hablo con ellos con las costuras abiertas de mi cuerpo dolorido y les pido que no me abandonen cuando me desgarro. Imploro su amor.

¡Pronto serán las cuatro, otra vez!  Cuando estás quieta en la oscuridad la tristeza te encuentra más fácilmente, pero yo no la rehúyo, se que viene de un cielo que acaba mandándote flores y luces y, relojes que funcionan.  ¿Cómo si no la alegría? ¿Cómo si no el deseo y la fuerza? a veces detenida, como el busto de una estatua griega, desmembrada, en un jardín de primavera, y otras como la rama extendida al cielo de una preciosa  araucaria, esperando a su albatros: sólido y poderoso, viajero del futuro, que me llene de sueños oceánicos y de un amor inconmensurable nuevo. Alta/fuerte/bien vivida/y en plena madurez. Soy yo. Sé que me estás buscando.

Te envío mis coordenadas amor. 



Música Xoel Lopez



Elena Larruy
Versos de Gioconda Belli


martes, 18 de junio de 2024

SI TE DUELE SOLO EL ALMA NO ES GRAVE

 


La vida es una larga lección de humildad y de conocimientos. Saber, sí ocupa lugar ─al contrario de lo que dicen─ nos da posicionamiento y dirección. Confianza para ocupar un lugar más confortable en el mundo, nos da una visión más extendida, menos expuesta a las falaces mentiras, que escuchamos cada día, aunque a menudo tengamos la sensación ¿ilusoria? de la utilidad del saber para un vivir más auténtico y dichoso.
Vivir de manera sana y equilibrada exige mucho entreno. Conocerse es para mi la aventura más apasionante que conozco.

A mediados de los 90 me interesaba mucho la teoría de la complejidad. Cuanto más me adentraba en ella más comprendía los límites de nuestro conocimiento y de nuestra capacidad de predicción. La complejidad me ha sido muy útil. Me ha ayudado a alcanzar un sistema que funciona frente a la ignorancia. Creo que somos fundamentalmente ignorantes y muy, muy malos para predecir el futuro.  Teoría de la complejidad/Naval Ravikant

Vivir es salirse a menudo de la norma de lo establecido y de las reglas impuestas, cuando tenemos edad y cordura para hacerlo.

El pensamiento discursivo no es fuente de luz:
Tratamos de resolver un problema, y no hay respuesta. Entonces lo dejamos tranquilo. En el momento en que hacemos eso, hay una respuesta, porque la mente superficial ya no está luchando. Está quieta. Solo cuando la mente está tranquila -gracias al conocimiento propio- solo entonces, en esa serenidad, en ese silencio, puede manifestarse la realidad. El conocimiento de uno mismo/Jiddu Khrisnamurti

Vivir es equivocarse y aprender del error, es perderse para encontrarse, es pararse a contemplar la materia de la belleza y su textura, es romperse y recomponerse, es éxtasis y es locura... Vivir es la cosa menos frecuente en el mundo, la mayoría de la gente solo existe, escribía. Oscar Wilde.

Vivir implica dolor, tomar decisiones.  Unas veces se gana otras se aprende. Como toda situación tiene tres opciones: cambiarlo, aceptarlo o dejarlo. Encontrar el deseo o la motivación que te lleve a esa acción es necesario, con valor y coraje.

Y acabo con estos versos del poeta Ángel González que dicen: Y me vuelvo a caer desde mí mismo/al vacío/a la nada/me toco para ver si hubo gran daño/mas no me encuentro/Mi cuerpo ¿Dónde está?/Me duele solo el alma. Nada grave.

Si te duele solo el alma: ¡supéralo!, que diría Santa Teresa. Conócete, entrénate, aventúrate, supérate: quiérete mas.



lunes, 6 de mayo de 2024

OLVIDO O CASTIGO

 

                                                                     
  Autor Christian Schloe



Este trabajo que escribí en Rosario, Argentina, está inspirado en la lectura de Sentido, del libro Teoría de la Gravedad, de la reconocida y afamada periodista argentina Leila Guerriero. Está dedicado a la hija de mi querida amiga Adriana, Florencia Patitucci Gomez, que siendo médico de familia, en el año 2018, con treinta y nueve años de edad y una semana más tarde de haber dado a luz a Santi, su segundo hijo, sufrió un ictus cerebral que le encharcó el cerebro, dejando en su cuerpo importantes secuelas de movilidad, y en un estado de profundo dolor, del que se recupera lentamente día a día con la ayuda de su familia y amigos

 

Ocurre a veces, sobre todo en los viajes, a miles de kilómetros de casa. A veces es un gorrión con la cola amarilla que busca comida en la acera cuarteada por donde tu pasas, y te saca del empeño por no romperte la crisma en el extranjero, en una ciudad descuidada, con elegancia caduca. Otras es la zapatilla, como llaman aquí a la regleta: el soporte donde adaptas los diferentes enchufes de tus aparatos eléctricos. O el pan macerado, que sirven en todos los restaurantes de la ciudad donde vas a comer: de corteza resistente y miga concentrada, saturada de harina blanca. O el dolor en el pecho que aparece a las pocas horas de tu llegada, y te alarma a las cuatro de la tarde y a las nueve de la noche, poniéndote en lo peor, hasta que el estetoscopio de una mano amiga y experta te dice que todo está bien, que seguramente era un dolor muscular de subir, bajar y arrastrar maletas y, de más de trece horas de incómodo vuelo. A veces son las metáforas de la pobreza en el color ceniza de las caras, y las miradas sin brillo. O la letra arrastrada de un vocablo con dramatismo de tango que te resulta familiar.  Otras es el monolito estático de un símbolo que no te representa ni te dice nada, porque tu firme patriotismo y decisión es una letra en blanco sobre fondo blanco-nuclear, pero nunca una bandera. Otras, es el retrato en la fachada de un rascacielos, del tamaño de unos quince pisos, de un ciudadano de baja cuna y altos logros, rosarino querido/admirado/proeza/”Messianico”/ una leyenda en vida. Otras es la cercanía de la voz amiga que te habla desde el otro lado del hilo transoceánico. O cuando te sientes “rebien” como dicen aquí, en un “castellaaaaano extranjero” que suena “reliiiindo”. O cuando tus amigos te salen a esperar al aeropuerto, y te reciben con flores y vino,  y hacen que te sientas como en tu propia casa. A veces es una “tormenta eléctrica” en la casa, que no deja más secuelas que un llanto coral en familia, bien llorado y escurrido. O la ebria alegría de imaginar caricias que nunca llegan.  Otras veces nada, nada de eso pasa, y entonces te haces preguntas que te devuelven a casa, a la tuya de siempre, esa que está donde estás tú. En ti. Entre fuego y cenizas; consumiendo la vida y sus ciclos, como en una danza interminable que no cesa. Arrastrada entre corrientes, -¡tantas veces!  como el Paraná, el río turbio que atraviesa la ciudad de Rosario, del mismo tono que la vida, cuando arrastra inmundicias y lodos, Flor.

A veces hay que sumergirse en las profundidades del Letheo para olvidar los pasados, porque nada pertenece al que está de paso a otras vidas. Teselas, Flor, así se llaman los trocitos que el otro día me preguntabas su nombre, y yo te respondí que eran piezas pequeñas con la que los antiguos griegos componían mosaicos. Piezas rotas que los humanos usamos para reconstruir nuestra fortaleza día a día. Porque cada día se nos rompe algo. La vida es eso, una continua construcción y deconstrucción, como las piezas del Lego que montan y desmontan tus hijos pequeños, sin hacerse preguntas; disfrutando, aprendiendo, creciendo… con las primeras miradas. Con la voz limpia, Flor. Como si nada malo hubiera sucedido. Ignorando a otros que pareciendo vivir, no lo hacen porque están en punto muerto. 

Vivir con la memoria vaciada. En una actitud de valor y de constancia, por ti y los tuyos. Sin Castigo, ¿recuerdas? Por tu bien y el de todos nosotros, los que estamos contigo.

A veces, para avanzar necesitamos… Solo el Olvido.  

Elena Larruy

Rosario/Argentina/ Mayo-2024


FLORES Y VINO de Bely Basarte




viernes, 26 de abril de 2024

DE LA CONCIENCIA A LA EXCELENCIA

 


Os sorprendería conocer el talento natural que anda suelto ─sin evaluar ni reconocer─ que se escapa a los medidores de intelecto que conocemos. Personas creativas y valientes asistidas por la gracia de una movida interna sin discurso, de un deseo superior sin freno ni dictados. Capaces de llevar a cabo con éxito cualquier empresa o proyecto. 

Me declaro fan de estas personas y del trabajo bien hecho. A ellas me dirijo principalmente por su capacidad de influencia en los medios. Jóvenes, por lo general ─y a veces no tan jóvenes─ movidos por la pasión de todo tipo de conocimiento. Aman lo que hacen. Y son en gran medida emprendedores deseosos de «comerse el mundo». Los observo con mirada crítica y envidia sana.

La mayoría de estas personas tienen preparación académica y títulos universitarios, pero no siempre es así. Los hay más influenciados por el favor del instinto que por el reputado intelecto, que raramente pisaron un instituto y son auténticos ejemplos a seguir, incluso se les puede llamar maestros, como es el caso del copywriter Isra Bravo ─por poner un ejemplo. Autodidactas talentosos, emprendedores efectivos que se formaron ─y lo siguen haciendo─ con tesón y amor propio.

Para unos y otros trabajo y disfrute es la misma cosa. Interactúan de manera rápida y eficaz en las redes. Tienen olfato empresarial para detectar las oportunidades y, cualidades suficientes para atraer aquello que persiguen. Aprenden rápido. Conocen los dinamismos cambiantes de los mercados. Actúan con sus sinergias y sincronías  de manera oportuna y confiada. Tienen prisa. Prisa por ser los primeros en “comerse el trozo más grande del pastel”. 

Sin embargo, con más frecuencia que menos se observa en sus  conductas  una falta efectiva y afectiva de la presencia del Alma. Como si el ser humano fuera solo cuerpo y mente, como si el espíritu que lo moviliza y armoniza fuera tan solo un constructor de la mente, en la que sí creen de manera exclusiva, excluyente y hasta reverente, como si de una institución religiosa se tratase.

El terreno sensitivo, lo trascendente, lo metafísico incomoda a muchas personas. Evitan poner nombre a lo que no saben ni pueden controlar con un razonamiento lógico, por incompetencia operativa de lo que saben con lo que sienten. También por temor al desprestigio, a ser descalificados y etiquetados de supersticiosos, beatos, seres emocionales, creyentes, gregarios. Curanderos, descerebrados, santones, gurús, sectarios "personal de tercera clase" que juegan en otra liga.  

Una mente sin corazón es como un óvulo sin esperma.

El universo es la expresión de la divinidad. Esta divinidad se manifiesta en infinidad de planos. Nuestro cuerpo humano es uno de ellos. La comprensión de lo que existe y de lo que somos, subyace en cada uno de nosotros y, es a través del silencio, la observación y la meditación que llegamos a la comprensión de su esencia: sin interferencias ni intermediarios, sin argumentos amarillos de la razón.

En todo tipo de trabajo excelente se detecta el sello del alma. Su presencia. Muchas veces sus propios creadores lo desconocen, por todo lo dicho.

Corazón y mente van juntos de la mano para crear vida y enriquecerla. Para hacer de esta una excelencia. 

La apasionada carrera de ambición de estas personas a las que me refiero en el encabezamiento, sería reprochable en una sociedad más colaborativa que competitiva, más avanzada que enfrentada, más progresista que retrógrada, cuya lente crítica y esfuerzo estuvieran más enfocados a un reparto más justo del conjunto de riquezas. Pero esto no es así, como todo el mundo ya sabemos. Hemos sido educados en la diferencia, para actuar enfrentados. En un vivir de apariencias. No importa que nos pudramos por dentro de: aislamiento, vergüenza, tristeza, sufrimiento, odio, enfermedad, incomunicación, soledad, miedos […] La cuestión es guardar las formas establecidas, hacer como que no pasa nada. Y seguir con nuestro derrumbe existencial, desconectados de la conciencia del Ser y de su esencia. Del Todo al que pertenecemos. 

La prestigiosa y reconocida Mónica Cavallé, doctora en filosofía, nos dice en uno de sus libros: El Coraje del Ser, que no podemos seguir viviendo en la ignorancia. Apegados a todas las falsas adherencias de lo que creemos ser ─y no somos. A las ideas y credos heredados que secuestran nuestra mente con imágenes, pensamientos y arquetipos mentales engañosos. Insiste en la necesidad de indagar más, desde el interior de cada uno de nosotros, para saber quiénes somos realmente y actuar con conciencia de alma, desde la no separatividad.

Una conciencia ejemplar: limpia, lúcida y trasparente es necesaria en todas las personas; especialmente en aquellas que, por su influencia en contextos tan poderosos como internet y el conjunto de medios, llegan a millones de personas. Se necesitan compromisos valientes. UNA DIMENSIÓN REVOLUCIONARÍA DE ELEVADA RESPONSABILIDAD

Personalmente hablo desde la experiencia que con el paso de los años con lo vivido y por capilaridad, se ha ido conformando lenta y progresivamente en mi interior. He cuidado de mi, procurando forjar un carácter espiritual por convencimiento, sin mediadores ni credos externos. Esa es la naturaleza de mi fe. Y mi certeza. ¿Cuál es la tuya?

Conciencia en acción, lo llama Borja Vilaseca. Otro incansable buscador de la excelencia en el proyecto humano personal, educativo y empresarial que apuesta por el trabajo interior, sin moralismos ni estándares religiosos, desde lo más profundo del Ser.

Finalizo con un fragmento de la autora mencionada:  [«Si ese anhelo de verdad es sincero e incondicional, finalmente veremos y comprenderemos, porque «todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla». El camino interior no es un asunto técnico ─como hoy en día parece dar a entender la proliferación de técnicas interiores─; es una cuestión de pureza. Y la pureza reside, entre otras cosas, en esta actitud: la de tener un anhelo de verdad que sea mucho más fuerte que los temores y deseos de nuestro yo superficial.»].

La presencia del Alma es necesaria en nuestras vidas, indispensable en todos los actos. Debemos y podemos actuar con esa inteligencia, si realmente queremos una mayor calidad de vida para todos. De la conciencia a la excelencia.

Cuida de ti ─Cura Sui─  


sábado, 9 de marzo de 2024

LA AMISTAD HABITABLE

 

Escultura de Jaume Plensa



LA AMISTAD HABITABLE

Un amigo es alguien que conoce la canción de tu corazón y puede cantarla cuando a ti ya se te ha olvidado la letra.

Julio R.Ribeyro

Hace unos días siguiendo el rastro del escritor Javier Marías me encontré el homenaje que los amigos le hicieron unos meses más tarde de su fallecimiento, el 11 de Setiembre de 2022. Se escucharon voces de admiración y de respeto al talento de Marías y su obra literaria, pero sobre todo a la amistad que los había unido y al cariño que decían sentir todos por el amigo fallecido; anécdotas entrañables y guiños cómplices que ponían de manifiesto EL GRAN VALOR DE LA AMISTAD.
La verdad de la amistad es muy amplia, imprecisa y extensa. El periodista Antonio Lucas la define así:
La amistad es la más imprecisa de las verdades. La más exacta de las religiones.

En un acto silencioso entre dos amigos, que se entienden solo con mirarse, hay amistad. Sentido de prolongación el uno en el otro. Cuentan la anécdota de Camarón con otro cantaor de flamenco andaluz, Luis de la Pica; sentados uno frente al otro en la barra de un bar de Jerez, sin mediar palabra. Disfrutando el uno del otro solo con la mirada, con una timidez exagerada. Nadie los escuchaba hablar, pero no faltaban a la cita.

Se admiraban y se querían solo con mirarse, como en los versos del poeta chileno Pedro Prado: La amistad es amor. Los/amigos/se/hablan/cuando/están/más/callados.

Algo parecido sucedía entre Pio Baroja y Azorín en sus paseos por el parque del El Retiro de Madrid. De ellos cuentan que eran tan amigos que no cruzaban más que el saludo. Y/por/eso/yo/busco/el/tener/a/mi/lado/el/amigo/que/entienda/cuanto/digo/callado.

Arturo Pérez Reverte, es otro defensor de la teoría del silencio entre los amigos: «Ese saber estar juntos, como se está en un amor silencioso, sin más empeño ni vocación que el estarlo». Afirma, con razón, que no se puede andar por la vida sin gente a tu lado en quien puedas descansar.

A menudo los amigos no se parecen en nada o en casi nada. No comparten nuestros gustos, tienen maneras muy diferentes de ser, de estar en la vida; hasta nos pueden llegar a cansar en algún momento, pero aceptamos sus rarezas y defectos y los queremos sin juicios, de manera natural y sencilla, o no los queremos. Siempre hay algo que admiramos de ellos. Los amigos son hogar cuando más los necesitamos.

Una cualidad que no puede faltar en la amistad es la lealtad. La atención y la lealtad entre amigos deben ser reciprocas: 

No hay amistad sin lealtad. No hay amistad sin atención al otro.

Incluso aquellos de actitud más gatuna ─más esquivos─, pueden llegar a ser grandes amigos desde la distancia más remota. 

Del amigo no tienes siempre que saberlo todo. Te das cuenta, cuando uno de ellos falta y te cuestionas cosas que ya no tienen respuesta ni nunca la tendrán.

Entre buenos amigos artistas cuentan, no exentos de humor, que cuando escriben o sacan una obra no se las muestran entre ellos, precisamente por eso, porque “los amigos son sinceros”. Y es que la amistad está por encima de aquello a lo que te dedicas, a los gustos y aficiones que cada uno tiene, a lo que eres o crees ser. Cuando por oficio o profesión hay rivalidad entre amigos, se mueven muchas vanidades y susceptibilidades. Se ha de ir con tacto y, por supuesto con respeto. Nos debemos al amigo de la misma manera que nos apoyamos.

Porque somos humanos, vulnerables y tenemos pulso, naufragamos en ese mar encrespado de las emociones que nos desbordan tan a menudo y, nos hacen sufrir. Los pequeños enfados y las molestias están siempre ahí, como lección de vida, para que ajustemos diferencias y reseteemos egos y credos. La humildad es otra cualidad que enseña la buena amistad. Hay que saber quitar hierro a esos pequeños conflictos que nos separan y hacerlos durar poco. Cuando desaparece el Yo personal entre buenos amigos se establecen vínculos superiores, se envejece juntos y nunca se está solo. 

Un buen amigo siempre nos hace mejor persona. Ríes con él. Con él y por él aprendemos a decir las cosas sin dañar, a dar valor a lo que no se ve, a lo que en apariencia no ocurre; porque vivimos en su guarida y ellos en nuestra trastienda, sin necesidad de poner palabras. Conocemos su canción.

El pájaro tiene su nido. La araña, su tela. El hombre, la amistad. W.Blake

Elena larruy
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