Mostrando entradas con la etiqueta Victor Heredia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Victor Heredia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 31 de mayo de 2023

SON RISAS MIL SOBREVIVIENDO




Hoy me gustaría contaros algo gracioso, de esas cosas inesperadas que a veces pasan y nos hacen reír a carcajadas todo el día. Me viene a la cabeza los gaditanos, siempre de tan buen humor, con sus chascarrillos y  chirigotas graciosas siempre a punto, para hacernos reír a todos  No hay cosa a la que no le saquen punta, tienen un don natural.  Se podría decir que están en una actitud de chispa permanente con la vida, como echándole un pulso continuo, para quitarle gravedad y espesura. 

Yo soy más de sonrisa, reír a mandíbula abierta no es lo mío, pero a veces me pasa, como en esta ocasión, que no podía parar de reír. Cuando eso ocurre es de las cosas que mejor me sientan, y más me favorecen, creo que hasta pierdo peso: ja ja.  Aquí, por donde yo vivo, nos reímos poco, en serio. 
 
Con los años y la profesión, he aprendido a estar más en modo sonrisa. A veces con sabor a almendra amarga en la boca, como en esta ocasión con la resaca de la marea azul  que han dejado las elecciones municipales y autonómicas del pasado domingo. Los filibusteros políticos de turno celebrando su triunfo. Las políticas tan necesarias como falsas y enfermas, nos llevan al fracaso. Son la anti sonrisa.  

Porque quiero sobrevivir a ese fracaso y que no se me avinagre más la cara, saco los pies del jardín donde me he metido y no quiero estar y me traslado al Parque Nacional del Timanfaya, en Lanzarote, para contaros una anécdota graciosa que vivimos mi marido y yo hace unos años regresando al hotel.

Viajábamos en un coche que habíamos alquilado para pasar una semana el la preciosa isla canaria,  nos dirigíamos, de regreso, hacía el lado norte.  Llegamos medio perdidos  a un pueblecito del que no recuerdo el nombre. Paramos el motor para bajar y estirar las piernas. En ese momento pasaba un lugareño cerca de donde nos encontrábamos, y lo paramos para preguntarle qué se podía ver de interés por allí, a lo que el hombre, que debería acercarse a los cincuenta años,  sin pensárselo dos veces, nos contestó con mucha sorna: "por aquí lo más interesante de ver es mi mujer, y ahora mismo está trabajando" explotamos los dos a reír a mandíbula abierta con lo que acabábamos de escuchar y la guasa añadida con la que el buen hombre pronunció la frase. Tuvimos risas para todo el camino de vuelta. No podíamos parar, nos contagiamos uno del otro hasta el punto de que nos caían las lágrimas y nos dolía el pecho.  
 
En otra ocasión, también en coche, buscando la dirección de un restaurante, y de nuevo perdidos por las calles estrechas del municipio, próximo a nuestra ciudad. Mi marido insistió que preguntáramos a la gente, pues llevábamos dadas varias vueltas y no había manera de encontrar la calle. Sobra decir, que han pasado más de veinticinco años, y que en esa época no existía el Google Maps;  el método más sencillo era bajar la ventanilla y preguntar al primero que pasaba.  A mi me gustaba mirar primero la cara de la persona, para asegurar el tiro, pero mi marido se estaba poniendo nervioso y frenó el coche de repente  a la altura de una persona que caminaba por la acera, de espaldas a nosotros, y me inquirió a preguntar, sin darme opción: ¡Señor, señor!  ¿sabe donde está la calle Beethoven? el hombre calmoso y tambaleante se giró hacia nosotros, se agachó para apoyar su antebrazo izquierdo en mi ventanilla, nos miró con sonrisa burlona y gesto de pitorreo, y se arrancó de esta manera: ¡No, no, no, noooooo!. Habíamos parado a un borracho, mal afeitado y de aliento pestilente, que conocía bien la sinfonía y al afamado compositor alemán. De nuevo un coro de carcajadas estallaron en el coche, esta vez coral, pues éramos cuatro los que íbamos en él.  

Hay pocas cosas tan auténticas y favorecedoras como una buena la risa, cuando surge tan espontánea.

La sonrisa sin embargo tiene muchas facetas, y no siempre buenas: las hay amables, de postureo, falsas, cordiales, maleables, de cordero degollado, de bienvenida, de disimulo, políticas, desganadas, beatas, burlonas, dulces, pegajosas, educadas, edulcoradas, malévolas, amorosas, sensuales, insinuantes, interesadas, ácidas, hipócritas, verticales... de chimpancé. Sonrisas a granel, multiusos, a peso, hasta de ciruela pasa.  SON RISAS MIL sobreviviendo, se vive mejor. 
La auténtica, la que no tiene doble cara, es LA SONRISA INTERIOR, la que ponemos cuando nadie nos mira y sale natural, de dentro hacía afuera, como la mía ahora. 

 No dejes que nada ni nadie te la amargue. 

  


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...