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miércoles, 27 de marzo de 2019

VIVIR ES TRANSFORMARSE

Vivir es transformarse, desnudarse, cambiar la mirada y el pensamiento.




A N O T A C I O N E S


Visión humana

En lo personal no soy una persona pesimista ni dramática, pero a menudo tengo una visión humana muy triste de la existencia. No renuncio a vivir otras vidas. Creo que existen mundos paralelos en dimensiones superiores imperceptibles a nuestras capacidades, donde se manifiestan energías más elevadas de conciencia, que desarrollan inteligencias más humanas y capacitadas para la ética y la justicia. Abogo por esa vida, no pierdo la esperanza de vivir otra vida mejor, más auténtica, alejada de este espacio nuestro enfermo, infectado de mentiras, donde la vida se construye desde la apariencia  y la falsedad, donde hasta los valores se mercantilizan, haciendo de nuestro mundo un gran mercado de intereses y competencias, donde siempre ganan los mercaderes más ricos, los que siempre nos gobiernan y mandan en nuestras vidas. Un mundo así me parece una estafa. 


El miedo se vive del revés

Me deleito en la madurez, el gozo que me proporciona la escritura y la poesía. De pequeña aprendí más que me enseñaron, y lo hice con dolor y con temor. Hay una frase que tomo de un acreditado escritor Portugués, Miguel Torga, que dice: "siento miedo al revés". Así era mi miedo: reversible, más para adentro que para afuera. Me sentía una niña al revés, a la que ningún adulto le preguntaba su opinión, ni qué le hacía feliz. Lo cierto era que yo no era ninguna excepción, en el contexto socio político de los años cincuenta, donde me crié. Las formas y normas de convivencia era dictadas y de obediencia obligatoria. Se vivía mucho de las apariencias. Nada de lo interno personal era relevante. De ahí mi interés y fascinación por encontrar quién era yo, en esos espacios donde se forma el carácter y se deforma la personalidad. Así crecía a solas por dentro, en la soledad de la sombra, donde no era molestada,  porque a nadie interesaba.



La arquitectura de la soledad

En la adolescencia mi cabeza era como una madeja de lana enredada por un gatito juguetón. Mi mente confusa, repleta de nudos y cabos sueltos, no sabía cómo ordenar semejante maraña, incapaz de articular una idea; es más ¿Las ideas? ¿Qué eran las ideas? Mi corazón me respondía en clave morse,  en tono consolador y hasta amoroso, que hacía que no me sintiera tan sola, no necesitaba traducción alguna. Empecé a sospechar que había algo superior dentro de mí, más importante que un cuerpo, al que atender, y aprendí a escuchar esa voz que me hablaba quedadamente, aprendí a estar sola, con y para esa voz que me daba respuestas y esperanza, aprendí a aceptar los desafíos, a superar los retos, a vencer los miedos:  aprendí, aprendí y aprendí a construir fortalezas y murallas. Ahora que me entiendo, más o menos, y me quiero con ambigua generosidad, he pactado una franquicia con la soledad, a modo de sinergias: mi aliada y compañera. Con ella y para ella vivo y me sostengo. Siempre aprendiendo.



Vivir es transformarse

Prefiero pensar que soy más singular que rara. Tengo bastante interés por mi persona y mis logros; me construyo con material de mosaico que tomo de los desechos. Me rompo y reconstruyo como la imagen de una moviola. Prefiero divagar a razonar a la hora de buscar respuestas y soluciones, y sobre todo defiendo la duda, no como fruto de una indecisión, si no como acción necesaria que me pone a la escucha, para valorar y empatizar con otras ideas, otros planteamientos y otras personas, en el saber de que todo es cambio y transformación, que somos como  jardines en un continuo morir y vivir.



La identidad

Estoy afiliada al ser humano, sus causas y efectos, la historia personal de sus estimas y desventuras, su arquitectura, sus actos, sus patrones de conducta; cómo libera sus cadenas y se orienta sin credos ni condicionantes y también de cómo se condena. Como miembro de ese gran grupo humano, me siento comprometida con los afectos y el conocimiento, aunque no sea la mejor aliada, estoy en ello. Admiro a las personas con ideas curvas, que se construyen sólidas sin trampas ni mentiras, flexibles como juncos y sobre todo las que ponen en sus vidas música, poesía y belleza.




A propósito del paisaje interior

Me gusta abrir ventanas para que corra el aire, respirar la frescura de las primeras horas de las mañanas y dejar que arrastre lo vivido y lo viciado, aceptando que en las paredes de la memoria hay huellas imborrables que siempre estarán allí impregnadas de sentimientos. Mucho más que la geografía, la historia o las matemáticas, el paisaje interior es lo que más me gusta, con diferencia. Si hubiera podido hacer de ello una profesión, hubiera sido Paisajista de Interiores.



En clave de Sol

Cada persona toca un instrumento para el que está más dotada, es su responsabilidad mantenerlo limpio y afinado, para que la orquesta de la que forma parte importante, suene bien y su música sea de notable armonía.




Principios sobre la rebeldía y la responsabilidad

Hay muchas maneras de ser rebelde, yo lo soy. Cuando te desmarcas de algo, siempre hay alguien que te señala y acusa, o te etiqueta y hace de tí su enemigo. Prefiero la rebeldía activa  silenciosa, la que se ejerce desde la individualidad, consciente del efecto, no tan inmediato como sí eficaz y decisivo, que se sustenta en el tiempo, que da libertad para un vivir comprometida y responsable.  Otra forma de rebeldía es llevar la contraria sin querer convencer al otro, a ese respecto José Saramago decía que era invasivo. Me gusta ese pensamiento. 



Soy una mujer de mi tiempo

Me gusta escribir sobre el dolor, la perplejidad y el drama humano. Me siento una mujer del presente, llevo conmigo todo lo que viví y heredé de mis ancestros, por eso no me gusta recrearme en los detalles del pasado. Con demasiada frecuencia observo en la gente que me rodea, enganches,  trampas, dolor, dependencias, vacíos existenciales  y mucho chantaje de todo tipo. Echando  la vista atrás se pierden los paisajes del presente y los horizontes  cargados de futuro, ¡hay mucho por hacer!. Siento que pertenezco al futuro. Siempre estoy aprendiendo, no concibo otra manera de vivir. Método y trabajo, persistencia y creencia en lo que se quiere y se cree, son necesarios para hacer cosas importantes. Vivir de manera saludable con y en la alegría, debería ser un estado y no una finalidad y sobre todo un propósito.




Mundo depredador y corrupto sin fecha de caducidad

Hoy ha sido en el desayuno cuando me he vuelto del revés,  presenciando en los medios la escena del llanto de un niño de raza nagra de unos dos añitos, medio desnudo en una charca con sus padres asesinados a sus pies, y no en la cena como noche tras noche presencio,  mientras me llevo un trozo de pan a la boca: una lapidación, una violación, un asesinato,  o una tortura gratuita...   No puedo borrar de mi mente la imagen de ese niño: ¿Cómo quitarla de mi cabeza? Hoy he sentido el terror, la desolación y el dolor de ese menor, condenado a la cadena perpetua de la orfandad y el desprecio por la vida. ¿Cómo impedir que ese ser inocente, haga lo mismo y le devuelva al mundo, con la misma crueldad, su justo precio? ¿Con qué clase de amor? No tengo respuesta para eso. 



Visto lo visto   

El tono es importante cuando se escribe y cuando se vive. ¿En qué nota de ese tono queremos vivir?. La cuestión es si una vez elegido el tono que nos favorezca, somos capaces de sostener esa sintonía cuando nadamos contracorriente, cuando luchamos contra lo imposible, cuando se pone a prueba nuestra vulnerabilidad.




Demasiado cobardes para ser ciertos.

Creo en las personas: creo que somos humanos y buenos, importantes y capaces, pero también que somos insustanciales, frívolos, inconstantes, mentirosos, mediocres y cobardes, a los crueles ya los nombré, de esos no formo parte, no está en mi esencia, espero que ninguna fuerza extrema me ponga a prueba.



Lazos y nudos

En las relaciones humanas intentamos lo imposible, extendemos lazos que nos unen a otros, otros con cuerdas de soga que nos atan y hasta nos condenan, nudos gordianos, emocionales, pretenciosos y fracasamos, porque nada de lo esencial podemos compartirlo en su totalidad, sin salir heridos o trasquilados. Valoramos las cosas desde nuestro propio ombligo, por eso la gloria y la fatalidad se viven en solitario. Hay un pensamiento de Leo Buscaglia, orador y profesor universitario de origen italiano, que me gusta pensar que es así y que dice: Cada hombre que se acerca más así mismo, en alguna forma, se acerca mayormente a los demás.



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