sábado, 14 de noviembre de 2020

AFORISMOS DE JESÚS AGUADO

La poesía es mucho más que un género literario. Se debe diferenciar entre poesía y poemas. Poesía es una forma de mirar el mundo; vemos, leemos, escuchamos  poesía en la naturaleza, en las caras, en los objetos, en la música, en una pintura... El poema puede ser o no valioso, edulcorado y timorato, pero es la buena poesía la que nos abre las puertas y tiende puentes hacia lo humano. Hay una necesidad de recibir palabras con las que entenderse, palabras que nos descubran y poder compartirlas con los otros. Tenemos verdadera necesidad de esa unión.
Aquí os dejo reflexiones y aforismos en torno a la poesía del gran poeta y maestro Jesús Aguado, extraídas de su libro HERIDAS QUE SE CURAN SOLAS. Deseo que os gusten.

           «La poesía es o debería ser una propuesta de felicidad universal» 

Marc Chagall



La poesía es la más completa caja de herramientas inventada por el ser humano para armarse una existencia bella y digna. Sirve para tantas cosas que a veces parece no sirve para nada. Es un diccionario, una madre, un destornillador, una caricia, una alfombra voladora, un interruptor: todo y nada, en efecto la nada que hace que todo tenga sentido, el vacío sobre el cual se sostiene el mundo. 


Las preguntas son por lo general fruto de la inteligencia y de la humanidad mientras que las respuestas son, con demasiada frecuencia, zancadillas que las teorías les hacen a las personas.

La tarea última de la poesía es rescatar las palabras de la irrelevancia, la insignificancia y la inexistencia donde las ha confinado nuestro mundo y devolverles su dignidad, su libertad y su sentido.

Aquí: Un latigazo este adverbio que hace correr, como caballos asustados, sustantivos, verbos, adjetivos, signos ortográficos y espacios en blanco, y que pone a temblar a lectores y poemas porque intuimos que ahí, "aquí", nos jugamos la vida.

Hay que tener una gran fuerza y mucha determinación para talar la gramática de los viles, para echar abajo su sintaxis de dominación, para hacer leña de sus palabras hipnóticamente engañosas.

Por cada poeta en activo hay tres o cuatro que han sido borrados de la pizarra, apartados a empujones de este infinito sendero de galaxias que se bifurcan, poetas a los que algo, alguien, lo que sea, ha robado los mapas y el astrolabio, el deseo y las ganas. 

A medida que uno avanza por ciertos libros le queda la sensación de que las palabras se evaporan, de que se van condensando a causa de un calor que ponen a medias el texto y el lector. Palabras que se fugan a su origen después de iluminarnos, palabras que desaparecen para dejarnos dormidos entre las sábanas de las páginas blancas. La razón de ser de cualquier poema.

Escribir es, o debería ser, negarse a aceptar las directrices del centro, exiliarse del centro, borrar el centro.

Cualquier escritor es una suerte de inmigrante: un mestizo que extrae de los sufrimientos que le provoca esa impertinencia a cualquier centro su fuerza expresiva, sus imágenes, sus ideas, sus temas o sus personajes. 

Llevarse bien con lo pequeño, con lo que pasa desapercibido, con lo que se esconde, con lo que vive ensimismado. Puro amor que acoja dentro de sí una a una, y con delicadeza, las piezas dispersas del gran puzle del universo. Pero no para recomponerlo sino para evitar que alguien o algo lo haga. 

es aquí abajo donde se encuentra lo más alto, que nunca lo es más que un niño, un palo, una raya en la arena, una rana, un gato, cualquier persona, cualquier objeto.

Llevarse bien con las palabras parea que se desentumezcan, se limpien, se cambien de ropa, se resignifiquen y se abran.  

Llevarse bien con la luz que camina saltando de sombra en sombra. Y con lo que se mueve cuando se queda quieto. Y con lo que es lo que es pero menos, sin darse importancia, casi a ragañadientes. 

La poesía más que nunca: para poner paz, para alimentarnos en medio de tanta miseria, para hacernos rama, araña, barro, avispas, para devolvernos al mundo y hacerlo palabra en nuestra boca.

Una vez desactivado el vértigo feroz desencadenado por un poema, descansar en el pequeño universo de lo cotidiano. Y al revés.

Lo que hace la buena poesía es salirse de las preguntas acerca de la realidad, zafarse, como por tanto, de la red de definiciones que los discursos le arrojan encima a uno constantemente; los discursos de la realidad son gladiadores incansables y la mejor manera de librarse de ellos será convirtiéndose en el albero del circo. 

Vivir atentos a lo que se borra, a lo que no dura, a lo que existe para desaparecer.

La poesía es vivir atento.

La poesía es no permitir que nuestra alma (y tampoco el alma del mundo) se evapore.

La poesía es felicidad o no es nada.



«A una isla desierta me llevaría tu libro de aforismos Jesús. Gracias»

                                                                                                                   Elena Larruy


miércoles, 4 de noviembre de 2020

NO ME FIO

 



NO ME FIO [2]


No me fío de los ocasos huyendo siempre con mi caja de pinturas.

No me fio de las sogas que no trenzan.

No me fio de los que quieren a medias, a calcetines a sudaderas de marca…

No me fio de los que dicen tenerla muy larga: no me fío un centímetro.

No me fio de la luz que arrojan los recibos de las eléctricas.

No me fío de los seguros a todo riesgo que no cubren las contingencias del corazón: ¡tan sensibles a ser dañados o robados...!

No me fío de “los mejores” «temporeros de las cumbres» cayendo de las torres más altas.

No me fío de los puentes, de los viaductos, de los rascacielos suicidas.

No me fío del que cuando viene no me encuentra, y cuando voy se ha ido.

No me fío del que nunca tiene tiempo y nunca se mueve de sí mismo.

No me fío del que para alejarse solo huye y no sabe quedarse quieto.

No me fío del que a todas horas pide perdón para seguir ofendiendo.

No me fio de los nombres predestinados a tener migrañas y jaquecas, como Dolores, o Armando, siempre a la gresca y aquellos que llamándose Amador siempre estén dispuestos a pasar la noche fuera.

No me fio de los que al pan llaman vino...y te invitan a su mesa.

No me fío de una cara que no me invita a quedarme.

No me fio de los sujetos brillantes con mala estrella.

No me fio de los torsos trenzados en los gimnasios.

No me fío de la gente edulcorada que me provoca caries.

No me fio de los que nunca se desmelenan. No me fío ni un pelo ni una pestaña.

No me fio de la soledad de los que se abandonan.

No me fio de los que adulan con exceso, en realidad están tomando tus medidas con dudosas intenciones

No me fío de los que dicen amar con locura. Me gustan los cuerdos que aman sin hipérboles ni ñoñerías.

No me fío del que teniendo solo da, y nunca las gracias, solo las espera.

No me fío de los que guardan lo inútil y no se deshacen de ello porque siempre lo tienen nuevo.

No me fío del que no se sabe mejorado, ni se lo exige, cada día que pasa.


                                      No me fío del amor sin dolor.

No me fio del dolor sin gozo.

                                                       No me fio de la alegría sin tristeza.


Ahora que todos llevamos puesta la mascarilla «No me fio de que en la mirada esté todo dicho».


                                                                                                                 Elena Larruy



Tema: VERDAD DE LA BUENA
 ALBERTO&GARCIA



viernes, 23 de octubre de 2020

EL PESIMISMO

 

Escultura de Fredrik Raddum


[2] El pesimismo es la sala de máquinas de la mala suerte.

Que acertadas palabras las de Benjamín Prado en esta sentencia. No hay nada que me guste menos que un pesimista. Huyo lejos cuando tengo uno cerca, confío en no coincidir con ningún "agonía" en vacaciones ni en ningún vuelo o evento.  

El cerebro es una estación emisora,  recibe y emite señales a través del pensamiento que se trasforman en acciones y hechos. Mucho se habla del poder mental para la sanación, poco de los efectos contrarios. Un pesimista se pasa el día llamando al mal tiempo y viendo el lado feo de las cosas. Al pesimista siempre le pasan cosas, y ninguna buena. ¿Por qué será?... Mientras  él se queja del viento, el optimista revisa las velas esperando que llegue.

El pesimismo conduce a la debilidad y el desgaste, el optimismo nos hace poderosos y saludables. También es verdad que tanto el optimismo como el pesimismo a veces son dos simples poses. Tampoco lo olvidemos.

Los pesimistas están  encantados con el mundo «que les da la razón». Para ellos todo son calamidades y males. ¡No se pierden ningún telediario! «Tiempos pasados fueron siempre mejores» tienen un empeño insistente en querer cambiar el mundo. En ellos no hay indicios de positivismo, es normal que las cosas les salgan mal, que se les llame gafes. La mayoría de pesimistas no ven la oportunidad que les ofrece una dificultad, ellos solo ven desgracia.  

José Saramago contaba no tener tiempo ni edad para el pesimismo: "Yo no soy pesimista ¡ya el mundo en sí es suficiente pésimo!" Yo siempre pensé que la vida del pesimista era muy corta, sin embargo no fue el caso del escritor argentino Ernesto Sabato: Algunos supondrán que, por mi manera de ser, propensa a la melancolía y el pesimismo, estos 90 años con los que cargo encima acabarán por desalentarme; sin embargo, es todo lo contrario. Se podría decir que fue un pesimista resistente, que seguro tenía cualidades en su personalidad que contrarrestaban el agravante pesimista. Algo parecido le pasaba a Berlanga, el director aragonés de cine, otro pesimista de catálogo ─según cuentan leyendas urbanas─, que compensaba su pesimismo con humor. La cosa no parece tan grabe. 

En fin y para bien, mejor no llamar al mal tiempo ni en las peores condiciones. Hay asuntos que no podemos cambiar, pero lo que sí podemos hacer es cambiarnos a nosotros: nuestro modo de pensar, nuestro modo de vivir, nuestra manera de actuar; Mejorarnos está en nuestras manos. ¿No os parece? 

Elena Larruy


martes, 13 de octubre de 2020

PALABRAS CON TRAMPA


La boca de la verdad - Escultura Iglesia de Santa Maria in Cosmedin


Escribe mí amiga Alena que las tres palabras que llegan más al corazón de las personas son: Gracias, Por Favor y Perdón. De las tres, «el perdón me chirria». Hay gente que se pasa el día ofendiendo y pidiendo perdón: perdones enlatados que suenan a hueco. Yo entiendo que el perdón debería pedirse cuando ha habido intención con mala saña, lo que sería un propósito calculado y malicioso. Soy más partidaria de decir lo siento y dar una explicación. El perdón es una palabra trampa.

A mí lo que me gusta es dar las gracias. Me siento agradecida con el mundo. También es cierto que no siempre, porque a veces me enoja y le pido cuentas en forma de réditos: no sé si eso resta o son dos cuentas diferentes, si una es más de ahorro y  otra más corriente. La cuestión es que me gusta la palabra “gracias”: es de mis favoritas, nunca me canso de darlas. La utilizo a diario y  jamás se me gasta.

Con la edad he aprendido a mejorar mis agradecimientos.  Ahora miro a las personas de frente y les doy las gracias por su ayuda y su buen trato. Esta misma mañana me ocurrió con la higienista que me atendió en el dentista, hizo conmigo un trabajo excelente. Le expresé mi gratitud por su profesionalidad y su delicadeza.

Todo el mundo debería hacerse una limpieza un par de veces  al año: ¡soltamos tanta basura por la boca!… palabras enojadas, mal sonantes, hirientes y heridas… equivocadas,  de mal gusto, palabras que nos llenan la boca de incrustaciones con sarro. Hay otras que no pronunciamos, las que solo se piensan, esas nos ensucian con un regusto ácido y amargo. Incluso aquellas de agradecimiento  que no damos, esas también fermentan y se vuelven en contra.

Las palabras de agradecimiento más sinceras que yo he escuchado, se las dio mi brazo izquierdo a mi otro brazo, cuando me rompí el radio y me quitaron la escayola. El brazo herido  apareció blanco, escuálido y desvalido, el otro lo acogió en el suyo con delicadeza y lo ajustó a mi pecho con la misma ternura que se coge en brazos a un recién nacido. En ese momento, ─sin mediar palabra alguna─ yo escuché las gracias más de verdad que había escuchado nunca.

De la misma manera que la amabilidad con los otros es esencial en la convivencia,  las palabras que nos decimos a nosotros son de vital importancia. Porque ¿cuantas veces ─en ese monólogo interno en el que andamos metidos─ nos damos permiso, o le pedimos perdón por el mal trato que a veces nos damos? y ¿Cuántas otras le agradecemos? Pocas o ninguna… incluso iré más lejos, hasta llegamos al insulto. Yo lo hago, me llamo: fea, insulsa, cateta. Las más de las veces me grito tonta,  cabezona, otras es el espejo el que me increpa: floja, pazguata, perezosa…

Deberían enseñar a callar en todos los idiomas dice la Wislaba. En eso estamos de acuerdo.

Elena Larruy

 

lunes, 5 de octubre de 2020

DESAPRENDER ES POSIBLE




Cada cosa que aprendes es una mentira menos que te pueden contar. Con este aforismo que tomo de Benjamín Prado doy comienzo a una serie de columnas con las que quiero reflexionar. Te invito a participar. 

En las vacaciones del año pasado viajaba con un grupo de personas, entre las que se encontraba una joven mexicana residente en España, había venido a hacer un master a nuestro país hacia unos cuatro años, conoció el amor y se quedó a vivir. En la convivencia de dos semanas viajando por Tailandia compartimos muchos momentos de experiencias y confidencias con el grupo. En una de esas tardes de charlas descansábamos sentadas en la cama de la habitación  que compartíamos, no recuerdo cual era el tema pero mi amiga  Rosa y yo le dijimos que nosotras ahora estábamos en la etapa de desaprender. Ella que se ganaba la vida dando clases de desarrollo personal a través de una página web  cazó al vuelo el término ¿desaprender? ¿qué queréis decir con desaprender? nos preguntó de inmediato. Desaprender es otra forma de seguir aprendiendo, le dijimos. Es dudar y cuestionarse lo aprendido. Actualizar las ideas, los credos, las rutinas. Informarse de fuentes fiables para construir más pensamientos propios y no tanto heredados. A eso llamábamos desaprender. ¡Uhmmm! se quedó escuchando y tomando notas de lo que estaba oyendo. Interesante dijo la despierta y extrovertida mexicana.  Le habíamos dado pie a la duda que la llevaría con toda seguridad a abrir muchas más puertas. 

De la misma manera que para encontrarse primero nos hemos de perder, para desaprender primero es necesario aprender. No hay nada más relevante que la educación. Primero nos educan, después en la etapa adulta, tenemos el deber de educarnos continuamente, sabiendo que la capacidad de cambio que tienen las neuronas decrece con el tiempo, según apuntan los neurocientíficos. Así que no perdamos tiempo ni ocasión de revisar patrones de conducta, comportamientos, mitos y creencias heredadas. No perdamos tiempo ni ocasión de seguir haciéndonos preguntas. 

Elena Larruy


Cómo pensamos, decidimos y aprendemos por Mariano Sigman, neurocientífico



jueves, 1 de octubre de 2020

LA FRAGILIDAD QUE NOS HABITA



Ahora ya sabemos que la vida es comer con un amigo en una terraza, ir de librerías, tomar el sol, ver una película en un cine, perderte por una calle desconocida, coger un tren.

Por eso, cuando la vida regrese, le pediremos menos cosas.

Y me acuerdo ahora de los restaurantes llenos, de las bodas, de las fiestas, de los viajes en autobús, en avión, en el metro.

Nostalgia de las rebajas de todas las tiendas y mercadillos de España, mi gran país, mi pobre país torturado y humillado.

Cuando esto termine, yo creo que jamás volveremos a dar un beso protocolario. Todos los besos se volverán besos poderosos, fuertes, grandes, sexis y salvajes.

Cuando regrese la vida, me verá guapo y elegante, como siempre.

Cuando ella vuelva, porque volverá, me encontrará bien dispuesto y a la orden.




Un poema de Manuel Vilas: LA ESPERA,








Junto a otros seis autores nos dejan testimonio de este tiempo inquietante de alarma mundial que  estamos viviendo  con el Covid19. 



Ada Salas - BOSQUE  
                         
                                     


Estos

pájaros

-ahora, sí, tan nítidos-

que oigo -su canto: esa luz-

convierten

la ciudad

en el centro de un bosque.

Apenas dicen nada

de la muerte

dicen:

yo soy

la primavera.

Estoy de nuevo aquí.

Me acerco a tu ventana luego

dicen:

también

entre el horror

más pura

la belleza.


Felipe Benítez Reyes - EL ENFERMO




Instalado en la pureza más sola del dolor,

en un territorio incontaminado

donde no vive más que el dolor puro,

como una identidad desvanecida

que se ha llevado el aire,

¿con qué sueña?

¿Aristas que se juntan,

espirales letárgicas que giran,

un abismo al abismo...?

¿Qué narratividad rige su sueño?

En su sueño agitado, ¿qué sucede?

¿Qué hay dentro de cada cual que no es de nadie?

En esta asepsia clínica, en este plenilunio de la nada,

¿qué se puede soñar cuando ya solo queda

la pureza más sola del dolor?



Marwan - UN EXTRAÑO UTENSILIO




Me llevo a papá al hospital,

le está costando respirar.

Son las 21:35 del miércoles 25 de marzo.

Las calles son pasillos de geriátrico.

El miedo toma forma real,

se acomoda en mi familia.


Mi padre está peleando contra el aire

en una habitación de un hospital del sur de Madrid.

Mi hermano es enfermero allí,

él lo cuidará, nos decimos,

buscando la suerte en la desgracia.

Pero nada es fácil,

la angustia es una goma elástica,

el miedo, un tubo de ensayo,

vivo en una de las negrísimas pinturas de Goya.


La esperanza es solamente un extraño utensilio

que hoy sostengo entre las manos,

el tiempo un lento tren que no quiere atravesar el paisaje.

Soy el niño que llora por el dolor del hombre

que no puede sostenerle la mano a su padre.


La rama es fuerte, la vida, un pez remontando río arriba,

papá se recupera.


¿Cómo no pensar en ellos,

en los que se quedaron colgados

como una chaqueta en la última conversación

con un familiar del que no se pudieron despedir?


La esperanza es solamente un extraño utensilio

que se sostiene entre las manos.



Joaquín Pérez Azaustre - REPATRIACIÓN



(Vuelo Argel-Madrid, 31 de marzo, 2020)

Dile a un padre que suba en ese avión

sin mirar atrás.

Que lo importante es él, que piense en él,

y no en el ángel bueno y laborioso

que intentó deslizar sobre el jardín

de las horas felices, con su bruma de espanto.

Dile al padre más fuerte que no es nada la fuerza

de su voz siempre alegre, dile que la custodia

se impone a los minutos y debe decidir

regresar a la vida o inmolarse después.

Dile a un padre que olvide que las manos pequeñas

hoy pudieron subirse en el último vuelo

y afrontar la batalla de las horas del día.

Dile a un padre que rece.

Y que sueñe palabras consulares de amparo

porque no queda tiempo de escribir su novela

de patria potestad.

Dile al padre que un día los ojos verdaderos

de los hombres que escriben su geografía de amor

volverán a encontrarse en un fuego lejano




Ana Merino - EL HECHIZO



Este presente de remolino

de gotas invisibles,

de veneno minúsculo,

de susurros distantes.


Calendario perplejo de días repetidos

que intuyen el enigma

de la fragilidad que nos habita.


Qué despierte esa idea del pensamiento pleno,

la energía anhelada,

el sueño solar de las alquimias,

que se inventen la fórmula del cielo

y encuentren su respuesta

en los laboratorios

y rompan este hechizo.




domingo, 27 de septiembre de 2020

TENGO PRISA POR VIVIR




Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de

aquí en adelante, que el que viví hasta ahora…

Me siento como aquel niño que ganó un paquete de dulces: los

primeros los comió con agrado, pero, cuando percibió que

quedaban pocos, comenzó a saborearlos profundamente.

Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se

discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos,

sabiendo que no se va a lograr nada.

Ya no tengo tiempo para soportar a personas absurdas que, a pesar

de su edad cronológica, no han crecido.

Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades.

No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.

No tolero a manipuladores y oportunistas.

Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más

capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros.

Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos.

Mi tiempo es escaso como para discutir títulos.

Quiero la esencia, mi alma tiene prisa…

Sin muchos dulces en el paquete…

Quiero vivir al lado de gente humana…, muy humana.

Que sepa reírse de sus errores.

Que no se envanezca con sus triunfos.

Que no se considere electa, antes de la hora.

Que no huya de sus responsabilidades.

Que defienda la dignidad humana.

Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.

Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.

Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas…

Gente a quienes los golpes duros de la vida le enseñaron a crecer

con toques suaves en el alma.

Sí…,

tengo prisa…, por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.

Pretendo no desperdiciar parte alguna de los dulces que me quedan…

Estoy seguro de que serán más exquisitos que los que hasta ahora he comido.

Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.

Tenemos dos vidas y, la segunda comienza cuando te das cuenta que sólo tienes una…


Poema Golosinas de Mario de Andrade





miércoles, 23 de septiembre de 2020

SOY ESCRITORA

Artista Christian Schloe


Soy escritora, sí. El mero hecho de practicar la escritura a diario me convierte en escritora. No es necesario publicar libros para llamarse escritora. Algunas voces dicen que mi escritura habla mucho de tristeza y soledad. Yo creo que habla sobre todo de vida. La escritura es un acto de descubrimiento, de relación con uno mismo, ante todo. Nos descubre como seres humanos espirituales que tienen necesidad de conexión. El ejercicio de la escritura nos ayuda en ese encuentro profundo con lo más íntimo, para luego proyectarnos mejor hacia el exterior. En la escritura hay observación, hay escucha de fuerzas superiores que nos hablan, a las que ponemos voz. Nos enseña  a guardar distancias y encontrar nuestro sitio.
La escritura me hace más poderosa. Por eso escribo, porque me construye sólida y me impide caer. 
Cuanto más se de mí, menos dispuesta estoy a dejarme engañar.
 
La escritura es también un acto de valentía cuando se hace con honestidad. Ayuda a derribar barreras, acostumbrados como estamos a maquillar lo feo, a edulcorar lo amargo de la vida, a sonreír cuando no tenemos ganas. La escritura nos desnuda, nos alienta, nos alimenta, nos hace bien. La escritura es un camino que deseo compartir contigo. ¿Estás ahí?

Elena Larruy

lunes, 21 de septiembre de 2020

A PARTIR DE LOS CINCUENTA



A PROPÓSITO DE LAS BUENAS FORMAS Y LAS MALAS MANERAS

Hay una edad vivida a partir de la cual recomiendo la impertinencia ante el mal trato. No permito que nadie me hable mal o me amargue el día por un mal servicio. No siempre pasa, pero cuando me enfado, protesto y sugiero a la persona cual es la manera correcta en que debo ser tratada. Es una cuestión de respeto.

Recientemente he vuelto con mi pareja de un viaje por Asturias, con los ojos verdes, me gusta decir,  de tanto admirar  sus paisajes. Decidimos al regreso dar la vuelta por tierras cántabras y darnos una fiesta, comiendo buen marisco, en uno de sus puertos pesqueros donde sabíamos servían excelentes platos. Elegir dónde comer fue tarea fácil, cuando se tiene buena materia, apenas hay elaboración, ese es el secreto y no otro. Dar al cuerpo el placer de una buena mesa, en buena sintonía con el momento  y resguardarnos de la copiosa lluvia que estaba cayendo en esos momentos, era el propósito inmediato.

El restaurante cumplió las expectativas que llevábamos; comimos bien,  incluidos los postres. No pudiendo decir lo mismo cuando llegó la hora del café y yo quise ver un vídeo sobre el Estoicismo  que me había enviado mi amiga Raquel, con sus comentarios. Queríamos relajarnos, hacer tiempo para que bajara la comida, pues nos quedaban muchos kilómetros por recorrer.

No acostumbro a hacerlo cuando voy de restaurantes, pero esta vez sí les pedí el wifi, por lo ya explicado y porque apenas disponía de datos. Llevábamos una semana fuera de casa. Se lo pedí a la camarera que nos servía la mesa. Esta se lo pidió a otra que me lo cantó de corrida y tuve que hacer que me lo repitiera. El código dio error. Esperé a que volviera a pasar y se lo pedí de nuevo. Y de nuevo me lo dio corriendo, esta vez corrigiendo a voz en  grito: "en mayúsculas". La respuesta se repetía en letras rojas: "código incorrecto". Como me hacía cargo de donde estaba y cuál era la situación no quería molestar con otra reclamación, así que esperé un tiempo prudente hasta ver que el personal se relajaba y, por tercera vez, lo volví a solicitar -como quien pide disculpas. La camarera subió el tono tras la mascarilla y me contesto de malas maneras que a veces no había cobertura, que era normal: que acostumbraba a pasar. Le dije que no era el caso, que me estaban dando mal el pin o yo no lo entendía bien,. Esta vez les pedí que lo escribieran. La tensión iba en aumento, pues me dejaba siempre con la palabra en la boca. Cuando de nuevo volvió y lo dejó escrito en un papel sobre la mesa -de forma molesta-, por tercera vez me lo volvió a dar mal: ósea incorrecto. A lo que ya no pude reprimirme y decirle que los pin se dan bien y si es por escrito mejor,  y no incomodar al cliente haciéndolo sentir exigente y pesado. Al final logré mi propósito: conseguir que me dieran el  Pin correcto por cuarta vez.

Por eso digo que puedo llegar a ser muy impertinente, cuando me encuentro con cosas que cuestan muy poco esfuerzo hacerlas de manera correcta, como es el caso de dar el Pin bien y si es posible a la primera. 

Elena Larruy


domingo, 6 de septiembre de 2020

UNA HISTORIA DE AMOR CINCO ESTRELLAS


Solo el amor se conserva, nada de lo que tenemos tiene más valor que el amor. Nada de lo material nos llevaremos el día que nos vayamos; Con estas palabras abría la noche del sábado la entrevista que, su compañero de trabajo, Jorge Javier le hacía a la también presentadora y humorista Paz Padilla.

Hace poco más de un mes que falleció el marido de Paz Padilla, Antonio Vidal. Los que me seguís sabréis de la debilidad que tengo por los hombres buenos; Todos los indicios apuntan que este hombre lo era. Se veía en su cara y en su mirada, en su manera de sonreír, se sabía por el constante testimonio que de ello nos hizo la que durante cinco años fuera su esposa.

Paz y Antonio se querían como dos almas gemelas, -que decía ella que eran-, con un amor sin condiciones, a toda prueba, con un deseo continuo de manifestar ese amor el uno al otro.

A la pregunta de Jorge Javier en el programa Sálvame de Lux: ¿qué hacer con ese dolor? la presentadora le corrigió:

No es dolor Jorge, es amor lo que me ha quedado. Es un amor tan grande el que siento que estoy llena. Cuando pienso en él, hay muchos momentos de tristeza, es lógico que así sea, pero lo que siento de verdad es amor, un profundo amor por nuestras vidas compartidas, por todos los momentos de felicidad que viví junto él. Conservo ese amor, todo está en mí y lo estará siempre.

Desde el mismo momento de nacer estamos destinados a morir, pero en occidente nadie nos enseña a llevar ese tránsito, sí nos enseñan a vivir, pero no a morir. La muerte forma parte de la vida. Yo ya no le temo a la muerte, sé que algún día moriré de la misma manera que lo ha hecho Antonio. He vivido esa experiencia primero con mi madre y ahora con él, ahora puedo contar que se lo que es. Antonio se fue en Paz, escuchó, entendió, aceptó con esa paz. Se despidió de todos nosotros, rodeado por el afecto de su familia y  amigos. Con mi mano sujetando la suya y diciéndole a todas horas: te quiero, te quiero, vete, vete en paz.

Juan era una persona sumamente buena, nunca se enfadaba, iba con la corriente de la vida, siempre decía a las cosas que sí. Ese es el ejemplo de vida que dejó en todos nosotros: en su hija a la que adoraba, y en la mía que era como la suya; Fue un auténtico padre: protector y amoroso.

Desde el mismo día que nos dieron el diagnóstico -a bocajarro,"sin anestesia"- desde el mismo instante que Antonio supo que tenía un tumor maligno en la cabeza, luchamos juntos hasta el final. Me preocupé en darle lo mejor. Me entregué a sus cuidados en cuerpo y alma. Escuché a todos los expertos, vi, escuché, escuché y vi sin cansancio para facilitar su tránsito. Eliminé de su dieta todos los alimentos nocivos, llené su espacio de aromas de lavanda, de música relajante. Juntos en nuestra casa, junto a mi hija Anna. Le proporcioné un ambiente de cuidados y cariño día y noche. La familia me ayudaba, yo sola no podía, Juan era un hombre muy alto, medía metro noventa, mis brazos no resistían.

Durante todo ese tiempo no paré de decirle lo mucho que lo quería, que era mi alma gemela, le daba las gracias: gracias por los años de felicidad que me había dado, lo mucho que me había querido y lo tremendamente felices que habíamos sido juntos desde que nos habíamos vuelto a encontrar, después de muchos años, y decidimos darnos una segunda oportunidad. Los dos éramos muy jóvenes cuando nos conocimos. Yo tenía solo catorce años y Antonio quince, luego la vida nos separó por caminos diferentes, los dos nos habíamos casado y separado de nuestras parejas, y los dos  teníamos una hija. Pero el destino quiso que nos volviéramos a encontrar, y fue en la playa de Zahara de los Atunes que Antonio después de dos décadas me besara y sucedió algo mágico: sentí que había vuelto a casa. 

Antonio Juan -así era su nombre completo-, siempre decía sí a todo lo que Paz proponía. Eran felices como nunca antes lo habían sido. Su amor no tenía condiciones, simplemente se querían a todas horas. Así fue como él no pudo resistirse cuando Paz le dijo que se casaban al día siguiente por el rito Balinés. Estaban en la India pasando unas pequeñas vacaciones en Junio de 2016, y Paz lo organizó todo para darle una sorpresa. Ya tendrían tiempo de celebrar con los amigos y familia en España, pero eso sería más adelante, ahora tocaba casarse al más estilo Bollybood porque a Paz le ilusionaba que así fuera; Y como no podía ser de otra manera Antonio se rindió al amor. Cuentan que fue una boda especialmente bonita.

Amor infinito es lo que siento por Antonio, nos cuenta Paz, es lo que he sentido y sentiré siempre, no me cansaré de repetirlo. Sé que nos volveremos a encontrar en otro espacio, en otro momento. Nunca volveré a amar de la misma manera. Esta experiencia es transformadora, no soy la misma o si lo soy estoy mucho más llena de amor.

Nadie sabe lo que yo he llorado en un año -siempre por atrás- procurando que no me viera Antonio, incluso trabajando, en los descansos había veces que me iba a llorar a escondidas, para luego repetirme lo que me decía mi madre "palante hija, siempre palante" ¡vamos!, tú puedes;  No podía dejarme vencer y continuaba.

Espérame Antonio, hazme un sitio a tu lado "pero no tengas prisa" apostillaba la humorista; Me dedico al humor siempre seré humorista y haré reír, no concibo la vida sin humor. Así es como quiero vivir la pérdida: feliz, sabiendo que se ha de reír, que se ha de llorar, siempre amando. SIEMPRE AMANDO

Elena Larruy


Marc Chagall


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