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domingo, 9 de agosto de 2020

O CONMIGO O CONTRA MÍ



Soy de la opinión de Isabel Coixet de la inutilidad y el bostezo de los repetidos manifiestos que se llevan a cabo  para revindicar causas juiciosas y razonables, que  producen una profunda desatención y el inmediato descarte por aquellos a los que va dirigido, que entretienen y llenan contenido publico. En especial los asuntos que atañen a intereses de la clase política, como pueden ser los sobresueldos, los abusos y mala gestión en la administración, o el número excesivo de políticos a los que mantenemos con nuestros impuestos. Pero ese no es el tema, el tema es, como sostiene la directora de cine catalana, cómo en muchos de esos manifiestos y reivindicaciones prevalece más que la idea en sí, el conmigo o contra mí. Para decir esto no me gusta, no es necesario fusilar las razones del contrario.  Personalmente hay cosas que no soporto,  como es el color caldera,  el Steak tartar, las influencers de moda,  o el periodismo de investigación de Gloria Serra, y no por eso les dedico dos pestañeos de mi tiempo, aunque a veces no me falten ganas.
Los gustos como las ideas y los partidos están en continua confrontación y enfrentamiento, generan odio. De todo lo que nombrado que no me gusta, estaría dispuesta a vestirme de color caldera, degustar un Steak tartar en compañía de una influencer de moda, que defendiera el trabajo de la periodista, con ideas claras y ordenadas y argumentos propios que no hundieran los contrarios, que los cuestionen y razonen sin el mal gusto por querer convencer al adversario que la razón esta de su lado, y solo hay una. Pero me temo que eso no va a suceder, porque lo vemos cada día en el ámbito político. Pondré un ejemplo en este caso taurino: el de la fiesta de los Toros: "sí, a los toros", "no, a los Toros": dos posturas claramente enfrentadas con argumentos más combativos que convincentes. ¿Por qué? Porque estamos más entrenados al combate que al dialogo, a competir que a colaborar, a hablar que a escuchar, a manejar el discurso de otros que el propio: a falta de ideas y de criterio. A veces llevamos tan lejos arrogantes postulados de defensa que nos convertimos en auténticos radicales extremistas, y subimos tanto la voz queriendo mejorar lo inmejorable, que acabamos creyendo que con la fuerza y la violencia argumental impondremos la verdad: "la nuestra". Y así nos va... Voceros, arrogantes, inmisericordes, justicieros, cobardes... Vaciados de contenido, nuestras razones valen lo mismo que una pelusa debajo de la cama.
  
Elena Larruy
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