José Saramago
Hay hombres de libre pensamiento con voces escritas ─que a veces nos dejan sin aliento (y sin comas)─ cuya talla humana: ejemplo de vida y trabajo nacieron para ser modelos de eternidad. La de José Saramago es una de ellas.
Repasando el testimonio general del conjunto de su obra, rescato una pequeña muestra de citas y fragmentos que me salen al paso, que hablan de la catadura moral de este ejemplar humano, del que me siento orgullosa, sin tener otro parentesco que el de la afinidad y el amor por las letras.
"Enfermos" y afectados como estamos de la estupidez colectiva de este mundo dislocado donde supervivimos confinados todos en una sociedad cada vez más deshumanizada, a la que llamamos "demócrata" y al sometido servicio de su poder y riquezas, los pensamientos aquí reunidos son necesarios. Recomendable su reflexión, como obligado es el consumo de agua fresca estos días de verano, de un calor tan sofocante, aniquilador y antinatural, cuyas altas temperaturas invitan a hacernos preguntas del tipo: ¿Qué mano agita esta "cuna"? ¿Qué puedo hacer yo, con esta herencia de este mundo troquelado que recibo en usufructo, para uso y disfrute? Y la respuesta no es otra que «cuidarlo y mejorarlo», que es lo que hizo el maestro José Saramago con su mano maestra.
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Todo el mundo me dice que tengo que hacer ejercicio. Que es bueno para mi salud. Pero nunca he escuchado a nadie que le diga a un deportista; tienes que leer.
Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar, necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte.
Sólo si nos detenemos a pensar en las pequeñas cosas llegaremos a comprender las grandes.
La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva.
Disentir es uno de los derechos que le faltan a la Declaración de los Derechos Humanos.
El viaje no termina jamás. Sólo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración... El objetivo de un viaje es sólo el inicio de otro viaje.
Ahora no hay duda de que la búsqueda incondicional del triunfo personal implica la soledad profunda. Esa soledad del agua que no se mueve.
Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos.
No creo en dios y no me hace ninguna falta. Por lo menos estoy a salvo de ser intolerante. Los ateos somos las personas más tolerantes del mundo. Un creyente fácilmente pasa a la intolerancia. En ningún momento de la historia, en ningún lugar del planeta, las religiones han servido para que los seres humanos se acerquen unos a los otros. Por el contrario, sólo han servido para separar, para quemar, para torturar. No creo en dios, no lo necesito y además soy buena persona.
No he sentido jamás la necesidad de un triunfo, la necesidad de tener una carrera, la necesidad de ser reconocido, la necesidad de ser aplaudido, no lo he sentido jamás en mi vida. No he hecho en cada momento nada más que lo que tenía que hacer y las consecuencias han sido éstas, podrían haber sido otras.
Para qué sirve el arrepentimiento, si eso no borra nada de lo que ha pasado. El mejor arrepentimiento es sencillamente cambiar.
He aprendido a no intentar convencer a nadie. El trabajo de convencer es una falta de respeto, es un intento de colonización del otro.
El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir.
Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir.
Entraré en la nada y me disolveré en ella.
Es hora de aullar, porque si nos dejamos llevar por los poderes que nos gobiernan, y no hacemos nada por contrarrestarlos, se puede decir que nos merecemos lo que tenemos.
Cuanto más te disfraces más te parecerás a ti mismo
El caos es un orden sin descifrar.
La mejor manera de defender los secretos propios es respetando los ajenos
El éxito a toda costa nos hace peor que alimañas.
Si las conociéramos, las cosas del cielo tendrían otros nombres.
Yo no escribo para agradar ni tampoco para desagradar. Escribo para desasosegar.
Yo no escribo por amor, sino por desasosiego; escribo porque no me gusta el mundo donde estoy viviendo
Hay que recuperar, mantener y transmitir la memoria histórica, porque se empieza por el olvido y se termina en la indiferencia.
Nuestra única defensa contra la muerte es el amor.
Vivimos observando sombras que se mueven y creemos que eso es la realidad.
El alma humana es una caja de donde siempre puede saltar un payaso haciéndonos mofas y sacándonos la lengua, pero hay ocasiones en que ese mismo payaso se limita a mirarnos por encima del borde de la caja, y si ve que, por accidente, estamos procediendo según lo que es justo y honesto, asiente aprobadoramente con la cabeza y desaparece pensando que todavía no somos un caso perdido.
Hay personajes de novela que están más vivos que algunos que andan por allí.
El poder real es económico, entonces no tiene sentido hablar de democracia.
A lo mejor estoy en un momento de la vida en que me creo tontamente saber algo de la vida.
Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran.
Si hay que buscar el sentido de la música, de la filosofía, de una rosa, es que no estamos entendiendo nada.
La mejor manera de defender los secretos propios es respetando los ajenos.
Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay.
Dios quiso lo que hizo e hizo lo que quiso.
La alegría y el dolor no son como el aceite y el agua, sino que coexisten
Me gustaría escribir un libro feliz; yo tengo todos los elementos para ser un hombre feliz; pero sencillamente no puedo. Sin embargo hay una cosa que sí me hace feliz, y es decir lo que pienso.
La vejez empieza cuando se pierde la curiosidad.
Hay quien se pasa la vida entera leyendo sin conseguir nunca ir más allá de la lectura, se quedan pegados a la página, no entienden que las palabras son sólo piedras puestas atravesando la corriente de un río, si están allí es para que podamos llegar a la otra margen, la otra margen es lo que importa.
Actualmente los laboratorios invierten más en mejorar y producir viagra y en desarrollar mejores prótesis mamarias que en medicamentos para el Alzheimer. Esto provocará -en el curso de unos años- que más gente de la tercera edad tendrá mejores erecciones y senos más prominentes, pero no recordarán para que los tienen.
Extractos escogidos de conversaciones con José Saramago:
El día en que sea posible construir sobre el amor, no ha llegado todavía...
Quien va a morir está ya muerto y no lo sabe.
Espero morir como he vivido, respetándome a mí mismo como condición para respetar a los demás y sin perder la idea de que el mundo debe ser otro y no esta cosa infame.
De esa manera estamos hechos, mitad indiferencia mitad ruindad.
En verdad aún está por nacer el primer humano desprovisto de esa segunda piel que llamamos egoísmo.
Creo que nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven.
Escribo para comprender, y desearía que el lector hiciera lo mismo, es decir, que leyera para comprender. ¿Comprender qué? No para comprender en la línea que yo estoy tratando de hacerlo; él tiene sus propios motivos y razones para comprender algo, pero ese algo lo determina él.
En cierto sentido se podría decir que, letra a letra, palabra a palabra, página a página, libro a libro, he venido, sucesivamente, implantando en el hombre que fui los personajes que creé. Considero que sin ellos no sería la persona que soy hoy, sin ellos tal vez mi vida no hubiese logrado ser más que un esbozo impreciso, una promesa como tantas otras que de promesa no consiguieron pasar, la existencia de alguien que tal vez pudiese haber sido y no llegó a ser.
La importancia que puede tener usar una palabra en vez de otra, aquí, más allá, un verbo más certero, un adjetivo menos visible, parece nada y finalmente lo es todo.
Llevamos siglos preguntándonos los unos a los otros para qué sirve la literatura y el hecho de que no exista respuesta no desanimará a los futuros preguntadores. No hay respuesta posible. O las hay infinitas: la literatura sirve para entrar en una librería y sentarse en casa, por ejemplo. O para ayudar a pensar. O para nada. ¿Por qué ese sentido utilitario de las cosas? Si hay que buscar el sentido de la música, de la filosofía, de una rosa, es que no estamos entendiendo nada. Un tenedor tiene una función. La literatura no tiene una función. Aunque pueda consolar a una persona. Aunque te pueda hacer reír. Para empeorar la literatura basta con que se deje de respetar el idioma. Por ahí se empieza y por ahí se acaba.
Cuanto más viejo, más libre, y cuanto más libre más radical.
La idea de yo no puedo hacer nada, es la excusa, es la coartada para no hacer nada.