Sucede a veces en las redes de contacto que das con una cara que despierta tu interés, lees su perfil y no es para ti. Tú lo que buscas es una persona cariñosa, preparada, con agradable presencia: a poder ser. Insistes, pasas al siguiente y no te dice nada, o si te gusta su aspecto, no da la talla: tres centímetros por debajo de la tuya. Puede que tú no le gustes, por edad ─imaginas─ porque la respuesta en el mejor de los casos, es la callada. Te gustaría que se cuidase, que tuviera pelo en la cabeza —más que menos─ que no fume y no sea un trasnochado. Los hay que se presentan con seudónimos estrafalarios, que de inmediato descartas. Otras son tímidos “descafeinados”, tan callados que apenas tienen un hilo de voz. Tampoco quieres un engreído, narcisista, de los que venden humo. Los “pechito palomo”, que van tres veces por semana al gimnasio, y ninguna a la biblioteca, porque les queda lejos. Exhiben su cuerpo maduro, esculpido a lo “tableta trenzada, de treinta”. Luego están los que yo llamo de “alta gama” se fotografían con guantes blancos y palos de golf, y/o montados en esquís de alta montaña. Los amantes del mar, sentados al volante de embarcaciones de motor. Bronceados hasta la visera, con ropas de firma y pose de: ¡cómprame, mira que partido y como estoy!". Fondos marinos y montañas nevadas, al fondo. Otros dicen escuchar ópera y música barroca. Que tengan gustos refinados y la vida resuelta no te parece mal, si lo que ves tiene cierta consistencia, o mejor lo que escriben, cosa que hacen muy pocos. Hombres sensibles, de valores consistentes, que les guste la lectura y conversar. Tridimensionalmente buenos, en el sentido más amplio del término. Íntegros, conciliadores, que no lleguen "desgastados y rabiosos" a una relación nueva, como observo en una gran mayoría. A veces te parece dar con uno, de los que no llevan gorra que les tape la calva, ni gafas la mirada, y te ilusionas pensando en la posibilidad hasta que en un par de noches se esfuma el sueño: cruzas un me gustas, un saludo, dos WhatsApp y tres correos, y en menos que canta un gallo, te surge el “pero” y los reparos. ¡Era solo un espejismo, Elena! No encaja en tu mundo, y viceversa. Los hay que van de artistas, independentistas, con sus títulos caducados, trotamundos, sin un duro en la cartera, miembros de fundaciones, muy ocupados, a los que siempre les esperan. También están los hay honestos y sinceros ─porque así se describen─ y a la que rascas un poco, les descuelgan las mentiras, los vicios ocultos o los peores los que se les inflama el ego. Los hay que les crecen los colmillos y las orejas, como al lobo de Caperucita, que si descuidas te comen. De inmediato. Hombres que se acaloran y como dragones de un cuento echan fuego por la boca, cuando hablan de la señora que les tocó por compañera. Francotiradores con escopeta de feria, que primero disparan para luego apuntar. De todo me he encontrado este verano. Algunos hay de la edad de piedra, que no les crecieron las ideas, que se encogen, como suéter de lana en la secadora, cuando te tienen cara a cara. Algunos de ellos me han contado que lo que ven al otro lado de sus pantallas son señoras con gafas oscuras, de edades que probablemente falsean, muchas de ellas con mascotas y nietos. Para echarse a correr, ¿a quién enamoran? Pero tú insistes en soñar, en encontrar al tuyo, al bueno, «a tu albatros» al que busca algo más que una compañera de cama, de mesa, o de paseo, al que quiere a su lado una mujer para querer y que le quiera, con quien seguir creciendo y aprendiendo, de quien sumar sus fortalezas a las tuyas. "Un hombre vitaminado" sin “óxido de odio”. Mentalmente sano, salubre, que se cuide y sepa cuidar. Con mentalidad abierta y despierta. Que se quiera [...] y sepa querer/me. Bien. Que no confunda la valentía con su "florín" masculino. Ni muestre debilidad en la ternura. Alguien en quien confiar y poder apoyarse cuando sea necesario. Que vea en el futuro un comienzo de vida de un Nosotros, sin congojas otoñales ni oscuridades de ocasos.
Después de varias citas y bastantes contactos, entre muchos señalados, no encontré a la persona/s con la que me hubiera gustado sostener una amistad estable, con posible futuro afectivo, o no. Descubrí hombres de mi edad muy solos, dañados por el pasado, con historias de enfrentamientos y desengaños, buscando curas paliativas a su dolor. Pero lo más decepcionante no fueron ellos, fue la empresa de contactos a la que por mi bien no nombraré, cuyo rigor y profesionalidad brillaba por su ausencia. De puro afán recaudatorio.
Pero no me voy de vacío. Esta experiencia tan pobremente enriquecedora como frustrante, me ha dado opinión. Ahora se bien lo que es una página de contactos y citas. Cómo me cuentan que son la gran mayoría. Un espacio de soledades no elegidas. Donde lo que más se da son los desencuentros. Un lugar donde mejor ni estar, ni quedarse.
Música - Rubén Tuesta
Tema - Mejor solo que mal acompañado
Excelente Elena!
ResponderEliminarMe ha encantado todo como describes una realidad que muchas veces queda oculta por los standars culturales del.pasado
ResponderEliminarMe he quedado sin palabras, tal como te comenté posteriormente
ResponderEliminarGracias Marian, Adriana, Teresa mis amigos queridos. Muchos cariños para todos
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