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sábado, 26 de septiembre de 2026

A TODA LUZ, ALGO EXTRAORDINARIO



Quitar la tela orgánica embebida y fatigada del cristalino de un ojo, colocar una lente intraocular artificial que la sustituya y hacerlo en veinte minutos, dice mi cirujana y los pacientes intervenidos, incluso los auxiliares sanitarios que me bajan al quirófano en una camilla, que es una operación corriente.

A mí me parece un hecho prodigioso, una conquista extraordinaria de la ciencia, un avance meritorio de la cirugía. Es más, si lo fuerzo un poco, hasta un hecho conmemorativo: que manos expertas, ayudadas de tecnologías avanzadas, operen en la pequeña cuenca del ojo de un paciente, que soy yo, donde se encuentra instalada, con inteligencia estratégica, una especie de "canica de cristal" conectada a  un cerebro, cuyos circuitos, de extrema complejidad, me faciliten la visión y la luz necesaria, no me parece un proceso ordinario.  

Desnudar del ojo la membrana gastada pegada a su cristalino, cual sastre que desviste un cuerpo para vestirlo con otro renovado, apuntalarlo con la facilidad de quien hace un festón en el ojal, para darle función, acabado y visión,  me parece a todas luces un hecho, cuanto menos, asombroso.

Y que aunque no cause dolor ni daño alguno, en los ciento y miles de pacientes que a diario son intervenidos en un quirófano, en lo que más parece un trabajo de sastrería artesanal, que una intervención de cataratas,  me parezca de un prodigio médico excepcional, para nada corriente.

Lo sigo pensando ahora, que han pasado dos semanas desde que desnudaron mi ojo de una catarata que me impedía ver y leer con claridad, que dificultaba el sentido y la dirección por donde me muevo a diario y discurro, por un mundo bien desbaratado de valores y  atribulado, por una tecnología invasora sin frenos que me/nos construye y destruye al mismo tiempo:  que la ciencia progrese y me ilumine, que salve vidas, y ponga al alcance de nuestras manos soluciones eficaces que la prolonguen y la sostengan, aunque solo sea quitando la tela gastada de un ojo, me parece a toda luz, brillante y conmovedor. De un mérito extraordinario; no hace tanto, con menos luces, lo llamábamos milagro. 
Mi agradecimiento a la ciencia y sus progresos,  a las personas que lo hacen posible y a todos los profesionales que con su buen hacer, mejoran nuestras vidas y la prolongan. 

 

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