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viernes, 9 de noviembre de 2018

LA ORACIÓN DEL VERDUGO





Tú eres mía

Tú, segunda persona de singular desgracia,
pronombre prometido al fracaso
sin nombre ni identidad,
realquilada en el sótano de un sujeto
que a su destino canalla te ata
y de ti se hace dueño.

Eres, presente sin futuro,
conjugación amordazada
a un degenerado deshecho humano
que te resta a la ecuación
de cero más nada,
y te subyuga a la condena
del cinturón y la cadena,
de la soga asesina
que el condenado verdugo
pasea en su mano.

En tu destino inmediato
de escarlata está escrito el credo
"a por ti voy, a degüello"
con su estribillo: 
Mía, sólo mía,
"Yo soy tu amo"
Te compré una jaula dorada
y un collar para tu cuello.
¡Yo te adoro, mi reina!
¡Si no eres mía, de nadie más serás!

Infame es la mentira
del amor que somete
miserable, el violento puño que tortura
fétido, el olor que su boca desprende
nada nuevo que la verdad no sepa.

Coge a tus cachorros y vete.
Ponle una cruz al maldito.
Seca tus lágrimas,
que nada te impida
mirar al frente.
Huye del que dice así quererte.
Deja el fuego encendido.
Quien a hierro mata
cenizas merece.

Elena












Aléjate también del que pone el teorema
 encima de la mesa
del culto que exhibe su inteligencia
 y apabulla son su tema,
-el que más domina-
para quedar siempre por encima.
Del elegante felino leonado
 de guante blanco
que atrapa a sus víctimas
 sin dejar rastro de ellas.
Del que todo te lo da
sin nada a cambio.



Para ellos, puente de plata.


Hay  un subtipo del maltrato más sutil, mucho más sigiloso, que no se deja notar, apenas se percibe, pues sus ejecutores mantienen una fachada enmascarada de  normalidad absoluta. Los que así actúan  son llamados depredadores emocionales o también vampiros. Personajes que apresan a personas próximas a su círculo: parejas, amistades, familia, para hacerlas dependientes y suyas en el terreno emocional.
Sus víctimas son personas por lo general abiertas, aptas, alegres, vitales, capaces, bondadosas, personas seguras de sí mismas. Características que el depredador necesita para suplir sus carencias y falta de confianza y estima. Los psicólogos cuentan de los depredadores que su comportamiento les viene de problemas de celos o de tipo emocional en la niñez,  algo se les quedó sin resolver, enquistando un conflicto. A diferencia del psicópata que vive sin  emociones, este sí las tiene, por eso necesita encontrar y dominar a personas que posean  las cualidades que a ellos les faltan.
Actúan en diferentes fases, primero aíslan a las víctimas de la familia y las amistades para hacerlas  dependientes de sí.
Segundo,  se erigen como salvadores, ya que su presa fácilmente se abandona en lo social y en lo personal.
Tercera, la fase del desconcierto y la de neutralizar a la víctima para un mayor dominio.
Y cuarta,  congelan a sus víctimas, se aseguran que no van a escapar,  las dejan  totalmente erosionadas con su yo personal roto, caídas en la angustia y la depresión.
Es muy difícil que estas personas escapen de entre sus garras, necesitan ayuda de expertos profesionales que reestructuren su percepción, pues la implicación emocional es tan fuerte que no les deja ver la magnitud del problema.
Existen diferentes personalidades del depredador pues se trata de  una figura muy camaleónica:
Están los despóticos, los que imponen, altamente agresivos, los que son más fáciles de detectar.
Los irresponsables, se dan más entre los jóvenes,  los que nunca tienen la culpa y dejan que los otros resuelvan.
Los seductores que van apabullando con su físico o con su dinero.
Los que van de cultos y en conversación ponen el teorema encima de la mesa, exhiben su inteligencia y siempre exponen el área que más dominan para quedar siempre por encima.
Los generosos, esos que siempre dan y siguen dando, en algún momento pedirán la vuelta de tanta dádiva.
Los humorísticos, los graciosos, los que se exhiben en la barra del bar  o en la reunión familiar y  juegan con la ironía, los que aprovechan el momento para contar alguna confidencia que les ha contado la víctima para así desvalorizarla.
Los hay sibilinos, de perfil psicológico  muy, muy sutil.
De entre todos, los peores son los perversos, figuras muy astutas que utilizan todas las formas y  herramientas, ya sean psicológicas, jurídicas, de cualquier tipo, para someter y convertir a la víctima, y una vez que la tienen ya no la sueltan, son los más destructivos.

Cuando una persona sufre una depredación es muy difícil encontrar a la persona original. ¡Atención al depredador!


Hopper


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