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lunes, 7 de enero de 2019

EL ALA DELTA DE LA POESÍA




Me gusta leer poesía, es uno de mis refugios preferidos. Contra viento y marea, cuanto más se de ella más defiendo este género literario, que me parece grande y hermoso.
Hace unos días leí un artículo de la política Pilar Rahola, en La Vanguardia donde colabora, donde hablaba de la Poesía. Decía leerla. Me sorprendió gratamente viniendo de quien venía: una mujer con voz política guerrera y apasionada,  vehemente y bastante enfrentada a otras voces críticas.
Me congratuló saber que una mujer  de su temperamento hablase de un material altamente sensible como es la poesía.
He oído muchas definiciones de lo que es y representa la poesía para las personas que la leen y, de manera especial para las que la escriben: hogar, viaje, bálsamo, paz, descubrimiento, refugio y muchas más. También las hay que opinan que: La poesía no sirve para nada.

Debatir esta cuestión sería necio por mi parte. Mi ignorancia no es tan profunda en este terreno. Lo que sí se de ella es que está llena de riquezas, no apta para todas las capacidades.

De tratarse de un bien material seguro que mataríamos por ella. Pero la poesía no lo es, tampoco deja rastros de sangre, solo huellas que nos tocan el corazón con metáforas y versos. 

La poesía hay que elevarla, porque encumbra al corazón, le da alas a la cabeza, trasmite paz, es una gran amiga y compañera de viaje,  repleta de sabiduría, es refugio, conocimiento, vuelo sin motor, aliada de consuelos.

La poesía, apunta La Rahola, es lo que Aristóteles decía: Leer poesía es un ejercicio más profundo que leer historia.

En la buena poesía no hay vulgaridad. Hay sabiduría. La poesía es belleza, necesaria.


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