
sábado, 27 de enero de 2024
EL ENFOQUE HUMANO DE LAS EMPRESAS
miércoles, 17 de enero de 2024
EN UN VIVIR APARTE
Cuando escuchaba los poemas que traía Juana a clase, mi voz se quebraba. Me sentía una impostora. Empequeñecía. Sus poemas, de hondo sentimiento y gran calidad, discurrían por todos los paisajes humanos del Ser. Con ellos me trasladaba hasta la misma orilla del mío.
A Juana le gustaba como escribía yo. Quiero imaginar que mi forma decidida y valiente. En cierta ocasión trabajando con la poesía erótica, compuse dos poemas subidos de tono, inspirados en la poetisa cubana Carilda Oliver; recuerdo como Juana se ruborizaba al escucharlos, pues decía que ella no se atrevía a escribir así. Admiraba mi atrevimiento. Y eso me gustaba, viniendo de ella.
La poesía de Juana recorría lugares helénicos que tan bien conocía, lagunas, bosques, estepas, precipicios... Horizontes amigos comunes que todos los que asistíamos a las clases perseguíamos.
Pablo era otro compañero de "altura". Jugaba con la palabra, hacía juegos malabares que no podíamos atrapar al completo. Sus imbricados textos de oraciones y versos convertían sus creaciones literarias en ingeniería poética de difícil alcance, pero que nos tenía a todos fascinados, y a mi especialmente muda. Descarrilaba al escucharlos, y me reducía a la mitad. Un surrealismo del que el mismo Dalí hubiera copiado con gusto. Imposible alcanzar con mi simple entendimiento lo que escribía a la primera, ni a la segunda, ni en primera fila. ¡Que no! Jesús, el profesor admiraba la genialidad de Pablo. Nos tenía a todos prendados. Y además el brillante y agraciado Pablo lo aderezaba todo con ocurrencias y un humor cargado de fina ironía que nos dejaba a la mayoría fuera de juego.
Con mano experta, Jesús diseccionaba sus poemas con mano de experto de cirujano hasta hacerlos entendibles, como quien repara, ajusta y coloca venas y arterias en un corazón, para su buen funcionamiento. Entonces yo sangraba en una hemorragia interna que no se veía, de manera que toda mi atención se desplazaba a tapar esa herida para que no se viera. Un mes antes de acabar el curso me despedí del grupo y de las clases. Porque una vez más se repetía la experiencia de; eres una impostora, dedícate a otra cosa, lo que tu cuentas y escribes no vale nada. Aprende. Vete a llorar a tu casa, y aprende.
Todo en Pablo era ingenio y agudeza. Generosidad, además de gran persona. De haber sido un engreído egoísta hubiese sido más fácil, seguramente me habría quedado, pero no fue así. Creo que él lo entendió, porque de una manera cariñosa me dijeron que no me fuera, que volviera con ellos, cuando unas semanas más tarde ya estaba fuera. ¿Cómo una mente tan prolija y sobresaliente podía convivir en un mundo tan de baratija y mediocre como el nuestro? !Ah! Por eso estaba allí, me respondía: en nuestra clase de poesía, porque nosotros sí lo entendíamos de alguna manera, valorábamos lo que escribía aunque nos costara entenderlo en un primera lectura, cosa que probablemente en su círculo profesional y social no sucedía. Todos necesitamos mostrar nuestros valores y capacidades, sentir la acogida de los otros. Él era un tipo raro sin un diagnóstico claro, como todos los que amamos la poesía, como todos los que compartíamos ese espacio. Necesitábamos dar y recibir. Con la necesidad disidente de un refugiado que necesita. Marginados por la necedad: trastornados del vacuo vivir cotidiano.
Los poetas sobreviven y se entienden entre ellos en "los apartes" de las vidas. Cómo hago yo ahora mismo, entre bambalinas, que he cambiado de compañía, de casa, de barrio, de ciudad; del que ya no pega su ombligo a mi espalda porque ya dejó de ser mi marido, mi hombre, ni el compañero de mis noches, ni de mis días. Me he quedado sola, acompañada por mi soledad de poeta.
Desde ese lugar donde vivo ahora, en mi recién estrenada vida, tengo la fortuna de contar con gente como Juana, cuya amistad redobla su significado, pues es una de las personas que en estos momentos de necesidad me hace sentir que no estoy tan sola. Agradezco infinito su amistad, sus acertados consejos con la escritura, y en especial la humanidad y cercanía que siempre me demostró. Juana me nutre, me siento muy privilegiada con su amistad.
Os dejo tres poemas de su libro BESTIARIO DEL DESEO.
Adentrarse en la poesía de Juana Gallardo es desvelar sutilmente el misterio que habita en cada uno de nosotros: hilanderos, costureros, zurcidores, tejedores de vida.
AQUÍ ESTOY, ESTA SOY
Poco a poco recobro
a la que he sido.
No a la que he sido en esta vida
o en otras
en las que me cuesta tanto
creer,
sino a la que tejió mi deseo,
a la que, en mi imaginación,
ha vagado,
con el anhelo de ser algún día
algo más que un esbozo.
Aquí estoy, esta soy.
La cobarde y
la que saltó a mil abismos,
la que habló sin cesar
y la más silenciosa.
Soy aquella que,
cuando todo parecía perdido,
logró salvar el amor.
Ahora que la materia pierde
perfiles y formas,
ahora que los ojos impacientes
dejaron de buscar horizontes,
ahora que ya no hay
nada más que el ahora
aquí estoy
esta soy.
EL MIEDO
Te he guardado dentro
como botella
con tapón bien ajustado.
Tienes el sabor a astilla
de las almendras verdes,
su dureza.
y para digerirte he tenido que tragar piedras
igual que los caimanes.
Pero la vida es efímera
como un haz de luz inesperado
y, aunque nosotros, los vivos,
no lo sepamos
nada distingue a un muerto
de otro muerto.
Te dejo aquí, amante vacío
de alcobas clandestinas.
Te dejo con la soledad del vencedor
pues solo los vencidos aprenden
a hacerse compañía.
LA VEJEZ
En cada estación del año
me parece
habitar algo de ella.
No creas que voy a decir
que me convierto
en
tormenta
amapola
ola de mar
hoja seca.
En cada estación
me siento
un poco más vieja
y, como esto de envejecer
cuesta tanto,
me dan ganas de dejarlo todo
y encerrarme en casa a dedicarme
solo a eso:
a hacerme vieja
y a hacerlo bien.
Pero luego entra el sol,
o me da en la calle
una racha de aire fresco
y se me olvidan estas zarandajas.
Me pongo de nuevo
a escuchar al mundo
y a cantar
las canciones
que me llegan de él.
Y se me abren las alas de grulla
y otra vez estoy dispuesta
a viajar donde sea,
a donde el aire me lleve:
sin pensar en nada.
Poesía de Juana Gallardo Diaz
