IA Y POESIA
Inclinada como soy a perderme entre prosas y versos de autores y admirados poetas, que con suma brevedad y palabras bien escogidas ayudan a esclarecer la materia gris que nos enturbia, atendí un Podcast que me enviaba mi amiga Carol, de la APP Laberinto Histórico. Se trataba de un trabajo de la IA que resumía en cuestión de segundos el libro de José Saramago «Ensayo sobre la ceguera». De esa escucha sorprendente, que atrajo mi atención por su contenido y brevedad, surgió finalmente este texto, encaminado hacía el mejor pasto ─como el rebaño de Pessoa─ más por instinto que por voluntad propia.
Regresé por segunda vez a la escucha del Podcast, esta vez con oídos más críticos, quería entender el proceso y en parte desmontar el halo de misterio que lo envolvía. ¿Cómo era posible "semejante milagro"? Imaginé los pasos que un sistema inteligente daba, conducido por cerebros expertos, hasta obtener resultados tan espectaculares.
Lo primero que observé fueron los enunciados, a modo de titulares: Dejar de ver lo esencial cuando creemos saberlo todo/Ver de verdad exige responsabilidad interior/Muchas personas miran, pero pocas observan. Una voz masculina radiofónica estiraba frases, las extendía con conclusiones calibradas, que mejoraban la exposición; la completaban: Porque cuando recuperas la conciencia recuperas también la humanidad/Ver con claridad también es un acto de valentía. Encadenaba lecturas, parafraseando citas y aforismos de fácil recopilación; extraídas bien del propio libro, bien de otros autores y agentes literarios hablando de él, o mediante críticas, entrevistas, epílogos, prólogos, presentaciones diversas, tesis doctorales y un número extenso de fuentes donde la IA acudía para extraer información, que tratada con complejos cálculos matemáticos en procesos operativos; dando órdenes efectivas (Prompt) con las que obtenía resultados de diferente calado. Para llegar a conquistar, como así era, a un mercado altamente impresionable y consumista ─con la conciencia en el área de descanso, mayormente─ que deslumbrado por el impacto, se dejaba capturar a modo de instantánea por un disparo fotográfico.
El resumen concluía de manera didáctica: ¿Qué nos enseña el libro? preguntaba. Y con la misma solvencia, respondía: Que la indiferencia es una forma de ceguera/Que quien ve con claridad no puede decir que no entiende/Que cuando la conciencia se apaga todo se desordena (De ahí nace la ley de la conciencia despierta). Para acabar en un lenguaje empático y cautivador, con frases de este tipo: «Abre los ojos, no solo los tuyos, los del corazón». Y aquí finalmente es donde el oyente se rinde/me rindo a la evidencia de tanta «proeza tecnológica» De una inteligencia artificial surfeando la nuestra ¡tan de estar por casa!.
Los procesos de búsqueda de la IA son los mismos que los míos, al escribir este texto: Recopilar información/Ir a las fuentes de valor donde encontrar datos/Conectar ideas/Volcar recuerdos/Manejar un lenguaje empático/Pensar en titulares que capten la atención. Conectarme con pensamientos afines/Entroncar respuestas... Errar y hallar soluciones sobre el terreno, una y otra vez. La gran diferencia entre la IA y EL, que soy yo, es que yo no trabajo para nadie. Me mueven impresiones, intuiciones y sentimientos que la IA ignora, como ignora fundamentos éticos, de equidad y de justicia, no solo por carecer de inteligencia autonómica, también porque la sociedad que la instruye con sus gobernantes parecen tener calcificados los valores que fundamentan la Vida. Estamos ante una grave desprotección tecnológica, en el sentido más amplio de la palabra.
No debemos olvidar que somos los creadores de la IA, aunque a veces dada la magnitud de su alcance se nos haga inasible su entendimiento. De la misma manera que la IA nos puede beneficiar también nos puede destruir, si le asignamos roles y tareas insanas y contaminantes. No somos la rueda de recambio que viaja en el maletero. Somos el vehículo, el cuchillo el martillo... Existe un peligro real que todos percibimos y que nos obliga a ponernos en guardia por un lado, y por otro en acción atenta: desde nuestra propia individualidad. Todas las políticas necesitan ser regeneradas, con la misma urgencia que las nuevas tecnologías necesitan ser reguladas. Mientras eso no suceda deberíamos protegernos, pensar con calma y actitud, para crear una conciencia operativa poderosa y transformadora... al servicio de todas las inteligencias. Con poética y con alma, mejor ─lo más parecido─ para que replique en todos los contornos humanos y, con la misma intención ordene e instruya a todas las IAs. Allí donde el corazón se incline que el pie y la conciencia camine.
Un mercado rendido es un mercado vencido, no tiene rumbo ni finalidad: ni camino, ni recorrido. A veces hay que pararse, estarse quieto para no ser arrollado. Pararse a pensar, no es enrocarse. Aquietarse no es rendirse, es actuar con Inteligencia Activa.