Este relato participa en el concurso de Relatos LOL I del Circulo de Escritores
Vivía como realquilada en el sótano de tu vida. El dinero y los negocios eran tus prioridades Julián, los únicos motores que movían tu despreciable vida. Pasabas por casa como quien va al gimnasio, despachabas tu maltrato conmigo y a continuación te ibas a la sauna, decías que a eliminar toxinas, yo creo que las escupía tu sucio cuerpo todas encima de mí y de la gata. Ella era más indulgente que yo, soportaba tu ira por glotonería, limpiaba el plato de tu comida cuando no venías, que era con bastante frecuencia, y eso sí me tenía preocupada: su progresivo estado de obesidad.
Tu salud, había dejado de importarme, se resquebrajaba día a día, lejos de atender las advertencias del médico, lo sobornabas con atenciones para que alterara tus informes: que absurda y ridícula idea, que hasta para engallarte y creerte tus propias mentiras pagabas un tributo. No permitías que nadie, ni amistades ni empleados te contradijeran y si lo hacían lo resolvías como mejor sabías hacerlo, con chantajes y amenazas. Así eras tú Julián, déspota, maltratador, corrupto y sucio como un camión de basura.
No te imaginas lo feliz que me siento ahora que soy la única dueña de esta casa, de esta vida que nunca debió ser tuya. Recuerdo con amargura el día que viendo un partido del Barça me estampaste contra el plasma por cambiar de cadena, al apoyarme sin querer en el mando. Se estropeó el sonido con la imagen de Messi congelada en la pantalla del televisor, y la voz del locutor rallada repitiendo: pena, pena, pena. . . Endiabladamente furioso con los brazos en alto -por un momento pensé que me recogías del suelo ¡ingenua de mí!- cogiste la puerta para ir a casa del vecino a ver si había entrado el penalti de Messi.
Todo lo que orbitaba en torno a tu figura lo sometías a las demandas y exigencias con un despotismo que no tenía nombre. Lo que sí tenía identidad, era tu enfermedad. Tu corazón se paraba, se iba debilitando, dejándote en estados catatónicos que cada vez se alargaban más y eran más frecuentes. Con el tiempo me fui acostumbrando a a tus desmayos y conforme se repetían las ausencias, rogaba a Santa Rita de Casia que se prolongaran más, porque era como si de repente una mano divina me sacara del sótano oscuro donde vivía y volviera a respirar. Cuando despertabas, parecías resucitar de entre los muertos –que bien si te quedaras con ellos, pensaba yo. Te preocupaba que nadie viera la escena, tu vanidad no estaba para debilidades. Solo Amparo, nuestra asistenta, estaba al corriente de todo lo que pasaba en nuestra casa y me ayudaba a resucitarte unas veces y otras a rescatarme a mí de tus garras.
En fin Julián que te puedo decir ahora que no supieras en primera persona, decías que tu catalepsia era algo puntual, pasajero. Pero solo yo y Amparo sabíamos que llegaría el día en que “hartas” muy hartas de ti, te daríamos por muerto. Y ese día llegó, anunciamos tu muerte –aparente claro- y te lloramos y fingimos pena, tan acostumbrada me tenías al llanto que hasta me fue fácil disimularlo. El médico esa noche le surgieron varias urgencias, venía con prisas y nada más verte echo mano a su pluma y certificó tu defunción, yo diría que hasta con gusto.
En el bolsillo derecho de la americana llevas tu móvil Julián: ¡lástima, sin batería! ¡qué pena!.
Descansa en paz: ¡que ya es hora! Conseguiste lo que merecías.
Te gustará saber que he elegido el mausoleo de mármol más pesado que he encontrado, ¡Ah! y la caja es de ébano salvaje: como tú.
Aquí todos descansaremos en paz si ti. Haz tú lo mismo.
Schhhssssssssssssss
Elena Larruy

Muy buen humor negro para describir además la terrible situación que sufren y han sufrido muchas mujeres por culpa de este maltrato machista, que como Julián se valen del autoritarismo para subestimar a su pareja, que en este caso logra librarse de sus "garras" gracias a su fiel asistenta.
ResponderEliminarMe parece estupendo, Elena, que te hayas inspirado en esta lacra social.
Un saludo y suerte para ti también.
Super interesante, me atrapó desde el principio y seguí y seguí hasta el final esperando que en cualquier momento me saltaría una carcajada, porque lo que cuentas es muy triste...
ResponderEliminarNo me hizo reír.. ¿y qué? todos en paz.
Me gustó!
Gracias por tus comentarios Diana. Un abrazo
EliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
EliminarJusticia divina lo llamaría yo.
ResponderEliminarUn abrazo y suerte en el concurso.
Pues sí, el universo es más justo y acaba poniendo a estos personajes donde se merecen. Un abrazo y suerte con tu relato
EliminarPues sí, el universo es más justo y acaba poniendo a estos personajes donde se merecen. Un abrazo y suerte con tu relato
EliminarDesgarradora historia, va más allá del humor negro, es una cachetada a tanto déspota insensible que anda suelto.
ResponderEliminarUn abrazo.
No pude imaginar otro lenguaje que no fuera el humor para un relato como este, con un protagonista tan despreciable del que pienso como Sue, la Vida pone en su sitio a estos "ejemplares", Gracias a todos por vuestros comentarios. Un abrazo
Eliminar