martes, 2 de mayo de 2017

LO MEJOR LO PONGO YO





Las imágenes más bellas, los sonidos más armoniosos se agrupan, se desintegran. Sólo queda una cosa, una belleza infinita que pasa de una forma a otra, eternamente desplegada, variable, pero, ciertamente, no siempre se le puede retener y exhibir en museos y trasladar a notas musicales y después llamar a viejos y jóvenes, y que los niños y los mayores charlen y se dejen maravillar. Es necesario amar a la humanidad para penetrar en el verdadero ser de cada uno; no debemos tener a nadie por demasiado poco o demasiado feo, sólo entonces podremos comprenderla; el rostro más insignificante causa una impresión más honda que la simple sensación de lo bello, y se puede hacer salir a las figuras de sí mismas sin introducir en ellas nada copiado del exterior, en donde no se siente vibrar ni latir ninguna vida, ningún músculo, ninguna pulsación. Kaufmann le reprochó que él no encontraría en la vida real ningún modelo para un Apolo de Belvedere o para una Madonna de Rafael. «¡Qué importa!», replicó, «he de admitir que me siento bien muerto ante esas obras; cuando trabajo en mi interior, tal vez puedo sentir algo, pero lo mejor lo pongo yo. El poeta y el artista que prefiero es el que me da la naturaleza de la manera más real, de forma que yo, ante su creación, sienta algo; todo lo demás me estorba.

Georg Büchner
Lenz
Edit.Bienza
Trad. Rosa M.Gomez Pato
pp 87-89





Constantes de su obra


Su preocupación por el dolor humano en todas sus formas, desde aquel que está provocado por la injusticia social hasta el consecuente a la propia desorientación del hombre en el seno de la Creación, sea dolor físico o sufrimiento existencial.

El amor a todas las criaturas humanas, a las gentes sencillas. Según él, y como observa el protagonista de Leonce y Lena, "(...) hasta el más humilde entre los hombres es tan grande que la vida es demasiado breve para poder amarlo".

Descripción naturalista de hombres y ambientes e interés por los condicionamientos biológicos del comportamiento humano. Un buen ejemplo son los efectos en Woyzeck de los experimentos a los que le somete el doctor.

El sentimiento de vacío, de sinsentido de la vida que a menudo se apodera de sus personajes. La existencia es una «herida» en la nada y nuestra finalidad «esa X eternamente denegada» (La muerte de Danton). Esta obsesión recorre su obra y su correspondencia, no hace distinción entre sus personajes, ricos o pobres, con ironía (en Leoncio y Lena) o con sus tonos más trágicos, desde la vida ociosa y placentera para la cual el tiempo mismo es un bien demasiado abundante (véanse las palabras del Capitán al comienzo de Woyzeck) hasta Woyzeck, que no es dueño ni se su propio cuerpo, y pasando por quienes se encuentran a las puertas de la muerte y recapitulan sobre su pasado (La muerte de Danton): el nihilismo como dimensión espiritual del sufrimiento humano.

El estudio de la locura en Lenz y en Woyzeck. La locura no sólo es representada como desvarío intelectual o la incapacidad de compartir la misma percepción de la realidad que el resto de los seres humanos —es el caso de Woyzeck—, sino también como un no poder sentir ni desear —en Lenz—. La locura se nos representa como algo que trasciende al nihilismo intelectual de, por ejemplo, un Danton o un Leoncio, para convertirse en una «nada» emocional.

La burla del tedio y los prejuicios burgueses.

La compasión y la comprensión frente a la rigidez de la condena moral implacable de quienes se sienten a gusto con su conciencia: Danton frente a Robespierre, la actitud frente al crimen de Woyzeck, quien apenas es dueño de sus actos.

Un fino análisis psicológico de sus personajes. La modernidad de su estilo y forma de abordar el drama.

Su propia obra, como es fácil suponer, no ha podido mantenerse al margen de la polémica ideológica entre quienes quieren ver en él a un materialista con simpatías por un socialismo incipiente y quienes destacan el pesimismo y el fatalismo nihilista que recorren toda su obra, tan contradictorios con cualquier actitud positiva y transformadora.

La controversia sobre su evolución en materia de fe religiosa no es menor. Por una parte Georg Büchner se hace eco del ateísmo y del materialismo científico paterno y familiar; por otra, hay quienes se preguntan si en algún momento Büchner llegó a buscar, como su personaje Lenz, la fe de las gentes sencillas, aquellas a cuyo lado siempre quiso estar: «Intentémoslo alguna vez y sumerjámonos en la vida de los más pequeños» (Man versuche es einmal und senke sich in das Leben der Geringsten). La descripción de ambas actitudes está presente en su obra. La correspondencia del propio autor tampoco parece aclarar mucho sobre este punto, ya que manifiestan un pensamiento ateo y materialista, por mucho que sus albaceas se hayan esforzado posteriormente en borrar todo rastro de ateísmo y socialismo radical. La única muestra de religiosidad por su parte fue una frase que repitió en sus últimos días, delirando, y que Caroline Schulz recogió en su diario: «No tenemos demasiados sufrimientos, sino demasiado pocos, porque por medio del sufrimiento nos unimos con Dios».


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