domingo, 22 de mayo de 2016

A MI MADRE


Nos sentábamos en la terraza a contemplar la noche
¡Que estafa de vida hija!  me decía mi madre,
no vale la pena nada,
esta decrepitud
este estar viejo en cada espejo
en todos los reflejos y miradas.


Simbiosis PASCALE ARCHAMBAULT

¡que estafa hija!
aprovecha tu tiempo,
¡sé feliz!
Las horas  pasan, desolando esta casa,
lo que fui.

Éramos diferentes, yo y mi madre
tan diferentes como uña y pestaña,
y la extraño desde el mismo momento en que se fue:
a encontrar a  mi padre.

Ya nadie me llama y me dice
hija, ¿como estás?
y yo  te lo contaba por encima,
como una hija se lo cuenta a una madre,
me  interesaba más despertar tu sonrisa:
yo era el colchón de tu soledad
tu la almohada y la sábana de algodón
que arropaba mis desencantos.
  
Me contabas tu jornada,
de idas y venidas por el pasillo de casa
con tu rosario y tu perrita Luna:
acompañando tus pasos torpes;
hasta aquel  lunes a finales de abril,
que ya no regresaste.

Nuestras vidas fueron muy diferentes,
nos quisimos a distancia y  a medias:
tu a mi más.
Yo esperaba una maestra
y tu eras  agua inquieta de manantial.

Ojalá cuando hacías las maletas de tu último viaje
yo hubiera sido la asistenta atenta y servicial
que tu fuiste para mi.

Hoy que la distancia es insalvable,
que ya se acabó tu largo invierno,
siento que te quiero la otra mitad.

Los  armarios de tu casa,
conservan el olor a naftalina,
la que tu ponías entre las mantas.
Te hecho de menos, cuando en la cocina
preparo la salsa de almendras con ajo y perejil
y huele a tus manos, a tu entrega:
todo se impregna de ti.

No evoco a la nostalgia 
ni convoco a las penas, 
tampoco las paredes de mi casa la ocupan tus retratos: ahí no asoma tu alma.
Muy pocos me han hablado de ti, de tus actos generosos,
de tu bondad, de tu manera de querernos.
¿Hay más soledad que el vacío acompañando este duelo de orfandad?
Nadie habla de las madres muertas.

Me hidraté tanto de tu agua
que me he convertido en un hermoso jardín:
ellas si me hablan de ti:
las azucenas, las rosas,
las blancas calas,
el perfume de los jazmines . . .

¡Nunca mas estarás muerta!
Hoy mi amor es completo. 

Elena Larruy
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