lunes, 16 de marzo de 2020

CUENTO DE INVIERNO- UN POEMA DE OLGA OROZCO




CUENTO DE INVIERNO un poema de OLGA OROZCO
Nadie me desmintió la primavera, ni el ardor de las ascuas, ni el oro de la fiesta. Pero hace muchos años que habito en esta choza en medio del bosque, donde las ramas hablan sin motivo, los silencios son crueles y en los sueños más bellos se cobijan los lobos. Tal vez sea la casa de la bruja, o quizás la posada de las ánimas. No lo sé; lo he olvidado como se olvida uno las luces y las sombras de costumbre, o acaso me confunda con el rincón para las penitencias o con el apeadero de los vientos. Aquí los días tiemblan, tormentosos, porque les temen a las noches; nunca se asoma el sol, siempre acosado por los largos colmillos del invierno, y todo cuanto amé se disolvió en las nubes o me fue arrebatado por unas alas pálidas que llegan y se van y en cuyas duras plumas se guarece tal vez la eternidad. ¿Cómo llegué a esta cueva sin calor y sin misericordia? No he dejado guijarros ni migajas de pan como señales de luz para el regreso. ¿Y hacia dónde volver, si todos los caminos me devuelven aquí, como en los laberintos de los niños perdidos? Aunque quizás no vuelva de nuevo a este lugar sólo porque algún vértigo me aspire, sino porque lo llevo adherido a mis pies, a mi propia condena. Lo anticipó la niebla girando con mi paso en el jardín; lo anunciaba el reflejo de esta casa todavía remota en el estanque; lo confirma el chirrido de tu llave en la puerta del oxidado amanecer, cuando ya te aproximas, cuando ya me olfateas, cuando llegas. Sí, tú, la enemiga invisible con corazón de perro, sombra de cuervo, rastro de serpiente; la voraz que consume un poco cada día esta mano que asomo a través de la jaula, a través de mi cuento, hasta el otro final.




'la poesía espera para si misma la misteriosa gratificación de asir lo inasible y expresar lo inexpresable'.




jueves, 12 de marzo de 2020

REFLEXIONES SOBRE EL MENSAJE DEL CORONAVIRUS

Bellísima reflexión (traducida al español) del psicólogo F. Morelli, que circula entre nuestros queridos vecinos italianos.


Creo que el universo tiene su manera de devolver el equilibro a las cosas según sus propias leyes, cuando estas se ven alteradas. Los tiempos que estamos viviendo, llenos de paradojas, dan que pensar...




En una era en la que el cambio climático está llegando a niveles preocupantes por los desastres naturales que se están sucediendo, a China en primer lugar y a otros tantos países a continuación, se les obliga al bloqueo; la economía se colapsa, pero la contaminación baja de manera considerable. La calidad del aire que respiramos mejora, usamos mascarillas, pero no obstante seguimos respirando...




En un momento histórico en el que ciertas políticas e ideologías discriminatorias, con fuertes reclamos a un pasado vergonzoso, están resurgiendo en todo el mundo, aparece un virus que nos hace experimentar que, en un cerrar de ojos, podemos convertirnos en los discriminados, aquéllos a los que no se les permite cruzar la frontera, aquéllos que transmiten enfermedades. Aún no teniendo ninguna culpa, aún siendo de raza blanca, occidentales y con todo tipo de lujos económicos a nuestro alcance.




En una sociedad que se basa en la productividad y el consumo, en la que todos corremos 14 horas al día persiguiendo no se sabe muy bien qué, sin descanso, sin pausa, de repente se nos impone un parón forzado. Quietecitos, en casa, día tras día. A contar las horas de un tiempo al que le hemos perdido el valor, si acaso éste no se mide en retribución de algún tipo o en dinero. ¿Acaso sabemos todavía cómo usar nuestro tiempo sin un fin específico?




En una época en la que la crianza de los hijos, por razones mayores, se delega a menudo a otras figuras e instituciones, el Coronavirus obliga a cerrar escuelas y nos fuerza a buscar soluciones alternativas, a volver a poner a papá y mamá junto a los propios hijos. Nos obliga a volver a ser familia.


En una dimensión en la que las relaciones interpersonales, la comunicación, la socialización, se realiza en el (no) espacio virtual, de las redes sociales, dándonos la falsa ilusión de cercanía, este virus nos quita la verdadera cercanía, la real: que nadie se toque, se bese, se abrace, todo se debe de hacer a distancia, en la frialdad de la ausencia de contacto. ¿Cuánto hemos dado por descontado estos gestos y su significado?




En una fase social en la que pensar en uno mismo se ha vuelto la norma, este virus nos manda un mensaje claro: la única manera de salir de esta es hacer piña, hacer resurgir en nosotros el sentimiento de ayuda al prójimo, de pertenencia a un colectivo, de ser parte de algo mayor sobre lo que ser responsables y que ello a su vez se responsabilice para con nosotros. La corresponsabilidad: sentir que de tus acciones depende la suerte de los que te rodean, y que tú dependes de ellos.

Dejemos de buscar culpables o de preguntarnos por qué ha pasado esto, y empecemos a pensar en qué podemos aprender de todo ello. Todos tenemos mucho sobre lo que reflexionar y esforzarnos. Con el universo y sus leyes parece que la humanidad ya esté bastante en deuda y que nos lo esté viniendo a explicar esta epidemia, a caro precio.














miércoles, 4 de marzo de 2020

PERDÓN, HOY CUMPLO AÑOS



Helena Sofia Schjerfbeck



PERDÓN, HOY CUMPLO AÑOS

Me confieso a las puertas
de otro otoño.
Creo que mi pecado
es común y viejo. Pido perdón:
hoy, cumplo años.

Nada del tedioso futuro
le interesa a mi felicidad
sin pulso. Cruzo las manos,
pienso un deseo,
invoco a las partes
que intervengan en este asunto
de huida parsimoniosa
hacía el olvido:
A ellos pido orientación
y fortaleza.

Alguien se acerca
lleva en sus manos un pastel
y una vela encendida:
construyo una presencia
afectuosa y escéptica.
Soplo la llama.
Mi rostro en fuga
también se apaga
a la espera
que se alineen los planetas:
Júpiter en Piscis

sería lo adecuado.

Elena Larruy


lunes, 24 de febrero de 2020

LOS FUNCIONARIOS DEL EGO


Hay un Yo honesto que se construye poderoso desde dentro, que se muestra confiado, templado, autosuficiente, que no necesita arrojar sombras para brillar por sí mismo, hay otro "yo" hipócrita arrogante, orgulloso y pomposo cuya necesidad es complacerse con  expectativas ajenas, necesita el aplauso, la aprobación y el elogio como fuente de autoestima. El Yo sano,  honesto nunca entorpecerá el  camino de los otros.




Un hombre sólo tiene derecho
a mirar a otro hacia abajo
cuando ha de ayudarle a 
levantarse.
Gabriel G.Marquez



ALÉJATE

Aléjate del que pone el teorema
encima de la mesa
del que crea polémica
cuando nada le interesa
del culto que exhibe 
y apabulla son su tema,
-el que más domina-
para quedar
siempre por encima.
Del elegante felino, leonado,
de guante blanco
que atrapa a sus víctimas
sin dejar rastro de ellas.
Del que no tiene opinión
y solo dispara y discrepa.
Del que con educación
y don de gentes
te miente,
del que sincero 
te ofende.
Aléjate de aquel
que todo te lo da
sin nada a cambio:
no sea que el impostor
"de buena fe"
te convierta
en su blanco.

Elena Larruy


sábado, 22 de febrero de 2020

UNA CASCADA DE PAZ - POESÍA DE GLORIA FUERTES



La poesía de Gloria Fuertes: amor, humor y desamor y un mensaje claro y necesario: Un niño que entre sus manos tiene un libro de poesía nunca de mayor tendrá  ya un arma entre ellas. 



AMOR QUE LIBERA

Ya no soy la niña amarga
que tenía un mar de llanto
y alta ortiga por el alma.
Ya no soy la niña enferma
que al oír risas lloraba;
ya salí del solitario
bosque que me acorralaba.
Ahora soy la niña verde,
porque floreció mi calma.
Ya no soy la loca triste,
ya no soy la niña blanca,
nuevo amor ha traspasado
con el nardo de su lanza
mi corazón, que ahora tiene
un nombre de menta y ámbar.
¡Ay cuánta sonrisa noto
que trepa por mis espaldas!
¡Qué brillo tienen mis ojos
—viudos de siete mil lágrimas—!
La vida me sabe a verso
y los besos a manzana.
—El monte arregla sus pinos,
por las rocas el mar baila—.
El amor danza en mi pecho.
¡Ya me quiere! ¡Ya me aguarda!
Ya no soy la loca triste,
que al oír risas gritaba;
ahora soy la niña dulce,
ya no soy mujer amarga.



PAREJAS
Cada abeja con su pareja.
Cada pato con su pata.
Cada loco con su tema.
Cada tomo con su tapa.
Cada tipo con su tipa.
Cada pito con su flauta.
Cada foco con su foca.
Cada plato con su taza.
Cada río con su ría.
Cada gato con su gata.
Cada lluvia con su nube.
Cada nube con su agua.
Cada niño con su niña.
Cada piñón con su piña.
Cada noche con su alba.

AL BORDE
Soy alta;
en la guerra
llegué a pesar cuarenta kilos.
He estado al borde de la tuberculosis,
al borde de la cárcel,
al borde de la amistad,
al borde del arte,
al borde del suicidio,
al borde de la misericordia,
al borde de la envidia,
al borde de la fama,
al borde del amor,
al borde de la playa,
y, poco a poco, me fue dando sueño,
y aquí estoy durmiendo al borde,
al borde de despertar.

AUTOBIOGRAFÍA
Gloria Fuertes nació en Madrid
a los dos días de edad,
pues fue muy laborioso el parto de mi madre
que si se descuida muere por vivirme.
A los tres años ya sabía leer
y a los seis ya sabía mis labores.
Yo era buena y delgada,
alta y algo enferma.
A los nueve años me pilló un carro
y a los catorce me pilló la guerra;
A los quince se murió mi madre, se fue cuando más falta me hacía.
Aprendí a regatear en las tiendas
y a ir a los pueblos por zanahorias.
Por entonces empecé con los amores,
-no digo nombres-,
gracias a eso, pude sobrellevar
mi juventud de barrio.
Quise ir a la guerra, para pararla,
pero me detuvieron a mitad del camino.
Luego me salió una oficina,
donde trabajo como si fuera tonta,
-pero Dios y el botones saben que no lo soy-.
Escribo por las noches
y voy al campo mucho.
Todos los míos han muerto hace años
y estoy más sola que yo misma.
He publicado versos en todos los calendarios,
escribo en un periódico de niños,
y quiero comprarme a plazos una flor natural
como las que le dan a Pemán algunas veces.

Gloria Fuertes, la poeta que quiso parar la guerra

Quise ir a la guerra, para pararla,
pero me detuvieron a mitad del camino.


jueves, 20 de febrero de 2020

MI PEQUEÑO AMOR

La poesía en la palabra y la música de Luisa Sobral




Intérprete y letra
lUISA SOBRAL


Mi amor
Aún eres tan pequeñito
Pero lo que yo siento aquí dentro
Ya es más grande que el mundo
Y cuando de noche
Te sientas solo
Yo cojo la guitarra
Y te canto bajito
Te voy a llenar de besos
En cuanto te vea
Te voy a tener en mis brazos
De ahí no vas a salir
Te voy a llenar de besos
Verte dormir
Quiero tanto
Conocerte
Mi amor
No prometo perfección
Haré lo que sienta
Lo que diga el corazón
Si aún así
Piensas que me equivoco
Un día verás que fue
Por tu bien
Te voy a llenar de besos
En cuanto te vea
Te voy a tener en mis brazos
De ahí no vas a salir
Te voy a llenar de besos
Verte dormir
Quiero tanto
Conocerte
Si me miraras
Como yo miro a mi madre
Sabré al final, que acerté
Mucho más de lo que erré
Te voy a llenar de besos
En cuanto te vea
Te voy a tener en mis brazos
De ahí no vas a salir
Te voy a llenar de besos
Ahora que te conozco
Quiero tanto
Cuidar de ti

lunes, 17 de febrero de 2020

A PESAR DE LA HUMEDAD



Un texto breve en forma de prosa poética inspirado en otro de la poeta aragonesa Olga Bernad



Edward Fairburn



"A pesar de la humedad, el ruido, el debate político, el humo negro de los coches,  la alarma china, el todo vale en  los medios, los árboles desnudos del parque, el pesar de los tristes,  las fachadas desconchadas con las meadas de los perros, la alegría fingida del tendero, las horas huyendo en desbandada, la vecina chismosa con la que acabo de cruzarme; salgo de mi casa, saludo al día,  atravieso la calle, doblo la esquina y camino por la ciudad como si llevara puesta una hoguera, en medio del frío.
"Vivir me gusta. No lo niego"
Elena Larruy
  

viernes, 7 de febrero de 2020

DESDE EL BANCO DE LA RESERVA, REFLEXIONES


Muchos son los sinsabores y quebrantos que padres y madres mayores sufren de los hijos adultos cuando estos están creciendo y madurando, en otros aspectos que no son el físico, claro.  Muchos los hijos que en ese despertar a la frustración y discurrir por la vida entre desencantos y entresijos lógicos, encuentran en los padres el blanco perfecto donde descargar la batería de insatisfacciones y rabia. Frustraciones naturales de un desorden generacional que necesita su tiempo para ser entendido, procesado y disculpado, cuando no perdonado.


Corazones tendidos al sol desangrándose

Hablo del hijo intolerante que ya no atiende la voz de la madre o el consejo del padre, que los mira con desatino y desprecio, que tiende a reprochar, ridiculizar, que se aleja. Cuando esto ocurre y nos ponemos en la piel de la madre que ha amado y sigue amando, cuida y protege a sus hijos, -sin que eso la convierta en inocente ni perfecta-, entendemos algo de su dolor y su silencio, de su prudencia, de los pensamientos que procesa  su cabeza hablándole al corazón en un discurso tan inútil como pertinaz: sé que te fallé, no me ataques, de nada soy culpable, lo hice de la mejor manera. Hay en ese discurso un sentimiento de culpa, sí, en efecto, pero eso no la hace culpable.

¿Quién puede causar dolor sin antes haberlo sufrido? ¿Quién puede recibirlo sin antes haberlo dado?: involuntaria inconscientemente, el dolor y las heridas son  inevitables al discurrir de la vida por los caminos de la evolución. Todos somos víctimas y verdugos de un sistema que nos culpa y encadena. Es natural que de padres a hijos se transmitan esas imperfecciones cuando criamos y educamos a nuestros menores, todos estamos aprendiendo y todos lo hacemos de manera imperfecta e incompleta porque el propio mundo es así: de ahí el rechazo, de ahí la  incomunicación, la incomprensión y como consecuencia de todo eso, la lógica insatisfacción. 

Cuando los padres se hacen, nos hacemos mayores seguimos aprendiendo; una de las cosas que enseña la madurez es a interpretar las experiencias de manera diferente, con una mirada más extensa y expandida, más comprensiva y dispuesta, cosa que a efectos prácticos sirve de muy poco porque a la vez que eso sucede se van haciendo cada vez más pequeños e invisibles a los ojos ajenos de la sociedad. ¿Que injusta realidad, verdad?. Cuando uno más sabe y está más preparado para aportar a la comunidad va y lo trasfieren a la reserva, al banco de los olvidos. Podría parecer una zona de confort y no lo es, yo la llamo zona de alto riesgo, porque la invisibilidad produce atropellos que los invalida y deja frágiles y vulnerables como pañuelos de papel. Es un hecho que pocos los miran y menos los ven. Por eso necesitan tanto de la comprensión y los afectos y la gratitud de los próximos, especialmente de los hijos, y como no, del aprecio, la admiración y siempre del respeto. 

Hay padres mayores mentalmente muy jóvenes, mucho más jóvenes de la edad que tienen o aparentan, también en lo físico, conozco casos de padres más jóvenes que sus hijos, por su manera de estar y de pensar, esto la mayoría de hijos no lo entienden, porque no lo han vivido,  pero es así, esos padres, esas mujeres ricas y frondosas: universos de madres como la autora de este poema: La madre de mis hijas donde se refiere a sí misma como "ella", se presenta como una extraña, una perfecta desconocida a la mirada de sus hijos, condenada a la clandestinidad y la incomprensión. De eso habla este poema.
Yo también me ocupé de los de los hijos como una leona y aun conservo la melena.

Elena Larruy


  


LA MADRE DE MIS HIJAS

  
La madre de mis hijas,

la del pelo de leona
una mujer niña
que padeció largos dolores de crecimiento
que, a la par de ellas,
-no antes-
conoció la poesía, el desafío,
el olor a aceite de fusil
la textura irregular
de las granadas de fragmentación.

La madre de mis hijas
tan preocupada siempre
por ser feliz
por no dejarse escatimar el día;
las que les pintó las cunas y el cuarto
con colores sicodélicos
-la cuna de Melissa, la cama de Maryam
naranja brillante-
ella que descubrió la piel escurridiza del tiempo
la infidelidad, el escondite
y que les lloraba en el pecho
-hija de las hijas-
ensimismada en sus cosas
llevándolas de un lado a otro
como paquetes
apurada y sin tiempo
para detenerse y jugar.

La madre de mis hijas
huyendo de ellas
por no saber como hacer las paces con ellas
cómo evitar la quieta censura
el reclamo en los ojos;
la que les escribió poemas de amor
para los días cuando la entendieran,
cuando el resentimiento
no les hiciera mella.

La madre de mis hijas
empecinada en vivir una vida
que valiera la pena
para que ellas al menos dijeran
"Esto, aquello, permanece
No en vano la extrañamos."

La madre de mis hijas
contempla la sólida nobleza de la mayor
la tenaz perseverancia de la segunda
la rebelde independencia de la tercera
ve tres mujeres florecidas
en ruta cierta al esplendor
ve a las que son madres
entregarse rotundas al oficio de los hijos
y piensa
que entre todo lo que hizo mal
o dejó de hacer
algo haría bien,
algo.


Giconda Belli

martes, 4 de febrero de 2020

PARA EL CUATRO DE MARZO




Unos se medican con chocolate, yo como dice la imagen: escribiendo.



PARA EL CUATRO DE MARZO    

Se aceptan flores
chocolate y halagos,
palabras cariñosas
que no sean corrientes
ni de diario.

Se aceptan mensajes
en los espejos,
en la nevera
o en la tapa del wáter
que digan cosas como:
cuando lees a Pessoa
sentada en la taza,
mientras me afeito,
también te prefiero.

Se aceptan perfumes
sonrisas, libros, abrazos
te quieros sinceros
cumplidos atinados,
sin milongas de la edad
la salud o el peso.

Que los de Amazon dejen un regalo,
también se acepta.

De los sin palabras del mundo,
que son unos cuantos,
se aceptaría una letra de Machado
una canción de Sabina
una señal de humo
o un poema robado.

Y para acabar el pedido:
se aceptan besos en línea
abrazos diferidos
poesía a quema ropa;
pago en diferido,
también extiendo letras
y pagarés a corto plazo. 

Para el resto,
aceptaré lo que venga,
pero eso será otro día
y a portes pagados.

Elena Larruy



Un guiño a Luis Alberto de Cuenca cuyo título de su libro de poesía: Se aceptan cheques, flores y mentiras  ha inspirado este poema: Para el cuatro de Marzo



lunes, 3 de febrero de 2020

DESCRIPCIÓN DE LA MENTIRA



Este fragmento pertenece a uno de los libros más impactantes de la poesía española de finales de los setenta, Descripción de la mentira, de Antonio Gamoneda.





El óxido se posó en mi lengua como el sabor de una desaparición.
El olvido entró en mi lengua y no tuve otra conducta que el olvido,

y no acepté otro valor que la imposibilidad.

Como un barco calcificado en un país del que se ha retirado el mar,

escuché la rendición de mis huesos depositándose en el descanso;

escuché la huida de los insectos y la retracción de la sombra al ingresar en lo que quedaba de mí;

escuché hasta que la verdad dejó de existir en el espacio y en mi espíritu,

y no pude resistir la perfección del silencio.

No creo en las invocaciones pero las invocaciones creen en mí:

han venido otra vez como líquenes inevitables.

La fermentación del verano se introduce en mi corazón y mis manos se deslizan cansadas en la lentitud.

Vienen rostros sin proyectar sombra ni hacer crujir la sencillez del aire;

sin osamenta ni tránsito, como si consistieran únicamente en el contenido de mis ojos, en la unidad de mis palabras, en el espesor de mis oídos.

Son obedientes y yo siento su reunión como una salud que se refugia en la oscuridad.

Es una amistad dentro de mí mismo;

es un estambre urdido por manos que son suaves en el interior de los días.

Ahora es verano y me proveo de alquitranes y espinas y lápices iniciados,

y las sentencias suben hacia las cánulas de mis oídos.

He salido de la habitación obstinada.

Puedo hallar leche en frutos abandonados y escuchar llanto en un hospital vacío.

La prosperidad de mi lengua se revela en cuanto fue olvidado durante mucho tiempo y sin embargo visitado por las aguas.

Éste es un año de cansancio. Verdaderamente es un año muy viejo.

Éste es el año de la necesidad.

Durante quinientas semanas he estado ausente de mis designios,

depositado en nódulos y silencioso hasta la maldición.

Mientras tanto la tortura ha pactado con las palabras.

Ahora un rostro sonríe y su sonrisa se deposita sobre mis labios,

y la advertencia de su música explica todas las pérdidas y me acompaña.

Habla de mí como una vibración de pájaros que hubiesen desaparecido y retornasen;

habla de mí con labios que todavía responden a la dulzura de unos párpados.


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