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domingo, 17 de abril de 2016

TENGO PARA GOZAR


Tengo para gozar...



las madrugadas,


muy tempranas,

cuando abandono nuestra cama

y retomo el verso a medio hacer,
 -como tú-

entre atrezos y velados telones anda:

la palabra,

el vocablo,

tu diminuto cuerpo.


Sujetos y verbos persiguiendo predicados,

el aroma del primer café,
pacientes adjetivos, 

puntos arrepentidos,

el olor a pan caliente: recién horneado,


 las insumisas comas,

que en sus respiros

 confían en las musas,

o en la dulce confitura  de  fresa,
 o tal vez sea el rayo
  el que ilumine la escena, 

donde por fin

podáis descansar tú y el poema.




Y mientras deshojo febrero
hoja a hoja,
entre compotas, cafés, versos y pan tostado,
pensando en ti
rogando a los días que no se entretengan,

me encuentra marzo.


Tengo para gozar la compañía 
del que descansa a mi lado:
territorio acotado,
 más señalizado  que aventurero,
sin antojos ni atajos,
geográfico,
guerrero,
curioso,
eterno aprendiz de todo,

por ese paisaje es por donde yo ando,
más fiera que mansa,

esperando mayo.


Y en los días de llanto tomo la presa de tu espalda.


¡Cuántos puertos compañero,
cuántos asaltos,
cuántos miedos,

cuánto sembrado,
cuántos cuidados,
cuántos caminos andados,

cuántos cuantos!

Y de esa siembra de antaño,
de su fruto,

 otra vida nacerá
a mediados de mayo.


Tengo para gozar las flores de primavera, 
de entre  mis preferidas
dos son las que en tierra húmeda se cultivan 
esperando su hora, 
y las peonias.


Tengo para celebrar
esta juventud
 que viene de muy lejos,

lo saben las mimosas
que me encuentran cada febrero floreciendo,
 retomando mis pasos:
ligera,
sin nostalgias ni amuletos,
ni  carga alguna para estos brazos,

que dueña tendrán en mayo.


Y para tu gozo, mi amado, tengo  este cuerpo,
que atardece con el tuyo:
aventurero,
artista,
 que  vuela con su cola de sirena,

y es de agua,
y de fuego.


Refugio seguro
donde amarras tus garras fieras
después de la batalla.


Y en mi claustro: un jardín,
en el que cultivo saguaros y poemas para ti,
para mí,
para ella,
para mis penas,
las que en noche oscura
y en todas las otras lunas,
tienen tus abrazos.


Tengo para gozar
esta voz  dormida,
que abrirá su jaula en tu presencia
para vestirse de arrullos.


Quedan pocos amaneceres sin ti,

     los versos gestando
 se agitan impacientes,
 verbos y predicados ya se encontraron,
felices adjetivos se unieron
conformando el verso,
deseoso de salir a tu encuentro.


Las fértiles aguas de abril a punto de desbordarse están,
pronto,

ya muy pronto, alumbrará mayo.


Tengo para gozar
 el pensamiento puesto en la primera vez que te envuelvan mis brazos,
debo poner cuidado,
aún no sabré si tu vuelo es de sirena o de paloma.
Mi corazón pegadito al tuyo
batirá con el alboroto del  perro que recibe a su amo.

Yo entonces ajustaré con ternura mi mejilla a la tuya,
y a tu oído atento,
con voz queda,
te cantaré el poema ya acabado

el que ahora te avanzo:

Voy a quererte siempre mi pequeña,
porque traes a nuestra casa inocencia y pureza,
¡que anda tan escasa!

Traes todos los colores de la dicha,
 todos los matices del gozo,
en todos sus soles y en todas sus noches
te voy a querer.

Entre metáfora y verso,
en las alegrías y en las tristezas,
en la salud y en la enfermedad,
en todas las existencias
te voy a querer.

En todas las madrugadas,
 cuando deje la cama del otro que te ama,
y me prepare café
para tantos poemas que hay por hacer,

en todos los principios,
en los intermedios
y en todos los finales,

en los silencios de todas las estaciones,

en todas las primaveras,
en sus entreactos mi pequeña:
te voy a querer,

de mayo a mayo.

Elena Larruy




























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