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jueves, 7 de febrero de 2019

EL PLACER DE CADA MOMENTO







VIVIR LENTO, MUY LENTO

Lento para disfrutar del café de la mañana cargado de ideas descansadas.
Lento para mirar como se despereza el día.
Lento para no quedarnos en lo aparente e ir más allá de la primera impresión.
Vivir lento para sentir cada beso, cada abrazo, cada caricia.
Lento para percibir olores que nos trasporten a la niñez, al mar, al campo.
Lento para escuchar la melodía de la vida que nunca calla.
Muy Lento para cobijar unas manos amigas o amadas y notar la calidez que sólo añoramos cuando nos faltan.
Lento para perdernos en sonrisas y miradas.
Lento para oír los mensajes que nuestra mente y nuestro cuerpo nos gritan a voces.
En definitiva, lentos para embriagarnos de vida.

 Ana Adarve
 Psicóloga








Un artículo de Víctor Amela, Ima Sanchís y Lluis Amiguet


Hace una década se publicó Elogio a la Lentitud, un best seller internacional que se convirtió en el manifiesto del Movimiento Slow y que dio origen a un sinfín de movimientos: desde la comida lenta, las ciudades lentas o el sexo lento hasta el club de la pereza, en Japón. Ahora, con La lentitud como método, Carl Honoré quiere pasar de la filosofía y los estudios científicos y sociales a ofrecer herramientas para ser eficaz y vivir mejor en un mundo veloz. Para él, la gran revolución del siglo XXI será pasar de hacer las cosas lo más rentable y rápido posible a hacerlas lo mejor posible y pensando a largo plazo; y es aplicable a todo: planeta, política, trabajo, salud, relaciones, sexo.

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