miércoles, 21 de marzo de 2018

MI CASA, FORTALEZA, BELLEZA Y MAGIA


Congost de Mont-rebei


Cañones estrechos
desfiladeros
paredes sacras
majestuosos templos pétreos
coronados por un cielo
de acuarelas y estrellas.
En las faldas de este santuario,
de vida fluyendo y de  magia,
desvelándose la primavera,
nací un día de marzo.
Yo, Elena
gota de agua,
río creciendo
sediento de océano.






Para saltar se concentró la piedra.
Levantaron los cuellos los gigantes.
Se formaron los regios farallones,
torres, muros, cadenas y cascadas.
Arriba, el pino negro,
el haya clara, el ágil sarrio anaranjado
y el buscador feliz...
Y nosotros rompiendo lo intocable.

Cae, ensordecedora e impasible,
la gruesa lluvia que protesta.
Ensimismada, la naturaleza
nos rechaza con su desprecio,
distinta y luminosa.
Aquel fondo del mar
está tocando el cielo.
El glaciar del Monte Perdido
se yergue impávido:
ya él sufrió su derrota y sacudida.
Allá arriba, el pétreo
desierto descansa inmune:
trepan hasta él
la niebla hecha girones
y los esbeltos bojes.
Entre todo esto, ¿Donde estás, ángel, tú?

El poema de Tobías desangelado
Antonio Gala

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