martes, 26 de diciembre de 2017

NAVIDAD EN MI FALDA





La Navidad presiona
en mi plexo.
Un grueso nudo lo atraviesa.
Faltan pocas horas
para la función.
Se han encendido las luces,
toca ser feliz, comer pavo,
el foie del malogrado pato
y  los turrones,
adornar el árbol,
sonreír a la familia,
acordarse de los que ya no están,
intercambiar palmadas y abrazos,
abrir regalos,
y alagos.
Siempre hay alguien nuevo
en la mesa, al que agasajar,
y ausencias a destiempo.
Las familias ya no son lo que eran,
dicen los más viejos,
ni nosotros somos los mismos.
El que cenaba a tu lado
ocupará un sitio, quizás, en otra mesa.
Pese a la alegría,
el amor confitado de estos días
y su insistencia
no tengo paz en este "obligado" momento.
Vacío está mi corazón
tanto como lleno mi plato.
Sin otro apetito
que comerte a ti vida mía:
cachito a cachito.
Cuando me buscas con la mirada
y te sientas en mi falda
pequeño gorrión,
empieza el verdadero significado
de la Navidad,
y pienso que en todas las mesas del mundo
debería haber abuelos
amando a sus nietos
y nietos llamándonos por nuestro nombre
yayos, yayos.

Elena


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