martes, 26 de abril de 2016

A DIFERENCIA DE AYER



Imagen Rafel Olbinski


Tengo mis ventanas abiertas

Nunca somos del todo libres. Aun cuando lo creemos, nuestros pensamientos están condicionados, contaminados, o tienen dueño. Cuando se ha vivido en plenitud, de manera intensa, -no necesariamente en la madurez- uno se percata de como funciona el entramado de este gran teatro que es la vida, donde todos somos actores y espectadores. ¿Cuando somos más nosotros? En los ensayos, cuando nadie nos ve, detrás del telón. Cuando se abren las luces y se corren las cortinas nos ponemos las caretas que nos facilitan los que nos pagan, la sonrisa que lo pone todo más fácil -solo en apariencia- el chaleco anti balas -haya o no cazadores o propósito de ser cazados- el vestuario que mejor nos define en cada una de las escenas. El guión bien estudiado para mostrar seguridad y confianza. 
Cuando despertamos a esa realidad y  nuestra economía nos lo permite, dibujamos ventanales y puertas en las paredes de nuestras jaulas para salir y entrar y creernos libres, pero en realidad nuestras alas, aunque saben volar, están atrofiadas,  y viejas, nuestra mente está confusa y empequeñecida -como la cabeza de un jíbaro- . Pero  hoy  a diferencia de ayer: hoy soy pintor y puedo pintar del color que quiera mi casa, entrar y salir de ella cuando me venga en gana, perderme e incluso ¿no regresar?.

Elena Larruy






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