lunes, 15 de febrero de 2016

AQUÍ

Grande es tu poesía  Wislawa, tu amor por ella, tu extraordinaria sensibilidad. No hay palabras. Gracias por este delicioso poema, y por toda tu obra. Gracias, gracias, mil gracias.
Wislawa Szymborska



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No sé cómo será en otras partes

pero aquí en la Tierra hay bastante de todo.

Aquí se fabrican sillas y tristezas,

tijeras, violines, ternura, transistores,

diques, bromas, tazas.

Puede que en otro sitio haya más de todo,

pero por algún motivo no hay pinturas,

cinescopios, empanadillas, pañuelos para las lagrimas.

Aquí hay un sinfín de lugares con sus alrededores.

Algunos te pueden gustar especialmente,

puedes llamarlos a tu manera,

y librarlos del mal.

Puede que en otro sitio haya lugares así,

aunque nadie los encuentra bonitos.

Quizá como en ningún sitio, o en pocos sitios,

aquí tengas un torso separado

y con él los instrumentos necesarios

para añadir los propios a los niños de otros.

Y además brazos, piernas y una cabeza sorprendida.

La ignorancia tiene aquí mucho trabajo,

todo el tiempo cuenta, compara, mide,

saca de ello conclusiones y raíces cuadradas.

Ya, ya sé lo que estás pensando.

Aquí no hay nada duradero,

porque desde siempre hasta siempre está en manos de los elementos.

Pero date cuenta: los elementos se cansan rápido

y a veces tienen que descansar mucho hasta la próxima vez.

Y sé qué más estás pensando.

Guerras, guerras, guerras.

Pero incluso entre las guerras a veces hay pausas.

Firmes -la gente es maña.

Descansen -la gente es buena.

A la voz de firmes se produce devastación.

A la voz de descansen se construyen casas sin descanso

y rápidamente se habitan.

La vida en la tierra sale bastante barata.

Por los sueños, por ejemplo, no se paga ni un céntimo.

Por las ilusiones, sólo cuando se pierden.

Por poseer un cuerpo se paga con el cuerpo.

Y por si eso fuera poco,

giras sin billete en un carrusel de planetas

y junto a éste, de gorra, en un torbellino de galaxias,

en unos tiempos tan vertiginosos

que nada aquí en la Tierra llega ni siquiera a moverse.

Porque mira bien:

la mesa está donde estaba,

en la mesa una carta, colocada como estaba,

a través de la ventana un soplo solamente de aire,

y en las paredes ninguna terrorífica fisura

por la que el viento se te lleve a ninguna parte.

Wislawa Szymborska
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